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jueves, 15 de diciembre de 2016

Ménage à trois

Al regresar el poeta Juan Ramón Jiménez del viaje que hizo a los Estados Unidos para casarse con Zenobia llevaba consigo un nuevo libro que había comenzado antes de partir y que terminaría felizmente ya de nuevo en España: Diario de un poeta reciencasado. La crítica dijo en su momento que con este libro había comenzado una nueva vida en la poesía española, un “incendio poético” dijo uno de sus críticos.

JRJ es, junto a Bécquer y Rubén Darío, el poeta de más reconocible ascendiente en el ámbito de la poesía contemporánea en lengua española. Ningún otro poeta de nuestro pasado siglo XX compite con él en la fijación de un paradigma que fue generando sus propios modelos estéticos hasta convertirse sucesivamente en una referencia ineludible.

Introvertido e hipersensible, el poeta de Moguer fue sobre todo un consumado ejemplo de apasionada y excluyente entrega a la actividad creadora. Nunca dejó de afanarse en su incansable tarea de corrección y reordenación de su obra viva, consagrado a una imposible lucha por alcanzar lo completo y lo sublime. “Intelijencia, dame/el nombre exacto de las cosas”, dos versos suyos que resumen su obstinado anhelo. A ese estado llegó JRJ en un proceso lento y constante, apoyado en una frase de Goethe que el propio poeta escogió como lema: “Como el astro, sin precipitación y sin descanso”.

El filólogo, escritor y poeta José A. Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) acaba de publicar Los celos de Zenobia (Pre-Textos, 2016) un relato sobre los primeros años de matrimonio de JRJ, galardonado con el Premio de Novela Breve Juan March Cencillo 2016, un libro divertido en el que el novelista extremeño trata de desmitificar al astro recreando sus manías y obsesiones, bajo la atenta mirada de Zenobia, la mujer que tanto se negó a sí misma para entregarse en cuerpo y alma al maestro en busca de la poesía pura que representaba el alma creadora de su marido.

La gracia de este libro estriba en los diálogos vívidos entre el poeta, Zenobia y el recadero de sus pesquisas, su amigo del alma Juan Guerrero, un hombre dispuesto a cumplir los designios del poeta: rescatar todos los ejemplares de sus primeros libros impresos, dispuestos en bibliotecas y en casas de escritores amigos, para su revisión y custodia. Su obsesión, en busca de la excelencia de la poesía pura, le conducirá a un empeño delirante, nada ajeno a la extravagancia y a las pulsiones enfermizas de un maniático consumado como él mismo.

Deja entreverse en la novela cómo la exigente y fervorosa manera de entender y vivir por el artista el trabajo creador le supondría un aislamiento y un retiro total, un deliberado apostolado de soledad propio de eremita, que lo llevaría a ausentarse de lugares y a escurrir todo contacto con ese mundillo poético tan propicio a la visibilidad y a las poses.

Ese trajín obsesivo de búsqueda juanramoniano, Ramírez Lozano lo aprovecha para inventar el personaje de su historia, la poesía impura, que en la novela viene representada por una becaria norteamericana, una joven incauta y algo lasciva a la que pondrán coto el poeta y su esposa Zenobia, para encauzarla y consagrarla en la pureza.

A partir de aquí, el ménage à trois está servido, representado por el matrimonio y la poesía, la becaria es la metáfora. Por sus páginas desfilan personajes literarios relevantes: Unamuno, Azorín, los hermanos Machado, Pepín Bello, el torero Sánchez Mejías y unas cartas de Neruda animando a la hermosa americana para que escape a Sevilla con el célebre matador. Entremedio, JRJ confiesa a su esposa cómo deplora sobrellevar su segundo apellido, Mantecón, un trino silábico que le horroriza y denigra.

