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martes, 22 de octubre de 2024

El pasado siempre vuelve


Tenemos que admitir que nuestra propia existencia, como señala George Steiner, es una lectura constante del mundo; un ejercicio de desciframiento, de interpretación dentro de una cámara de eco que tiene infinidad de mensajes destinados a comprender cómo se articulan sus significados. Escribir una novela tiene que ver con sustraerse a la vida, de acudir a la memoria, poder captar eso que mientras fue, ya no es y atravesar sus apariencias. Incluso, tener la certeza de que escribirla es convertirse en un extraño para sí mismo, en alguien que espera algo distinto a lo acostumbrado, pero ser consciente de que el pasado siempre vuelve, y comparece de forma súbita e imprevista.

Estas consideraciones quedan bien a la vista en El exclaustrado (Anagrama, 2024), la nueva novela de Álvaro Pombo (Santander, 1939), una inmersión en los recovecos del alma humana en la que aborda cuestiones inherentes a la fe, las dudas, los autoengaños y los deseos inconfesables, una reflexión, a su vez, sobre el conocimiento, el pasado y el eco que dejan las equivocaciones en la conciencia del ser. Lo que se cuenta en ella es la historia de Juan Cabrera, un monje benedictino de profunda vocación religiosa que, tras presenciar un trivial incidente de unos novicios y denunciarlos, sufre una intensa crisis de fe y abandona el monasterio para recluirse en un pequeño apartamento, con la sola idea de apartarse del mundo, rodeado de sus libros de teología, para concentrarse en sus propios pensamientos. En ese espacio encontrará su retiro y cobijo para pasar desapercibido: “Es lo bastante rutinario para acabar volviéndose invisible”.

Alejado del convento y de la familia, recibe un día la visita de su sobrino Jaime, un joven desprovisto de malicia y un tanto ingenuo que, a su vez, acaba incorporando al encuentro a Antón Rubial, su profesor de Filosofía del Derecho, que en su día fue novicio en el mismo convento de su tío, autor de la denuncia por un supuesto acto impúdico y que provocó la expulsión de Rubial, un hombre, por otro lado, engreído, seductor, inteligente y calculador que no olvida el suceso y trama una venganza en la que utilizará a su ingenua y atractiva mujer, Petri Guillard para arrastrar a sobrino y tío a un desenlace perverso e imprevisto. Juan Cabrera se resiste a volver a encontrarse con el ex-novicio. Le indica a su sobrino que no es buena idea verse con este: “Que el pasado es pasado, en mi opinión. Forma parte de nosotros, pero vale más no reavivarlo porque con facilidad puede empeorarse y empeorarnos”.

Sin embargo, nada impedirá a que todo se precipite de manera inopinada. Cabrera establece una limpia y cordial relación con Petri que, en aquel momento, es amante de Jaime tras haber sido abandona por Antón, su marido. Petri, al poco tiempo, rompe con Jaime y regresa a su hogar conyugal donde le espera Antón y la somete a un encierro que califica de reparador, un aislamiento forzado del que sobrino y tío intentarán librarla. Mientras todo parece ceñirse a un plan bien urdido, en la novela percibimos cómo se agita el alma de sus personajes, sus emociones y sentido moral de entender y encajar la realidad, de discernir la mirada del otro. Cabrera ahonda en la dimensión filosófica de una salvación turbuleta que va adquiriendo todo este trance: “Nadie salva a nadie –se dice a sí mismo–. Nadie puede hacerlo a menos que aquel a quien se quiere salvar quiera ser salvado”.

Esta es una novela reflexiva sobre la culpa y las consecuencias de nuestros actos al propio tiempo que una historia que se sumerge en la subjetividad de sus protagonistas, sus afectos y aflicciones, revelándose como algo que apenas les redime de las decepciones y reveses de la realidad. Pombo explora el alma de sus personajes, sus ambiciones, deseos y necesidades imperiosas y, sobre todo, ese punto vulnerable que genera sus conflictos: en Juan Cabrera, los misterios de la fe; en Jaime, la inocencia y latidos del amor; en Petri, la infelicidad y el sentido del deber; en Antón Rubial, la venganza y los celos.


Álvaro Pombo vuelve a sorprendernos de nuevo con su particular mezcla de dramatismo, ideas y toque de humor, con un relato lleno de reflexiones y paradojas en el que están muy presentes las perspectivas morales y utilitarias que Sartre esboza en su libro El ser y la nada, y que resalta que «el hombre busca el ser a ciegas», como así lo entiende su protagonista, un hombre que readaptó sus hábitos de larga duración, que implicaban la vida conventual, a una vida no conventual pero igualmente confinada y restringida.

