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miércoles, 30 de abril de 2025

Vida reflejada


Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ocupa un lugar privilegiado en la narrativa española, y esto se debe en gran medida por ese dominio de lo diverso y ese hacer creativo tan fértil y genuino suyo, ya que es un escritor que está en la literatura para saber quién es e indagar sobre sus propios límites, con la voluntad de aventurarse a nuevos terrenos para experimentar. Algunos críticos inciden en que lo extraordinario de Vila-Matas es que hace ya tiempo dejó de ser un escritor a secas para convertirse en género literario. Y esto, que parece un elogio exagerado, toma cuerpo desde Bartleby y compañía, un libro efervescente, de literatura y vida, que viene a decirnos cómo rescatar de la memoria cada fragmento de vida que súbitamente vuelve a nosotros a través de la escritura.

Desde sus comienzos literarios, su obra, por tanto, sigue una estela que plantea persuasivamente un viaje interior a sí mismo, un trayecto que continúa a su Ítaca, a su mundo literario, como una infinita excursión circular. En cierto modo, obedece a una constante suya sobre idénticas inquietudes literarias en las que si hay algo notorio y distintivo en su escritura es que no hay ninguna novela suya encasillada en lo convencional. Cada una de ellas ofrece al lector el sesgo de que la vida artística tiene mucho de experimentación y creencia en su quehacer. Un autor, como él, tan literato, egregio y embaucador, con la única ambición de escribir siempre y no dejar de hacerlo, nos cautiva con sus libros a tantos lectores letraheridos, una y otra vez, para incidir y repetirnos que él escribe para escribir, no para haber escrito y publicado.

Vuelve ahora, para gozo de muchos, a ese cónclave literario suyo mediante el que pretende proseguir su ruta ascendente, ya consagrada, con una nueva novela que conecta, con rumbo y esplendidez, con obras capitales de su narrativa, como Historia abreviada de la literatura portátil, la citada Bartleby y compañía, El mal de Montano o París no se acaba nunca, y que, además, ensancha ese gran desafío persistente de su obra: literatura sobre la propia literatura. Al protagonista de Canon de cámara oscura (Seix Barral, 2025), Vidal Escabia, le ha quedado un mandato de su maestro y mentor, el escritor Altobelli, una tarea encomiable que consiste en confeccionar un canon singular e “intempestivo”, como así lo califica el narrador, llevado a cabo desde una biblioteca mal iluminada. Allí tomará cada día un libro que conforma el proyecto en marcha de seleccionar 71 volúmenes de dicho canon “desplazado”, tomando alguna cita o fragmento del mismo, unido a sus propias notas e impresiones que van sucediéndose una tras otra.

Y, una vez más, Vila-Matas pone su inventiva libresca en dirección a esa confabulación a la que nos tiene acostumbrados a sus lectores, en la que la vida y la literatura maniobran para buscarse y establecer vínculos entre sí. Este menester convierte a su protagonista en un idóneo precursor para resaltar el sentido de la escritura, como si se tratara de un insólito androide, un Dever-7, programado para forjar el meollo de la trama. A este hilo conductor se suma también la novia de dicho protagonista, la museóloga Violet, especialista en entrever las conexiones que se dan en los museos entre los visitantes y la obra artística, así como su reflejo en la realidad. Por otro lado, le importa a Violet saber en qué momento de la trayectoria de Escabia surge su vocación por la escritura, por ese lugar por donde fluye la imaginación con sus ficciones engarzadas.

Todo el despliegue narrativo del libro se afana en mostrar la pulsión literaria que promueve. Le importa subrayar su forma concebida de corte fragmentario: “¡Los fragmentos! –dice– No son, no son, como tanto se cree, una parte más del todo, sino una parte importantísima del todo. Por eso tienen que tener la potencia suficiente para que podamos abrir un libro por cualquier página y leer sin necesidad de saber qué ha sucedido antes o pasará después”. Por otro lado, la novela promueve un viaje literario a través de los libros, de lo recóndito a la luz, en pos de realzar la escritura como meta superior, pero necesitada del encendido seductor de la lectura.

