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viernes, 4 de abril de 2025

La espera de lo inesperado


En el microcosmo de San Cayetano, territorio del imaginario de la escritora
Maite Núñez (Barcelona, 1966), ocurren historias insólitas y mundanas de las que está impregnada la existencia entera de un barrio. Por este espacio merodean los sentimientos de angustia y desacato que empujan a sus protagonistas a enfrentarse al conformismo de lo que acontece en sus vidas, con la esperanza de querer ver y llegar más lejos, de tratar de comprender en profundidad lo que les rodea para engrandecer su espíritu. En cada una de sus historias sus protagonistas no se dejan confundir por los rigores y las crudezas de la vida. Sus vivencias se entrecruzan al propio tiempo que agudizan el oído. Cada relato posee la ternura de la receptividad en un intento de encontrar un asidero, un rumbo.

En su anterior libro de relatos, Todo lo que ya no íbamos a necesitar (2017), el drama de sus protagonistas andaba sacudido por las pérdidas y contrariedades sobrevenidas, por las desesperanzas, las incertidumbres y los miedos, con la intención de relegar todo a un segundo plano. Ahora, en cambio, los doce relatos reunidos en Esta espera que lo envenena todo (Editorial Base, 2025) percuten en la esperanza, apuestan por las posibilidades que toda espera vincula y, a su vez, une con la proximidad y con el trato de lo que nos importa. Sin embargo, esperar también les irrita, es una lata, pero es consustancial a las historias que aquí se narran, y a ella se atienen igualmente muchos de sus protagonistas. La espera, para ellos, también genera calor y frío interior.

El libro pone en valor esa idea de Albert Camus de que «vivir no es resignarse». Por eso mismo, todas las citas preliminares del mismo resaltan el valor de la esperanza, como estas palabras de Ovidio Paredes: «La vida es una continua espera»; estas otras de Pizarnik: «De esto moriré, de espera oxidada, de polvo aguardador»; o estas, tan resolutivas que también cita la autora de Javier Marías: «Y lo que me hace levantarme por las mañanas sigue siendo la espera de lo que está por llegar y no se anuncia, es la espera de lo inesperado...» Y así, entrando en las entrañas del primero de los relatos, Si todo va bien, nos encontramos con una súbita estridencia en el hogar ocasionada por el aleteo de un pájaro en la campana de la cocina, una anomalía que llega a alterar el orden establecido en sus quehaceres del cuidado de la casa.

Núñez nos da pie a resaltar que lo que importa en la escritura no son las palabras, sino lo que hay entre ellas, lo que sacude, como vemos en el segundo de sus relatos, una historia en la que la muerte de una paciente en el hospital convierte el suceso en un diálogo de dos enfermeras en prácticas que sacan a la luz los sentimientos que una de ellas muestra sobre el desaliento de estar sola en la vida ante la muerte y después de la muerte, y también sale a la luz cómo los objetos cuando se nombran nos cuentan historias de los que están y de los que se van para siempre. No le importa a Núñez apartarse de la imaginación para ver algo más en sus personajes extraídos de la propia vida cotidiana, consciente de que las cosas que surgen de allí mismo son siempre más de lo que son cuando solo aparecen como son.

Las esperas que por aquí transitan son el fermento de la vida de cualquiera, desde el azar al desconcierto, desde lo repentino a lo indecible. Es lo que transcurre por ¿A quién se lo vas a contar?, una historia en la que se aviva lo que los hijos, a veces, son capaces de desarmar el alma de los padres. En este relato conmovedor, una madre aterida por el informe médico recibido sobre su estado de salud, tiene que acudir ese mismo día, con su acuciante diagnóstico, a la tutoría del colegio de su hijo de seis años, por un asunto de comportamiento, y sin tener a nadie a quien contárselo. En Baratijas, en cambio, nos encontramos con un historia de esperanza más íntima, un cuento breve en el que el amor se perpetua entre el desconcierto del abandono y el paso del tiempo.


Hay más cuentos de amor no correspondidos, como el de Amuleto, que aborda la inconsistencia de llenar el vacío de lo que no se puede llenar. La esperanza, como certeza de algo, tiene sentido, al margen de cómo salga luego aparece en Calor de hogar, que cuenta la historia de un hombre acabado que se revuelve para sostener su empleo de vendedor inmobiliario, sin poder desligarse de sus demonios tanto del pasado como los del momento en el que vive. Llegamos, finalmente, al relato que cierra el libro para asistir al verdadero escenario de la existencia y asumir las derrotas cuando ya está todo perdido, sin ser un derrotista. Pero un milagro, como el título del cuento, no estaría mal que ocurriera.