El exclaustrado es una fábula sugerente con aire de thriller, un relato sombrío y filosófico escrito con un ritmo trepidante, que nos muestra a un hombre viviendo inmerso en una subjetividad trastocada por conflictos morales en busca de redención. Pombo pertenece a esa estirpe de autores que poseen el rango existencial y humano que logra que nos percatemos de que el horizonte más determinante que distingue a nuestra especie no se encuentra más allá, más lejos, sino más adentro, más en nosotros mismos.


martes, 21 de marzo de 2023

Por aquel entonces


Álvaro Pombo
(Santander, 1939), uno de los narradores españoles más veteranos en activo de nuestras letras, es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid. Es miembro de la Real Academia Española desde junio de 2004. Lo hizo mediante un discurso que tituló Verosimilitud y verdad, una reflexión acerca de la reserva del término “verdad”, como fuente de razonamiento, y “verosimilitud”, como espiga de lo narrativo-contemplativo. Aparte de publicar artículos, ensayos y libros de poesía, como Protocolos (1973) y Variaciones (1977), destaca, principalmente, por su extensa obra narrativa en la que figuran títulos galardonados, como El héroe de las mansardas de Mansard (Premio Herralde de Novela 1983), El metro de platino iridiado (Premio de la Crítica 1990), Donde las mujeres (Premio Nacional de Narrativa 1997) o El temblor del héroe (Premio Nadal de Novela 2012).

Ahora, con su nueva novela, Santander, 1936, regresa Pombo a su tierra natal, no solo para saldar una cuenta pendiente con su pasado familiar, sino también para abordar, dentro de sus juegos verbales y motivos reflexivos, la memoria histórica, su encaje en la verdad de los hechos y su verosimilitud narrativa, dos aspectos que fluyen de forma persistente en su escritura y que abanderó, como ya dijimos anteriormente, en su discurso de ingreso en la Real Academia. Su protagonista es de su estirpe. Se llama Álvaro Pombo Caller, tío carnaval suyo, un joven que por aquel entonces cuenta con diecinueve años. El autor nos acerca a un Santander que, al igual que ocurre en el resto de España, sufre en el año señalado en el título la confrontación izquierda-derecha, proclamas políticas y debates intelectuales que, de manera creciente, irán agitando sus calles por unos derroteros de confrontación exacerbada y de consecuencias trágicas.

Alvarín, como así le llaman en la familia, es un admirador entusiasta de Primo de Rivera y milita en Falange Española desde 1934. Su padre, en cambio, es un republicano liberal y agnóstico que admira a Manuel Azaña, mientras que la madre, triunfadora en la moda parisina de aquellos años, ha dejado plantado a su padre en Santander y dispuesto a sus hijos bien distribuidos en colegio ingleses y franceses. A través de la correspondencia de cartas entre ella y su hijo se irá conociendo, desde su propio prisma familiar, esa época convulsa de la historia de España. Como le ocurre a cualquier joven impetuoso e ingenuo de su edad, Álvaro anda confuso en medio de tanto embrollo social y, lo mismo que se enaltece leyendo a su líder José Antonio o Sánchez Mazas, se horroriza cuando piensa en la arbitrariedad de las pistolas.

En esa indagación familiar emprendida, Pombo recrea la suerte de su joven tío fallecido en 1936 en el buque republicano Alfonso Pérez, convertido en barco-prisión. Allí mismo, junto a él fueron liquidados otros 155 presos, simpatizantes y militantes de partidos y formaciones de derechas, algunos de ellos pertenecientes a familias de renombre de Santander. Fue una represalia ocasionada por una turba enfurecida que, tras un bombardeo en la ciudad llevado a cabo por la aviación nacional, asaltó el barco arrojando granadas de manos en las bodegas donde se hacinaban los presos. Del desatino de unos y otros trata la novela. El gran acierto de Pombo es que lo hace con decidida ecuanimidad, sin dejarse arrastrar por la simpatía familiar, planteando la disparidad de manera dialéctica con diálogos vívidos en los que la reflexión y el sentido común se imponen a los sentimientos.

Santander, 1936 es una novela de personajes, al igual que es una novela familiar. El autor fija su mirada en Alvarín y sus lances dialécticos con Cayo Pombo, su padre, así como sus controversias epistolares con Ana Caller, su madre, sin perder de vista el entorno familiar y la mentalidad burguesa que los sostiene: la idiosincrasia que había favorecido el enriquecimiento de la familia Pombo. En medio aquel escenario en el que convivían una juventud politizada, con gente uniformada, destaca, especialmente, el retrato íntimo y emotivo de padre e hijo establecido en las conversaciones que mantienen ambos, a ratos paradójicas y sentimentales, y a ratos filosóficas. Sobre este marco despunta el conflicto ideológico ya, a todas luces, desvelado en el hogar, en la manera equidistante de ver las cosas que suceden en la calle, lo que origina un disentir dialéctico y afilado entre ambos.