Hay, además, otra idea alimentada, muy propia del escritor barcelonés, de ir creando una biblioteca más operativa y luminosa, más dispuesta a eliminar libros que a aumentarlos. Esta idea lleva aún más lejos: a subrayar que los libros no solo tienen valor por sí mismos, sino también en relación con otros y, en particular, con nosotros mismos. Se nos va el tiempo admirando los libros y autores que van apareciendo, clásicos y modernos, sin apenas darnos cuenta de que también reflejan que somos ficciones insertas en nuestro vivir, en nuestra conciencia. Nos bastaría leer al azar un párrafo cualquiera del libro para identificar este espíritu vilamatiano que tiene mucho que ver con la importancia de introducir citas en su narrativa.


Canon de cámara oscura es una novela-ensayo gozosa que posee el rango literario indiscutible e identificativo de su autor. Vila-Matas nos vuelve a engatusar y nos entrega otro libro para el disfrute de quienes encontramos eco y encomio gratificante en las confluencias literarias de un autor-libro, como es él, que mantiene siempre ese vaivén persistente y celebrado de escritor dispuesto a reafirmarse en que la realidad imita a la literatura, y en que toda historia es, a fin de cuentas, artificio y vida reflejada.

lunes, 25 de enero de 2021

Hacia la literatura

Se dice de Enrique Vila-Matas que es un personaje excéntrico y genial, algo que, en todo caso, acrecienta su carácter y le acarrea fama de un raro de la literatura. No son muchos los que conocen a fondo su manera de volcarse en su oficio de escritor y saben de su disciplina de trabajo diario, de su minuciosidad con la que acude cada mañana para meterse de lleno en esa manera singular tan propia de entender la narrativa. Vila-Matas se asemeja a sus novelas. Eso nos parece. Hay mucha correlación en sus textos entre vida y literatura, como si habláramos de un descendiente de esa saga reconocible a la que pertenecen Borges, Kafka o Pessoa. Nos bastaría leer al azar un párrafo cualquiera de una página suelta de alguna de las obras de uno de ellos para identificar su firma.

Digamos que hay escritores que destilan literatura a raudales, como los que hemos señalado, no solo por sus libros y su apariencia física, sino hasta por la manera de vivir y sentir su propia existencia, que se desdoblan en un yo físico y en un yo metafórico, formado de palabras, de frases y de citas reales o inventadas. Vila-Matas pertenece igualmente a este grupo reducido de artista, un hombre libro, literato, egregio y gran embaucador que transita liviano por el mundo de las letras con la única ambición de escribir siempre, y que no puede dejar de hacerlo, que sabe que escribir significa detenerse, demorarse, deshacer, repetir, que escribe para escribir, no para haber escrito y publicado.

Todo ese universo literario que rodea al escritor barcelonés está muy presente en Ese famoso abismo (Wunderkammer, 2020) un libro en el que recoge las conversaciones que la filóloga, escritora y periodista Anna María Iglesia (Granada, 1986) mantuvo con él durante varios meses, con muchas revelaciones curiosas, cuando no sorprendentes. Una de las más llamativas para Iglesia se refiere a que Vila-Matas sea un escritor que está en la literatura para saber quién es e indagar sobre sus propios límites, con la voluntad de aventurarse a nuevos terrenos para experimentar. Terrenos complejos y arriesgados que le han supuesto explorar desde el vacío hasta el abismo, eso sí, con una advertencia: “No nos engañemos, escribimos siempre después de otros”. Desde sus comienzos literarios él se ha planteado con frecuencia el viaje interior a sí mismo, un trayecto que nos lleva a su Ítaca, su mundo literario, como una infinita excursión circular.