Esta espera que lo envenena todo es un emotivo ahondamiento en la indagación del vértigo y la fragilidad de la cotidianidad de vivir por medio de un buen ramillete de relatos que expresan, cada uno a su manera, las contingencias visibles e invisibles de vidas sencillas y apuradas. El resultado es un volumen conmovedor y muy bien urdido, un vislumbre narrativo en el que todas las piezas encajan y se entrelazan alrededor del valor de la espera y de lo inesperado, auténtico leitmotiv del libro, dejando ver que el arrebato de vivir siempre es más amplio que la espera de nada.

viernes, 28 de abril de 2017

Dentro y fuera de San Cayetano

El fundamento de todo escritor no es otro que contar una historia. Lo hace el poeta, el historiador, el biógrafo. Expresado con otras palabras, se puede decir que, incluso, para el ensayista, el motivo es penetrar en la parte más profunda de la conciencia. Y no creo, como diría Julio Ramón Ribeyro, que para escribir una historia sea necesario irse a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es sencillamente el foco más propicio para contar algo de lo que se fragua dentro y fuera del mundo en que vivimos.

La nueva entrega de relatos de Maite Núñez (Barcelona, 1966) tiene precisamente ese anhelo y esa determinación. La mayoría de la gente distraída no acierta a ver lo que sucede a su alrededor, pero para un escritor esta observancia conforma el laboratorio primigenio para extraer cualquier historia latente que aguarda su luz. Mantener los ojos abiertos es el modo imprescindible para que el milagro suceda y alumbre. Y en ese imaginario se encuentra San Cayetano, el escenario donde ocurre el drama de cada uno de los cuentos escritos por la autora catalana. En esta ocasión, a diferencia de Cosas que decidir mientras se hace la cena (2015), el lugar donde sucede lo que se cuenta es tan protagonista como los personajes que lo habitan. La razón fundamental es que si en el primer libro los relatos surgen todos dentro del ámbito doméstico, en Todo lo que ya no íbamos a necesitar (Editorial Base, 2017) el conflicto de cada relato tiene lugar en el exterior, fuera del hogar, aunque inevitablemente se aloje y crezca luego en su interior.

No son doce historias ante el patíbulo, no. Los relatos de Núñez deben su vitalidad enteramente a la expresión dramática de cada narración, donde el verdadero drama es el drama del alma de sus protagonistas, unos inadaptados al fin y al cabo ante la ausencia, la pérdida y la contrariedad sobrevenida. Doce historias que nos sumergen en un universo cotidiano en el que cabe todo tipo de personas, mayormente gente corriente, pero todas vulnerables ante lo imprevisto y lo malogrado. La autora incorpora con sutileza e intencionalidad el uso de los objetos en muchas de sus historias que determinarán en gran medida el devenir de las vidas de sus personajes: desde una cuna vacía en el tiempo o una lavadora averiada, hasta los acuciantes papeles contables de una empresa. Pero lo que verdaderamente se percibe entre los seres que habitan estos cuentos de Todo lo que ya no íbamos a necesitar ya es que hay madres, algunas ausentes, que desatienden a sus hijos, otras con la que es imposible contar para nada, y no pocas angustiadas por su trabajo. En otro relato encontramos a una mujer aturdida bajo la disyuntiva de ser madre o no. En No tengas miedo, el relato más breve y tierno de la colección, otra madre deplora haber mentido a su hija pequeña sobre la muerte de su gatito. En Es por tu bien un hijo se debate ante el dilema de llevar a su madre, una mujer trastornada y mayor, a un geriátrico o seguir cuidándola en casa frente a la oposición de su esposa.

Habría que comprender que hay cosas en la vida de los seres que transitan por estas historias que ponen en entredicho la validez de dichas vidas: desesperanzas, miedos, incertidumbres, dolor, conciencia y miedo. Sin embargo, están decididos a cambiar el rumbo de sus desdichas o, al menos, lo intentan. El lector percibe que lo que se entreteje en el sentido de cada una de sus vidas no consiste solo en asumir sus percances, sino en la actitud de sacrificarlas o relegarlas a un segundo plano.

Maite Núñez retrata una serie de mujeres jóvenes y no tan jóvenes de nuestro tiempo, seres solitarios y perdidos, aunque vivan en pareja. Mujeres al borde del abismo que tratan de aprender a sobreponerse de sus decepciones y pérdidas, casi siempre con la sensación de encontrarse en el lugar equivocado, de no ser las verdaderas artífices de su destino, como si la vida les hubiera escamoteado muchos de sus anhelos e ilusiones.

Se trata de doce relatos demoledores en los que la autora va alternando la voz narrativa en primera persona y la insinuante voz en tercera persona, dos miradas estilísticas que hablan mucho y bien de una autora de corta trayectoria, pero de sobrado oficio, que sabe manejarse con maestría en ese terreno del cuento, en el que la contención, la intensidad y la originalidad son tan determinantes.


