Ahora es Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948) quien, en su libro Un paraíso de escombros (Galaxia Gutenberg, 2026), se adentra en el reino inabarcable del sueño mitológico para preguntarse qué guardan en su interior nombres como Nausícaa, Briseida, Pasífae o Atalanta, entre otros muchos, y por qué cada una de estas figuras femeninas siguen ofreciéndonos motivos para comprender y abrir nuestra mente a las verdades y los misterios de su existencia mítica. Martín Garzo no pretende situarnos ante un espejo en el que reconocernos, sino ante una fuente de la que brotan auroras, lunas, árboles y cuerpos hermosos, un marco inagotable de lo humano, sobreponiéndose a lo sagrado. Y en él, el amor y el encantamiento se entrecruzan con las luchas, las hazañas y los desastres de quienes se enfrentan, o se someten, a los designios de los dioses.
El escritor vallisoletano rescata catorce mitos griegos a través del protagonismo de sus mujeres, todas ellas dispuestas a ejercer una épica amorosa, como contrapunto del mundo beligerante que las rodea, un mundo en el que las voces narrativas son ellas mismas, dispuestas a esgrimir el laberinto de sus deseos. Las propias protagonistas toman la palabra y lo hacen conscientes, como afirma una de ellas, de que “es en nuestras palabras donde viven los seres que hemos amado y que ya no están con nosotros”. Y así, en La tejedora de la caverna, uno de los relatos más logrados del libro, Martín Garzo reescribe el mito de Penélope desde una perspectiva más radical. La esposa de Odiseo no representa solo a una mujer dispuesta a esperar la vuelta de su marido, sino que ejerce su compromiso inventando ardides y conveniencias, que luego su marido se apropiará como suyos. Para ella, “la vida necesita oscuridad, misterio, segundas intenciones. No son nuestras dudas las que la corrompen sino nuestras certezas”.
El libro irrumpe con esta cita portentosa de Auden: “Más ¿cómo hablar de los enamorados sin faltar a la verdad? El amor no tiene ninguna hazaña que le sea propia”, que viene a destacar que no hay hazañas heroicas que no acaben en experiencias de eros con consecuencias profundas y desmedidas. A este respecto, me viene a la memoria lo que el propio autor vallisoletano dejó dicho en su anterior libro Elogio de la fragilidad (2020), que encaja a la medida con la cita del poeta británico: “La realidad necesita de la fantasía para volverse deseable; la fantasía de lo real para poderse compartir con los demás”.
Un paraíso de escombros es un libro de inventiva jugosa y fecunda, lleno de guiños y revelaciones del pasado griego, con historias que vienen a resaltar que uno de los motivos más genuinos e inapelables de la literatura es perpetuar el valor de sus mitos. Las historias y leyendas en pos de ese fin, como aquí se hace saber, variarán con cada escritor que vuelva sobre sus pasos, pero la realidad del mundo que representa la literatura es y siempre será nuestra patria común y, en ella, nos conjuramos como utilidad legendaria de conocimiento y de saber, para no olvidar nunca el rumor del tiempo.