A lo largo de estas conversaciones descubrimos sus gustos y simpatías literarias por autores tan grandiosos como minoritarios, de la talla de Perec, Walser, Bolaños o Pitol. Ningún artista soporta la realidad, y menos Vila-Matas. Los lectores fieles a su singularidad tenemos una oportunidad más de comprobar en estas conversaciones tan vívidas que Anna María Iglesia sostiene con el autor de Bartleby y compañía cómo la imaginación y la inventiva de la que hace gala el escritor catalán nos empujan a creer, como auto de fe, en su obra literaria y nos concita a una pregunta retórica: ¿Y si todo lo escrito por Vila-Matas pasara? Lo mismo que la mejor ficción, tal vez ofrezca otra posibilidad más compleja y ambigua. La creación vilamatiana es un experimento y una creencia. Otra de sus convicciones que no deja de resaltar es “el esmero en el trabajo”. Para él es “la única convicción moral del escritor”.

Ese famoso abismo es un libro ágil y sugerente, estructurado en ocho capítulos muy llamativos. En el primero de ellos, Por qué escribir, encontramos esta revelación de Vila-Matas sobre el tipo de narrador que le gusta, que no es otro que aquel que baja al ruedo y prolonga “aquello que siempre ha estado en juego en la literatura, la exploración de ciertos abismos”. En otro titulado La poética del fracaso pone el acento en la impostura como trama novelesca, un asunto que destaca en su novela Doctor Pasavento, o en Aire de Dylan, donde el concepto de fracaso va de la mano de la figura indolente de Oblomov, como una manera de apartarse del mundo.

En el meollo del libro se condensan dos de sus apartados más determinantes del volumen y del sentido literario de la escritura de Vila-Matas: Escritura bisagra y El arte de desaparecer. En el primero destaca la importancia de introducir citas en el texto. “Las citas –confiesa– de algún modo me servían para dar cuerda al reloj que estaba en el fondo de cada una de mis novelas”. En el otro, muy presente en su novela El mal de Montano, se incide en la propia cita de Blanchot con la que abre el libro que dice: “¿Cómo haremos para desaparecer?”, como le ocurre también al doctor Pasavento que aspira a desaparecer, pero vive anclado en el texto, incapaz de salir de él.

Se dice que la realidad imita a la literatura, y uno, que se deja seducir por todos esos buenos libros que están en la vida, encuentra en este formidable texto dialogado de Iglesia un canal jugoso hacia la literatura de Vila-Matas para conocer mucho del engranaje y significado de su obra. Ese famoso abismo nos muestra su abrumador universo literario, valiéndose además del resorte inapelable de lo mucho que se parece la escritura a la vida, un mestizaje de identidad e impostura, que habla mucho del secreto literario de su autor y del misterio de la imaginación que lo provoca.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Identidad e impostura

Hay escritores que destilan literatura a raudales, no solo por sus libros y su apariencia física, sino hasta por la manera de vivir y sentir su propia existencia, que se desdoblan en un yo físico y en un yo metafórico, formado de palabras, de frases y de citas escritas a lo largo de los tiempos por otros escritores. Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es uno de ellos, un hombre libro, literato, egregio y gran embaucador que transita liviano por el mundo de las letras con la única ambición de escribir siempre y no dejar de hacerlo, que sabe que escribir significa detenerse, demorarse, deshacer, repetir, que escribe para escribir, no para haber escrito y publicado.

De sus libros se dice que son metaliterarios, vanguardistas, conceptuales, ensayísticos, y también se destaca el sentido del humor y la ironía sutil que los atraviesa. El lector que conoce su obra comprueba que esta singularidad forma parte del juego literario a que nos ha ido acostumbrando a lo largo de la treintena de libros publicados hasta el momento en su dilatada carrera, mezcla de ficción y realidad, de ensayo y novela. La herencia surrealista también es una constante en todos sus libros. En Kassel no invita a la lógica (2014) y en Marienbad eléctrico (2016), sus libros más recientes, se aprecia que ese surrealismo empleado tiene incluso mayor visibilidad.