Los celos de Zenobia es una novela divertida, amena y jugosa, escrita con la savia lírica necesaria para poner tono y voz a un ser excepcional, exquisito y enfermo de poesía por dentro y por fuera como lo fue el Nobel español. Ramírez Lozano propone un divertimento literario con mucha gracia y talento.


martes, 14 de octubre de 2014

Un capricho literario


Al comienzo de la obra de Juan Ramón Jiménez, allá por el año 1902, las influencias de Becquer y el modernismo incipiente de Rubén Darío, explican la importancia que estos dos maestros ejercieron en su trayectoria literaria. Cuando Rubén Darío, que sabía ver las cosas y las gentes con gran ojo crítico, le dijo al joven poeta de Moguer: “usted va por dentro”, a los pocos días de conocerlo, estaba ya deslindando el terreno e insinuando el camino de su exitosa carrera literaria: “Usted irá por dentro, porque ese es su destino”. Ir por dentro significa, en la poesía universal, ser fiel a uno mismo y tener el buen sentido para escribir de todo lo que pasa a nuestro lado. Cuando sabes escribir todo eso, el hombre ya es más que hombre sin dejar de serlo: es el poeta, el intérprete verbal del universo.

En 1904, el joven poeta andaluz recibió una carta de Perú en la que la señorita Georgina Hübner le declaraba su admiración y le solicitaba algunos de sus libros, imposibles de conseguir en Lima, su lugar natal y de residencia.

A partir de esta anécdota real ocurrida a nuestro extraordinario intérprete de la poesía universal, el joven escritor cántabro Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) monta un artefacto divertido para relatarnos la broma literaria llevada a cabo por dos jóvenes letraheridos, con ínfulas poéticas, y empleados de oficina. Uno de ellos, José Gálvez Barrenechea, ejercía ciertamente de poeta, el otro, cómplice del engaño, Carlos Rodríguez Hübner, impulsor de la inexistente Georgina Hübner, jugaba un papel de instigador de la travesura, con el fin de conseguir los libros del bardo español autografiados. En la novela, este personaje está construido desde la inventiva del autor y es, quizá, el que más trasciende a los ojos del lector.

La novela El cielo de Lima (Salto de Página, 2014) transita por estos entresijos de la correspondencia entre la joven Giorgina y Juan Ramón Jiménez que derivará en un romance trasatlántico cada vez más íntimo. El poeta andaluz se enamora y al final dedica una de sus memorables elegías bajo el título: Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima, una musa inventada y urdida por dos admiradores peruanos que buscaban mantener una relación epistolar con el Nobel.

Juan Gómez Bárcena, un autor henchido de lozanía, se vale de esta historia para construir su obra con la maestría de escritor curtido en lecturas y con la astucia pícara de trasladar a sus dos impostores protagonistas el ardid de escribir una novela. Con este propósito, Gómez Bárcena proyecta una novela sobre los cimientos de la creación de otra que derivará en un juego ameno y metaliterario, donde los personajes se convierten a su vez en artífices del invento. Un reto que, a mi juicio, solventa con autoridad y habilidad narrativa el escritor santanderino.


Gómez Bárcena ha escrito una novela tragicómica, entre la realidad y la ficción, que lleva en volandas al lector por los linderos literarios del juego de la imaginación, gracias al tono evocador y emotivo que la trama narrativa surge desde la propia literatura, hasta el capítulo final, colofón de un poema.

El cielo de Lima es el resultado de una novela moderna, estructurada en capítulos cortos, con mucho diálogo interconectado con la voz del narrador y desde la óptica clásica de unos personajes que tratan de recrear en su esencia una musa inspiradora. Sin embargo, todo se reconduce desde el discurso y la interpretación que su creador atorga al doble juego de la ficción: la verdad de la mentira.

En definitiva, Gómez Bárcena sorprende con una novela entretenida y literariamente ambiciosa, escrita con desenfado y frescura: un capricho literario, orquestado entre la ficción y la realidad, para revivir una invención poética de principios del siglo XX.