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sábado, 22 de enero de 2022

Sacando punta


La mirada sagaz y perpleja del periodista Guillem Martínez (Cerdanyola del Vallés, Barcelona, 1965), autor de un buen puñado de libros, entre los que destacan Grandes Hits (1999), Barcelona rebelde (2009) o Caja de brujas (2019), vuelve a dejarse ver de nuevo con la publicación de Los domingos (Anagrama, 2021). Dice el autor al final del libro que cuando empezó en 2016 a escribir los artículos que recogen este volumen no existía otra intención más allá que hablar de lo que había detrás de todo lo que escribía entre semana en su tarea periodística, una suerte de ejercicio que continúa todavía haciéndolo como parcela literaria: “Los escribo los lunes y, a lo largo de la semana, los voy reduciendo y depurando, hasta que el domingo son, en ocasiones, un suspiro”.

De la mano del crítico literario Ignacio Echevarría, prologuista y antólogo del libro, nos encontramos ante un compendio de más de cien piezas seleccionadas en el que aflora una poética periodística que deja ver en primera persona el contrapunto de todo lo que fluye en el día a día de alguien fajado en la noticia e implicado con la información, privilegiando sobre estas el carácter personal, susurrante y autobiográfico de ese yo espectador que anda inmerso en el texto. Un domingo con Martínez, como así se llama la sección en la que aparecen sus colaboraciones en la revista digital Contexto y Acción (CTXT), concita al lector al análisis y desmitificación, como subraya Echevarría, de la compleja realidad social y política que irrumpen en la vida cotidiana, pero con ese pálpito lírico necesario para que germinen y trasciendan en una epifanía con alma filosófica, proveniente del fondo de un periodismo de la experiencia.

Los textos escogidos en la obra andan dispuestos a desvelarnos algo sobre hechos inquietantes, confesionales o autobiográficos de Guillem Martínez más que a mirar por la ranura de la actualidad política. Cada uno de ellos encabezado con su título precedido de la preposición “sobre”, a modo de predisposición insinuante y sigilosa. Ejemplos de persuasión lo encontramos en Sobre la gran aventura, referido a la Cuba de Fidel, así como en este otro Sobre la teoría de los fluidos, uno de los más breves y sentenciosos que nos hace recordar que estamos rodeados de fluidos y, por tanto, todo lo vemos a través de fluidos. También resplandece la socarronería en Sobre el mono, del que no nos apartamos en su ánimo ancestral de ser repetitivo, como también se deja ver en Sobre el sexo y su correspondencia con liberar tensión, utilizando el humor.

A lo largo de sus páginas, Martínez exhibe su mirada literaria sobre asuntos variopintos entresacados de la realidad cotidiana. Por aquí asoman preludios de la soledad, de lo incomprensible, de la traición, de la memoria, de la infancia, de la proporción áurea, del amor o del destino. Todo un corolario al que atenerse, escrito con la agudeza de quien mira lo traspuesto, anticipando que todo pensamiento y recuerdo no son más que una forma de resurgir en el presente. Son también una suerte de biografía afectiva urdida en trazos, un menú sazonado con vivencias tan próximas como equidistantes en el tiempo, todo un cónclave personal y cultural en el que se dan cita tanto lo vivido y experimentado, como lo anhelado. En muchos de ellos se deja ver el contexto histórico familiar y el propio espíritu anarquista del autor.

Los domingos es un libro hermoso, de esa belleza persuasiva que además invita a pensar. Guillem intuye que el día que consigues producir belleza es un día logrado, un día para sumar en la agenda, porque en esa jornada se alcanzó un rasgo de verdad vivida. Los domingos es también un libro político, que habla de la pesadumbre ideológica, del poder, de la izquierda y de la pobreza. Pero es, sobre todo, un caleidoscopio de interpretaciones e imágenes sin arrebatos ni artificios, de las cosas cambiantes y de lo que permanece siempre como tal. “Llevamos esa posibilidad de cambio en nuestro interior –escribe en Sobre el destino–. Es posible que la evolución no responda tanto a estímulos externos como a una fuerza interna imparable e indialogable. Es una fuerza tan innegociable que se solidifica en nuestro primer hueso cuando apenas somos nada”.