Ahora en Mac y su contratiempo (Seix Barral, 2017), su nuevo libro, encontramos al Vila-Matas más en estado puro, con una novela travestida de esa esencia literaria tan propia suya, basada en la poética de la creatividad, las relaciones dentro del binomio realidad-ficción y el conflicto entre identidad e impostura. Esta entrega literaria tiene mucho que ver con la creación desde la relectura y la reescritura, dos ejercicios combinatorios para rescatar y tejer la historia de su personaje, Mac, gran lector de poesía y entusiasta de los cuentos, pero que nunca simpatizó con la novela, aunque no le importaría embarcarse, a su manera, en una y desaparecer incluso antes de terminarla. Mac encuentra un atisbo para ello y se propone reescribir Walter y su contratiempo, una de las novelas olvidadas de su vecino Ánder Sánchez, un afamado escritor que goza de mucho prestigio. Curiosamente, la novela que trata de reescribir Mac se parece muchísimo a Una casa para siempre (1986), una de las primeras publicaciones del escritor barcelonés, una novela y libro de relatos a la vez, en donde Vila-Matas cuenta el drama de un ventrílocuo que tiene voz propia, ese don que es tan deseado y buscado por tantos escritores y que, por razones obvias para un ventrílocuo, se convierte en un verdadero contratiempo.

El protagonista, por tanto, después de un encuentro con Sánchez, que le anima a reescribir aquella novela fallida suya y, sobreponiéndose a su frágil situación de parado en edad tardía, se pone manos a la obra empezando a escribir un diario en el que lo primero que dice es que le entusiasma la idea de escribir un falso libro póstumo para hacerle una especie de requiebro a la muerte, como lo hizo antes Georges Perec con su obra 53 días. Conforme Mac empieza la reescritura de la novela, la literatura va invadiéndole por todos los resquicios de su vida, de manera superpuesta al hecho narrativo de lo que se lleva entre manos, de tal forma que el diario se transforma en un artefacto literario que alterna las vivencias del protagonista con el experimento literario de reescribir el relato de Walter. La reconstrucción de dicho manuscrito lo lleva por el barrio del Coyote por donde irán apareciendo personajes que se incrustan en el texto modificando el cauce de la redacción de su libro. Por ejemplo, en uno de los capítulos en marcha que lleva por título Carmen, el mismo nombre que su mujer, este personaje de ficción perteneciente al mundo de las vidas imaginarias de otros escritores, se incorpora a la trama entremezclado con la propia realidad y la inventiva del narrador. Aunque, según firma Mac: “La realidad no necesita que nadie la organice en forma de trama, es por sí misma una fascinante e incesante Central creativa. Pero hay días en que la realidad da la espalda a esa Central sin rumbo que es la vida y trata de darle un aire de novela a lo que pasa”.

Mac y su contratiempo es una auténtica mina literaria rebosante de inteligencia y humor por donde deambulan muchas citas y confluencias artísticas de la historia de la literatura universal, un libro transversal sobre la creatividad y el oficio de escribir, un ensayo novelístico en el que se afirma que el escritor a la vez modifica y repite historias infatigablemente, más allá de preferir lo contrario. Al temor a repetirse, decía Isak Dinesen, siempre puede oponerse la alegría de saber que avanzas en compañía de las historias del pasado. Esto es algo que maneja Vila-Matas como pocos, el encadenamiento con el pasado escrito por otros es consustancial a su materia narrativa.

Perder la voz propia puede significar nacer de nuevo a la literatura comenzando a hablar como un ventrílocuo, con varias voces que, a la vez, son varias identidades y que proporcionan el camuflaje de una verdad oculta o de otra invención de la realidad. De esto trata este sorprendente libro: de la creatividad como diversión, de la invención literaria y sus trasvases.


Toda historia de la literatura se ciñe a modificar algo ya escrito, viene a decirnos Vila-Matas. Mac y su contratiempo recoge ese espíritu valiéndose además del resorte inapelable de que la vida es un mestizaje de identidad e impostura y la literatura más de lo mismo.

domingo, 13 de marzo de 2016

Auto de fe

Soy un lector omnívoro, sin prejuicios ante la lectura tomada entre las manos, porque lo que más me entusiasma de verdad, por encima del género, son los escritores lúcidos, los que sienten que de algún modo la obra se construye y desarrolla sobre la nada, que un texto para tener validez debe abrir nuevos caminos, debe tratar de decir lo que aún no se ha dicho. Autores que necesitan inventar un universo imaginario donde refugiarse de la aspereza de la vida real. Esos que conciben a la literatura como una enfermedad crónica, un mal del que necesitan escribir siempre, un cauce para saber de sí mismos, utilizando el libro como una máscara, como un disfraz que les permita ser desde la aparente incertidumbre que otorga la ficción.