La gran pregunta que subyace en Todo lo que ya no íbamos a necesitar, acudiendo a las preclaras palabras de la escritora Grace Paley, es “cómo tenemos que vivir nuestras vidas”. Desde esa convicción, desde la sinceridad aplastante con que concibe su forma de escribir y su particular visión del mundo, Maite Núñez se va haciendo un hueco en este bosque tan exigente y variado que conforma la narrativa breve. A los que nos gusta el género lo celebramos vivamente.

martes, 29 de marzo de 2016

Composturas y continencias

En la vida, igual que en la literatura, navegamos bajo las estelas del detalle. Acudimos al detalle para concentrar una experiencia, para fijar una impresión, para habitar un recuerdo. Nos agarramos a él. Sin embargo, la literatura difiere de la vida en que la vida está llena de detalles acumulados y raramente nos conduce hacia ellos, mientras que la literatura nos enseña a observarlos. La literatura hace que nos fijemos más en la vida, nos hace, no sólo mejores lectores de los detalles de una historia, sino que, a su vez, nos hace mejores lectores de la vida. El único consejo sobre la lectura de un libro que puede dar una persona a otra, según decía Virginia Woolf, es que no acepte consejos, que siga sus propios instintos, que utilice su propio criterio, que saque sus propias conclusiones.

Si estamos de acuerdo en todo lo dicho, diría que Cosas que decidir mientras se hace la cena (Editorial Base, 2015), de Maite Núñez (Barcelona, 1966) reúne un conjunto de relatos que abundan precisamente en la importancia de los detalles acumulados. Aquí, en la vida cotidiana de muchas parejas, seres frágiles a los que les cuestan tomar conciencia de la realidad por la que transitan sus azarosas existencias, hay indicios y evidencias de soledad y melancolía bajo el techo que acobija sus vidas apocadas por el desgaste de la convivencia, o seres desbastados por la irrupción de una enfermedad terrible a la que se niegan a sucumbir.

Los personajes de estos quince cuentos tienen ante sí el dilema de la resignación, continuar en la espesura de la monotonía, o, definitivamente, retomar sus apagadas vidas para reavivarlas desde la contienda conyugal antes de que el descrédito y el tiempo las ahogue para siempre. En el primer relato, que da título al libro, la mujer protagonista se arma de imaginación mientras aguarda en la cocina la llegada de su marido. En el siguiente, titulado Reciclaje, el más breve de la colección, otra mujer que acaba de enviudar está perpleja y cariacontecida ante la decisión que ha de tomar con las cenizas de su marido. En El plano de Londres trasciende una conversación entre un padre separado, que anuncia su marcha a la capital británica, y un hijo adolescente que muestra indiferencia. En Dry Martini, una prostituta promete a su hija de trece años abandonar su oficio y probar otro tipo de suerte. En Todos los seres queridos, uno de los más incisivos y trascendentes, la protagonista se desvive por contratar a alguien para que cuide de su hijo mientras ella prepara su lucha campal contra el cáncer que padece. En el relato Planes de futuro dos hermanas, una abandonada por su marido y la otra, viuda reciente, se sienten muy unidas ante la fatalidad de sus vidas. El punto erótico y displicente de los relatos lo pone En el semáforo, una historia de infidelidad montada por una mujer casada con un hombre que vende pañuelos de papel en una intersección regulada por semáforos. En Mudanzas, una pareja bien avenida se separa y prueba a vivir en el mismo bloque, hasta que algo trastoca los planes de uno de ellos. En el relato que cierra la colección, Zona de sombrillas, otro de los destacados, la autora retoma la historia de uno de los personajes anteriores, a modo de colmatar el círculo de los protagonistas que han ido surgiendo a lo largo de las distintas historias contadas en un mismo escenario común, San Cayetano, la zona residencial de una imaginaria ciudad que dio cobijo a todos los hombres y mujeres que aspiraron a más y tuvieron que acometer continencias y composturas a lo largo de las páginas de sus vidas inciertas.

Maite Núñez se estrena con un volumen de relatos bien pertrechado. Muchos de ellos vienen avalados con premios en certámenes literarios de relatos breves. En todos, la voz narrativa femenina tiene una preponderancia sutil y perspicaz. Hay muchas mujeres incomprendidas y valientes, como también hay humor ante tanta rutina e indolencia masculina. En cada fragmento de vida contada hay mucho omitido también, como si la intención de la autora fuera que el relato continuara su estela, en medio de tanta incomunicación, entre las cocinas y los dormitorios de sus inquilinos.

Para los lectores ávidos de historias domésticas e íntimas, este libro de la escritora barcelonesa es una invitación propicia para adentrarse en ese ámbito, un espacio en el que muchos seres, como los personajes de esta colección de cuentos, tratan de sobreponerse a las derrotas cotidianas e incomodarse en tomar decisiones aplazadas o tardías, sin más remedio.