Vuelve Pombo a lo grande, enfundado en ese ardor narrativo tan propio suyo, con uno de sus mejores libros, una novela de formación sentimental, política y reflexiva en toda su inquietud e insatisfacción, una historia familiar conmovedora en la que resuenan las armas más destacables de su autor: el talento para captar la exaltación de la adolescencia, su maestría para los diálogos y el tino de una prosa recurrente, ágil y eficaz que atrapa y cautiva de principio a fin. Un regreso que prolonga toda su valía y la calidad literaria propia del autor.



domingo, 6 de octubre de 2013

El deseo de escribir


Dice José Antonio Marina (Toledo, 1939) que “crear es inventar posibilidades”, y lo afirma convencido, porque en el tema de la creatividad, este catedrático de filosofía lleva años obsesionado. Marina nos sorprendió en 1992 con la publicación de Elogio y refutación del ingenio, obra ganadora del Premio Anagrama de Ensayo, en la que el profesor manchego experimenta de manera amena y divertida sobre el juego de la inteligencia, una inteligencia –afirma– que desborda porque el mayor atributo que convierte a la humanidad en el rango superior de la Naturaleza es que el hombre posee una inteligencia creadora, es más, la creación de novedades es una exclusividad humana. En este libro, Marina nos viene a decir que la creatividad es una manera de resolver problemas, de aplicar recetas a cuestiones cuya solución no sabemos bien, porque surgen nuevas dificultades o porque las fórmulas viejas ya no dan resultados.

José Antonio Marina
Recientemente, en junio de este año, Marina sacó a la luz, en la misma vertiente de generación creativa, un nuevo libro, titulado La creatividad literaria (editorial Ariel), en colaboración con Álvaro Pombo (Santander, 1939), para abordar que en el arte de la escritura también se encuentra inmerso ese “inventar posibilidades”, y como tal, precisa de hábitos y herramientas, no solo de inspiración y genialidad. Y estos hábitos, vienen a decirnos, se pueden aprender igualmente en el terreno literario. Este libro, escrito a dos manos por José Antonio Marina y Álvaro Pombo, nada tiene que ver con un manual de procedimientos, ni mucho menos con un texto de autoayuda. La creatividad literaria se aproxima más a un ensayo filosófico que a un tratado sobre el oficio de escribir. No parece que las pretensiones de Marina y Pombo sean desembocar en un taller de escritura propiamente dicho, sino en mostrar al lector el convencimiento de ambos sobre la magia y fascinación que genera la creación literaria. Y así, cogidos de la mano, el novelista y el pedagogo proponen una lectura del libro diferente, según quien hable: Pombo, más concentrado en descubrir el misterio de la creación y Marina, en aflorar los mecanismos de ese misterio.

Álvaro Pombo
A Marina y a Pombo les separan tantas cosas como las que les unen: nacidos el mismo año, compañeros de colegio, ambos interesados en la filosofía, tertulianos en distintos medios, uno militante político, otro crítico activo de la política, pero igualmente exitosos en sus diferentes carreras literarias: Pombo en la novela, Marina en el ensayo. Estas coincidencias y diferencias son todo un acicate que se traslucen en los diálogos tan enriquecedores y amenos surgidos entre ellos en las páginas de este ensayo. El texto de La creatividad literaria está escrito con una voluntad creativa intencionada, utilizando una tercera voz narrativa como hilo conductor de estas conversaciones vivas e intensas entre el elogio del talento y la apuesta del entrenamiento de la escritura. El hábito creativo sería el fiel de la balanza para aceptar que se puede aprender a escribir con un nivel de corrección aceptable, aunque, ciertamente, el libro no indaga en el aprendizaje de la excelencia literaria, un vericueto complicadísimo, pero sí revela indicios y sugerencias sobre la estética de la creación literaria y la ética de la inventiva por medio de alusiones y referencias de grandes de las Letras como: Rilke, Rimbaud, Kafka, Dostoievski, Thomas Mann, Vargas Llosa...

La creatividad literaria es un texto con unos diálogos vivísimos y muy interesantes, dirigido a todo el que tenga fascinación por la literatura en general y, especialmente, para aquellos letraheridos con cierta propensión a la escritura como experiencia literaria. Un libro que apunta sobre las posibilidades que otorgan al ser humano el irresistible deseo de escribir.