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) encaja, como pocos, en ese canon, al ser un autor convencido de que un libro nace de una insatisfacción, de un vacío, cuyos contornos van revelándose en el transcurso de la creación hasta perfilarlos definitivamente al final de la misma. Escribirlo, seguramente, es llenar ese vacío. Si hay algo notorio y distintivo en la escritura de Vila-Matas es que no hay ninguna novela suya encasillada en lo convencional. Todos sus libros son enigmáticos: Historia abreviada de la literatura portátil (1985) es una mezcla de ensayo y ficción radical; Suicidios ejemplares (1991) y Lejos de Veracruz (1995) indagaciones de vida y muerte desde la metáfora de la desesperación; y Barleby y compañía (2000), El mal de Montano (2002) y Doctor Pasavento (2005), son tres obras que marcan un camino literario de abismo y vértigo al mismo tiempo. Y así sucesivamente. No hay propuesta creativa suya que no revele ese motor inagotable de ideas que conforma su universo literario y su manera personal de plasmarlo.

En Kassel no invita a la lógica (2014), el escritor barcelonés hablaba de grandes esperanzas en torno a la vida y al arte. Ahora irrumpe con una novela breve para seguir rindiendo culto a la creación plástica y literaria. Con Marienbad eléctrico (Seix Barral, 2016), Vila-Matas se asocia en esa línea a la experiencia artística, compartiendo pasajes y reflexiones con la francesa Dominique González-Foerster, una figura relevante internacionalmente en el arte contemporáneo.

A partir del año 2007, ambos concertaron encuentros por distintos lugares, mayormente en el Café Bonaparte de París, para debatir y dialogar sobre la “república del arte” (pág.12), e intercambiar impresiones en un ambiente en el que el arte se perciba “más intenso como experiencia que como imagen” (pág. 106). No hay novela de Vila-Matas en la que la cita de otros autores no esté presente. En esta hay resonancias y apariciones de toda índole, desde la del joven Rimbaud a la del pesimista Cioran, guiños para Gombrowicz, evocaciones sobre su admirado Robert Walser, como la que hace cuando enfatiza la mirada que pone Dominique en la creación artística, con estas palabras del suizo: “no hace falta ver nada extraordinario, pues ya es mucho lo que se ve”, (pág. 59). Y muchas otras presencias más, como las de Perec, Ribeyro, Sebald o Borges. No le importa confesar que su originalidad de escritor se fundamenta en “la asimilación de otras voces”, (pág. 73).

En las páginas siguientes, el propio autor desvelará de dónde sale y por qué el título de esta obra. La Marienbad checa, lugar de grandes balnearios acristalados, aparece en la imaginación del escritor totalmente electrificada, una reinvención de la película de Alain Resnais El año pasado en Marienband.

Marienbad eléctrico es un texto a modo de diario en el que el lenguaje visual se funde con la ficción literaria, una prueba más para demostrar que a la narrativa vilamatiana es difícil encorsetarla en los parámetros clásicos de la novela. En estas conversaciones entre Dominique y el autor hay, además, resquicios para que el lector intervenga e indague a su manera sobre las múltiples bifurcaciones del libro.

Vila-Matas explora y ofrece unas teorías, como ya hizo en su anterior libro de Kassel, sobre las interrelaciones de la literatura con esa envoltura propia del arte moderno, capaz de convertirla en una especie de performance, un territorio poroso para la libertad narrativa y la controversia artística.

Ningún artista soporta la realidad, y menos Vila-Matas. Los lectores fieles a este singular y extraordinario escritor tenemos una oportunidad más de comprobar cómo la imaginación y la inventiva de un autor nos empujan a creer, como auto de fe, en su obra literaria. La buena ficción nos concita a una pregunta retórica: ¿Y si esto pasara? Lo mismo que la mejor no-ficción, como es el caso de esta novela, tal vez ofrezca otra posibilidad más compleja y ambigua: puede que esto haya pasado así, o no. La vida artística es un experimento y una creencia.

