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viernes, 13 de septiembre de 2024

Hijo de su tiempo


Nos pasa a ciertos lectores que, cuando ya estamos bien emparentados con los libros leídos de un autor de largo recorrido que nos gusta y entusiasma sobremanera, no nos importa, es más, nos seduce saber más de los entresijos y misterios que envuelven su vida, en ese afán tardío de algunos de escribir y dar testimonio de su biografía, una tentativa literaria de alto riesgo ligada a la vida privada y social de quien, en buena medida, se expone a ser juzgado. Somos partícipes, por tanto, del asombro e interés que estos libros de memorias son capaces de producir, si están bien escritos y alejados de imposturas. Escribir por esta senda, además, exige hacerse un hueco en la memoria para dedicarlo a ese juego incauto de travesía en el tiempo, lo más próximo al entendimiento no solo de la verdad, sino también de algunos secretos y obsesiones guardados, para discernir detalles de la vida y obra que compaginó quien la escribe y publica.

En Ropa de casa (Seix Barral, 2024), Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) funde un relato en el que convive una memoria que escribe y una escritura que recuerda, sin prejuicios de ponerse a prueba frente al pasado, frente a los demás y frente a sí mismo, porque lo que se palpa aquí es un sentir vívido de que la literatura, en cualquiera de sus géneros, es un testimonio de la vida que persigue siempre revelarse, un artificio en busca de esa meta, que no es otra más que desvelar una experiencia, un trayecto, un propósito. Todo lo que se desvela en estas memorias viene a mostrarnos la esencia de un literato, la de un hombre que ha vivido y desempeñado su existencia bajo el influjo de los libros, los que ha escrito y los muchos que ha leído y compartido con otros escritores, fruto de una vida plena dedicada a la escritura, la de un hombre que todo lo que aprendió fue naciendo de una mirada atenta a qué querer hacer con la vida propia, al compromiso adquirido con las letras, que no es otro que el que le dieron los libros en sus distintas etapas vitales.

Pisón consigna sus recuerdos y los encaja en su contexto a través de pasajes de su vida y de su familia. Reconstruye sus inicios colegiales y afición por los libros en una España en la que el régimen de Franco expiraba y aparecía una Transición esperanzadora, al tiempo que plasma sus inquietudes y vocación por las letras. Sabe contar lo que quiere, con suma sencillez y naturalidad, sin alharacas ni aspavientos, acorde con el gran hallazgo en la biblioteca de su abuelo de un viejo y gastado volumen de Valle-Inclán que contenía sus tres novelas carlistas. Aquella experiencia lectora, cuando tenía catorce años, le encandiló y le fue a decir: “que los escritores, seleccionando unas palabras y no otras, combinándolas de una forma y no de otra, podían generar belleza a la manera en que lo hacían los pintores, los escultores o los músicos”. Ese sentir, según cuenta, se le grabó y fue aquilatando con el tiempo su firme decisión de convertirse en escritor.

De alguna manera, sin atisbo de ego encendido, el autor de los excelentes libros, Carreteras secundarias, Enterrar a los muertos o, el más cercano publicado, Castillo de fuego, se presenta en Ropa de casa como un hijo de su época, de un tiempo de esperanzas y cambios que, también, conllevaría la irrupción de nuevas voces narrativas, como las de Javier Marías, Vila-Matas, Muñoz Molina, Julio Llamazares, Bernardo Atxaga o Cristina Fernández Cubas. Entre este elenco de autores que pisa fuerte, Pisón refuerza su ánimo y memoria recuperando para el libro la figura del poeta y editor Carlos Barral, ya envejecido, en la terraza del restaurante L’Espineta de Calafell, a la mitad de los años setenta, cuando Barral andaba publicando lo mejor de sus memorias. Con un claro tono de balance vital y literario, Pisón se propone contar la verdad y, sobre todo, contársela a sí mismo, desgranando también, cómo en aquella incipiente democracia, empezaron a florecer nuevas editoriales, como Anagrama y Tusquets que aprovecharon esa coyuntura alentadora para apostar por una nueva narrativa acorde a la realidad del momento.

Por otro lado, Ropa de casa culmina su andanza narrativa cuando el autor llega a la edad adulta definitivamente, con esas obligaciones y renuncias inherentes a la edad, dejando atrás muchas farras memorables hasta las tantas de la madrugada junto a Vila-Matas y otros trasnochadores, licencias cada vez más escasas y peregrinas, pero no solo por cuestiones de conciliación familiar, al menos en su caso: “Esa vida alegre de los años 80, de repente se empieza a reducir, pero porque los otros la reducen. Yo en Barcelona ya no salgo por la noche porque mis amigos ya no salen”. El resultado del libro es un mosaico narrativo de la vida de Pisón que pasa desde la sombra de Buñuel, a la presencia y cercanía de su querido Labordeta, o de las cartas correspondidas con Marías, a los viajes disfrutados con Atxaga, enmarcados en una lista de escritores, cineastas, editores, profesores y amigos que deja entrever la historia de la cultura en la España de los 70 y los 80. Y, en esa voluntad de contar su vida y no desaparecer tras lo narrado, Pisón nos recuerda fragmentos que tienen que ver con la vida nuestra.


