lunes, 28 de marzo de 2016

Composturas y continencias

En la vida, igual que en la literatura, navegamos bajo las estelas del detalle. Acudimos al detalle para concentrar una experiencia, para fijar una impresión, para habitar un recuerdo. Nos agarramos a él. Sin embargo, la literatura difiere de la vida en que la vida está llena de detalles acumulados y raramente nos conduce hacia ellos, mientras que la literatura nos enseña a observarlos. La literatura hace que nos fijemos más en la vida, nos hace, no sólo mejores lectores de los detalles de una historia, sino que, a su vez, nos hace mejores lectores de la vida. El único consejo sobre la lectura de un libro que puede dar una persona a otra, según decía Virginia Woolf, es que no acepte consejos, que siga sus propios instintos, que utilice su propio criterio, que saque sus propias conclusiones.

Si estamos de acuerdo en todo lo dicho, diría que Cosas que decidir mientras se hace la cena (Editorial Base, 2015), de Maite Núñez (Barcelona, 1966) reúne un conjunto de relatos que abundan precisamente en la importancia de los detalles acumulados. Aquí, en la vida cotidiana de muchas parejas, seres frágiles a los que les cuestan tomar conciencia de la realidad por la que transitan sus azarosas existencias, hay indicios y evidencias de soledad y melancolía bajo el techo que acobija sus vidas apocadas por el desgaste de la convivencia, o seres desbastados por la irrupción de una enfermedad terrible a la que se niegan a sucumbir.

Los personajes de estos quince cuentos tienen ante sí el dilema de la resignación, continuar en la espesura de la monotonía, o, definitivamente, retomar sus apagadas vidas para reavivarlas desde la contienda conyugal antes de que el descrédito y el tiempo las ahogue para siempre. En el primer relato, que da título al libro, la mujer protagonista se arma de imaginación mientras aguarda en la cocina la llegada de su marido. En el siguiente, titulado Reciclaje, el más breve de la colección, otra mujer que acaba de enviudar está perpleja y cariacontecida ante la decisión que ha de tomar con las cenizas de su marido. En El plano de Londres trasciende una conversación entre un padre separado, que anuncia su marcha a la capital británica, y un hijo adolescente que muestra indiferencia. En Dry Martini, una prostituta promete a su hija de trece años abandonar su oficio y probar otro tipo de suerte. En Todos los seres queridos, uno de los más incisivos y trascendentes, la protagonista se desvive por contratar a alguien para que cuide de su hijo mientras ella prepara su lucha campal contra el cáncer que padece. En el relato Planes de futuro dos hermanas, una abandonada por su marido y la otra, viuda reciente, se sienten muy unidas ante la fatalidad de sus vidas. El punto erótico y displicente de los relatos lo pone En el semáforo, una historia de infidelidad montada por una mujer casada con un hombre que vende pañuelos de papel en una intersección regulada por semáforos. En Mudanzas, una pareja bien avenida se separa y prueba a vivir en el mismo bloque, hasta que algo trastoca los planes de uno de ellos. En el relato que cierra la colección, Zona de sombrillas, otro de los destacados, la autora retoma la historia de uno de los personajes anteriores, a modo de colmatar el círculo de los protagonistas que han ido surgiendo a lo largo de las distintas historias contadas en un mismo escenario común, San Cayetano, la zona residencial de una imaginaria ciudad que dio cobijo a todos los hombres y mujeres que aspiraron a más y tuvieron que acometer continencias y composturas a lo largo de las páginas de sus vidas inciertas.

Maite Núñez se estrena con un volumen de relatos bien pertrechado. Muchos de ellos vienen avalados con premios en certámenes literarios de relatos breves. En todos, la voz narrativa femenina tiene una preponderancia sutil y perspicaz. Hay muchas mujeres incomprendidas y valientes, como también hay humor ante tanta rutina e indolencia masculina. En cada fragmento de vida contada hay mucho omitido también, como si la intención de la autora fuera que el relato continuara su estela, en medio de tanta incomunicación, entre las cocinas y los dormitorios de sus inquilinos.

Para los lectores ávidos de historias domésticas e íntimas, este libro de la escritora barcelonesa es una invitación propicia para adentrarse en ese ámbito, un espacio en el que muchos seres, como los personajes de esta colección de cuentos, tratan de sobreponerse a las derrotas cotidianas e incomodarse en tomar decisiones aplazadas o tardías, sin más remedio.