Vila-Matas tiene esa habilidad literaria de complicar la vida del lector. Su literatura nos remite a algo diferente. Nada surge porque sí, sino que también trasciende y anuncia, como decía Ribeyro, que no es necesario ir a buscar aventuras: la vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura.



domingo, 26 de enero de 2014

Cuaderno literario



Releer a Vila-Matas es leerlo por primera vez, al menos eso sentí al volver a su Dietario voluble: recordaba frases enteras que tenía subrayadas en el ejemplar, reflexiones y citas de autores que compartíamos, pero mientras duraba la lectura, los recuerdos ganaban precisión, la novedad de la frase recuperada, la contingencia de leer ahora, despues de cinco años, este diario literario inclasificable, recobraba vida.

Supongo algo parecido sucede siempre al releer, que por eso mismo releemos la obra de un escritor admirado, porque estos fundamentos de admiración se reformulan al regresar a sus textos y construímos recuerdos nuevos que también parecen definitivos.

Enrique Vila-Matas ocupa un lugar privilegiado en la narrativa española y se debe en gran medida por ese dominio de lo diverso y ese hacer creativo tan fértil y genuino suyo. Algunos críticos inciden en que lo extraordinario de Vila-Matas es que hace ya tiempo dejó de ser escritor a secas para convertirse en género literario. Y esto, que parece un elogio exagerado, toma cuerpo desde Bartleby y compañía, que también releí: un libro efervescente de literatura y vida. Pero es aquí, en Dietario voluble, donde el barcelonés alcanza el punto álgido de su incesante búsqueda de nuevos territorios literarios. Es en este cuaderno, que abarca de diciembre de 2005 a abril del 2008, encontramos sus anotaciones personales más entusiastas y reflexivas sobre su universo literario y sus inquietudes creativas; una reelaboración de sus artículos periodísticos publicados en El País en una nueva estructura más autobiográfica y salpicada con guiños a otros diarios de autores de la talla de Pavese, Gide o Kafka. Dietario voluble es un libro que nos revela algunas claves sobre el escritor catalán y su tarea literaria, y mucho más, porque esta bitácora es también un libro de viajes, crónica y ensayo, un coctel muy sugerente que ofrece estampas de escritores de su gusto, como Pitol, Sebald, Coetzee, Magris... Un libro sobre libros y escritores, sobre cómo un ser es capaz de transformarse en otro extraño ser, enfermo de literatura. Esa obsesión con los escritores le viene porque simpatiza con los buenos, es decir, con los verdaderos, porque conoce lo difícil que es ser un buen escritor, un escritor auténtico, que une literatura y vida, que hace de la literatura un destino, como sus admirados: Kafka, Mallarmé, Joyce, hombres para los que la vida apenas era concebible fuera de la literatura.

La escritura, como vocación, nos viene a decir Vila-Matas, no admite templanza, sino pasión: es el proceso de escribir propiamente dicho el que permite al autor descubrir lo que quiere decir, sin olvidarse de advertirnos que: ningún escritor es bueno hasta que aprende a corregir. Pero atención: tampoco corregir es tan fácil como a primera vista puede pensarse.

Enrique Vila-Matas ha dejado de ser, desde hace ya muchos años, la gran incógnita de la literatura española para convertirse en un autor de referencia obligada, que rehuye la entrevista y los flashes y que milita en el territorio de la soledad y el silencio, como apostillaba Bioy Casares: los escritores son interesantes por escrito y no por hablado.