“Este es el relato de la formación de un escritor –concluye el propio Pisón en las páginas finales del libro–, porque uno es escritor desde mucho antes de escribir sus primeras líneas: en esa niñez y en esa juventud se va a nutrir su mundo literario”. En suma: Ropa de casa (bonito título para unas memorias) es un relato intimista, vibrante y próximo a la vida de su autor, un escritor con un talento narrativo admirable, gracias a la prosa armónica, limpia y precisa que luce en todo momento y que deja ver, de forma amena y sincera, que la vida siempre es fuente de inspiración literaria. Un libro bien concebido que convierte lo leído en vivencia reconocible.



domingo, 30 de septiembre de 2018

Las fuerzas subterráneas


Eduardo Martínez de Pisón (Valladolid, 1937) ha centrado sus trabajos de investigación en los paisajes naturales, la geomorfología de cordilleras, el pensamiento geográfico y la geografía medioambiental. Como escritor y geógrafo en sus libros destaca un empeño de divulgación de la naturaleza, acompañado de viajes a través de la experiencia y de la literatura, como así se revela en Imagen del paisaje (2012), La Tierra de Jules Verne (2014) y La montaña y el arte (2017), esta última, una obra ambiciosa y gruesa en la que el autor resalta el valor estético y cultural de la montaña en su amplitud artística por medio de la fascinación y el asombro de escritores, músicos y pintores absorbidos por la belleza y dimensión interpretativa que otorga su contemplación y grandeza a ras de cielo.

Ahora, en su nuevo libro, Viajes al centro de la Tierra (Fórcola, 2018), desde la propia mirada geográfica e interpretativa, aborda el mundo subterráneo para llevarnos a una expedición literaria de la mano de grandes escritores absortos ante el misterio desconocido que se oculta en las entrañas de la Tierra, como ya anteriormente lo hicieran Homero, Virgilio, Verne o George Sand, y nos invita a adentrarnos en una fantástica exploración, por medio de la literatura, al interior de sus mitos y leyendas.

Esta obra no es más que otro empeño del autor en poner la mirada escrutadora sobre la Naturaleza, pero en esta ocasión hacia ese punto geográfico que traspasa la corteza por la que solemos pisar la tierra, focalizándola desde el misterio físico que aglutina, desde su lado más oscuro y enigmático, así como desde el secreto de sus grutas y laberintos por donde antes ya corrieron ríos de tinta. Dividida en tres secciones, cada una de ellas conforma un trayecto literario por el que Martínez de Pisón traza su viaje en el tiempo por los huecos de la Tierra, simas, cuevas y cráteres en la primera parte; en la siguiente habla de Eneas y otros héroes literarios por el inframundo hasta llegar a las teorías científicas del profesor de minerología Lidenbrock, protagonista de la novela de Viaje al centro de la tierra, de Jules Verne; en la tercera y última parte, el libro se extiende por el viaje a una geoda de amatista del maléfico Nasias, personaje de la novela Laura, de la escritora George Sand, que llevará a nuestro autor a desvelarnos la magia de los cristales. En su conjunto, el libro es un viaje por la cartografía de la literatura que canaliza una geografía interior de la tierra para reconocer y apreciar la realidad que, después, la espeleología se ocupará de constatarla.

Sin tener que salir de casa, Martínez de Pisón nos guía, con pasos sabios y pálpitos librescos, a través de un fascinante descenso al interior de la Tierra, tal vez, como viene a decirnos al final del libro, por el lado del Teide hasta salir por el Campo de Calatrava o por un volcán de Olot, pero insiste que la aventura por estos lares, envueltos de magma y misterios, que se asientan en sus entrañas a través de sus laberintos profundos y las palabras del tiempo, y que por sí mismos nos hablan de lo inquietante y lo desconocido que ahí, más abajo, se sacude a nuestro paso.

Viajes al centro de la Tierra es, en esencia, una aventura literaria y geográfica en la que se asocian el conocimiento y la fantasía, y se glosan las andanzas más insólitas de gente distinguida por el entusiasmo e inquieta por el saber, el atrevimiento de la inventiva, la proeza, gente de estirpe contagiosa, como Virgilio, Dante, Poe, Lovecraft o Humboldt, capaces de ensanchar nuestra realidad y hacer verosímil la fantasía que nos asalta y nos estimula para que emprendamos la aventura de acometer ese viaje imposible a la arcadia subterránea con todo ese sentido alegórico que ya lleva dentro.

No hay lecturas sin un para qué, sin un objetivo que puede abarcar desde la mera evasión al más concreto afán de conocimiento. Los libros de Eduardo Martínez de Pisón conjugan ese periplo que va desde el más puro impulso aventurero hasta surcar las aguas del conocimiento, con sus saberes y experiencias, donde no faltan emoción, curiosidad y leyendas, siempre bajo el sostén de muchos libros leídos, que infieren ideas y asociaciones en el sentido de buscar respuestas o, simplemente, de explorar y rastrear los pasos que otros dieron o dejaron escrito en pos de aproximarnos a sus azarosas vidas e inventivas. El autor, lo dice al principio y lo proclama al final, en su estupendo colofón: “Los viajes fantásticos en general y en particular los que se internan en la profundidad de la Tierra son casi siempre como parábolas que su lector debe desentrañar”.

Este es un ensayo en el que el tiempo y la palabra sirven de umbral a su autor para emerger las vibraciones y, también, las verdades encerradas en ese inframundo por donde fluyen las adherencias subterráneas más combativas del hombre provenientes de la mitología, de la tradición y de sus creencias.

Leer a Martínez de Pisón es siempre un ejercicio de alumbramiento y celebración, una oportunidad de sopesar la importancia de la geografía del mundo y complacernos con su magisterio erudito y juicioso, algo que los lectores atentos recibimos con gusto y regocijo.