Guillem Martínez tira de lecturas, de mitos, de historias y descubrimientos, del sentimiento de la vida para delimitar sus textos. Habla del inquietante mundo que le rodea y de sus percepciones, de afectos, de su belleza y de sus contradicciones, de la cultura y las costumbres. Habla de la pasión por la vida, de la fidelidad y sus desconciertos, sobre la pareja, la pérdida de confianza en cualquier ámbito de la vida, los amigos, el tiempo, el olvido... Nada se le escurre. De todo escribe con certera observación, con una prosa eléctrica y contenida a la que tampoco le falta fineza lírica. Es eso mismo lo que le pedimos a la literatura, su extraordinaria forma de acercarnos al conocimiento de lo que llamamos realidad como instrumento insustituible para poner en orden ese mundo real, que es en sí mismo esencialmente caótico.

Y es eso mismo lo que transmite en sus artículos: identificarse con ese orden oculto existente en lo grotesco y en lo absurdo del mundo. Se puede decir, por tanto, que Los domingos transitan por esa senda literaria que toca el mundo y sus detalles y, sobre todo, por la cartografía de lo humano que es, justamente, una de las funciones más genuinas del ejercicio periodístico, la que se vuelve testimonio de cultura, es decir, la que contempla y cuenta lo complejo y singular del mundo sacándole punta.


martes, 3 de septiembre de 2013

De vuelta al universo aforístico


Ahora que empieza a languidecer el verano, resurge el tiempo de organizarse para prepararse porque el otoño asoma por el horizonte. Acudir al aforismo es un bálsamo por lo mucho que aporta al hastío y a los excesos propinados a nuestros cuerpos durante las vacaciones, ya que evocan sesiones de yoga como equilibrio necesario para nuestro cuerpo y mente.

El pensamiento fragmentario es una trinchera propicia para rearmarnos. Los aforismos, un género híbrido entre pensamiento, poesía y ciencia tienen un poder persuasivo y una brevedad adecuada al mundo de prisas en el que nos movemos. Erika Martínez (Jaén, 1979), una poeta que cultiva este género tan contagioso, publicó en Pre-Textos en 2011 un volumen de relámpagos aforísticos bajo el título de Lenguaraz. Este universo aforístico que nos muestra esta joven escritora nos invita a degustar una constelación de pensamientos fugaces cargados de metáforas y metafísica. Se percibe que Erika enfatiza la cadencia de la lectura como música latente. Hay momentos en que sus aforismos reflejan un contrapunto, en otros desarrollan conceptos construidos desde la síntesis poética:

Concisión, maldita abstinencia.

El libro concluye con una sección bajo el título de Hematomas que viene a ser como doce campanadas, a modo de epílogo, donde la andaluza exalta la ironía y el humor por medio de un sabotaje al propio medio aforístico: 

Detrás de cada conclusión hay algo roto.

Todo aforismo exige su refutación.



Lenguaraz, publicado en una edición cuidada y coqueta, está diseccionada en tres partes: La concentración, Las corredoras y Ráfagas; es un libro que invita a una lectura lenta, una prescripción muy recomendable contra las prisas de nuestra existencia. Un título travieso por su significado y contradictorio con la esencia del aforismo: concisión, reflexión y silencio. Dice la autora que “los aforismos son una ficción de no-ficción. Es una peculiaridad que comparte con la poesía”. En este sentido, aquí van algunas muestras significativas de su creación:

La razón es sólida, la reflexión dúctil, la meditación vaporosa.

Todo el mundo cae, sólo en algunos permanece la altura.

Sólo es alto quien ve lo más pequeño.

Alejarse es entender. Acercarse, comprender. Pasar adentro: asentir.

El amor es el lugar de losexcesos y de la justa medida.

Quien no habla termina en la boca del otro.

Todo narrador quecse precie antepone la curiosidad a sus principios.

Un precipicio es una cumbre interior.


Lenguaraz es un texto sabio, lleno de respiraciones vitales y palpitaciones poéticas, que anima al lector por su frescura y tino.