Dietario voluble, publicado por Anagrama en 2008 es un texto fragmentario formidable. Un libro que hace gala de la esencia de un escritor único y diferente, propulsor de la cita literaria, letraherido hasta las trancas y que, desde su fuero interno, no soporta a los falsos escritores, porque para él, como para Michon y Meléndez Salmón, la literatura no es un oficio, es una enfermedad y uno escribe para intentar curarse porque está infectado.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Autobiografía conversada


Lo que más valoro de los buenos escritores es el sentido literario que éstos dan a sus obras pensando siempre en la inteligencia del lector, evitando dar gato por liebre, algo que olvidan otros muchos que campan a sus anchas por el vertedero editorial, para desgracia nuestra. En la categoría de mis autores más leídos, reclamo la atención hacia tres de los escritores españoles del panorama narrativo actual que configuran, cada uno a su forma, ese rango literario necesario que los convierte en el grupo de los selectos: Trapiello, Muñoz Molina y Vila-Matas. El más convencional, sin duda, es Andrés Trapiello, diarista intenso y voraz bibliómano, que reconfirmó mi pasión por Galdós y Baroja, y que fue capaz de apasionarme por la escritura de Chaves Nogales. El andaluz Antonio Muñoz Molina es el más académico de los tres y, también, el más inclinado a la reflexión social. A mi paisano le debo el descubrimiento literario, entre otros, de James Salter. Sin embargo, el más raro, literaria y literalmente hablando, es Vila-Matas, el más influyente en mis lecturas, mi preferido. Gracias a los libros de Enrique Vila-Matas descubrí otros senderos donde me topé con autores tan grandiosos como minoritarios, de la talla de Perec, Walser, Bove, Bolaños o Pitol. Todo surgió inesperadamente con la lectura de Historia abreviada de la literatura portátil. A partir de este hallazgo me enganché como un adicto al universo literario que el escritor catalán sugería. Y ya no pude resistirme a viajar con Bartleby y su compañía: Montano, Pasavento y el resto de personajes que asomaron en sus publicaciones posteriores.

He acabado Fuera de aquí, editado en Galaxia Gutenberg, con la sensación de haber asistido a un tour por la vida creativa de Vila-Matas, pero en la variante de una extensa conversación con André Gabastou, su traductor francés. Gabastou recorre con la gestación de la obra del barcelonés y analiza en los veinte capítulos de esta jugosa entrevista todos sus libros. Vila-Matas es de esos escritores catalogados como más verdadero que serio, que llevan como señas de identidad una extraña forma de vida. Un literato que tiene la idea de que el mundo es una ilusión, un escenario en el que cada uno tiene frases que decir y un papel que representar. Fuera de aquí es un libro que emerge desde la razón literaria de un escritor en la plenitud de su madurez. Se editó en el 2010 en Francia, y ahora se publica en nuestro país, ampliado con fotos y textos del propio escritor que ayudan a situarnos en el contexto de una obra tan singular y exigente como la de este letraherido. Se trata de un texto imprescindible para entender las inquietudes literarias del escritor vivo más original y metaliterario de la narrativa española, quien concibe el acto de escribir poniendo tierra de por medio: “Para escribir sobre el mundo, ¿no es necesario separarse del mundo? Es una paradoja del oficio de escritor”, (pág. 11).

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un escritor que está en la literatura para saber quién es e indagar sobre sus propios límites, con la voluntad de aventurarse a nuevos terrenos para experimentar. Terrenos complejos y arriesgados que le han supuesto explorar desde el vacío hasta el abismo, eso sí, con una advertencia: No nos engañemos, escribimos siempre después de otros. Desde sus comienzos literarios él se ha planteado con frecuencia el viaje interior a sí mismo, un trayecto que continúa a su Ítaca, su mundo literario, como una infinita excursión circular.


Leer a este autor es como transformar las citas en experiencia e, incluso, los malentendidos de sus personajes se convierten en hechizo, a pesar del roce de locura y peligro mental que no falta en sus historias. Esas obsesiones de este insólito fabulador son las que hace que ese rango minoritario de incondicionales que le seguimos vayamos expandiéndonos como una secta amante de sus propuestas literarias.

Fuera de aquí es una autobiografía conversada, presentada en una edición preciosa e impecable, en la que el entrevistado es el personaje-narrador que cuenta la historia de su estilo, el estilo vilamatiano; un libro dirigido a lectores enfermos de literatura.