viernes, 4 de marzo de 2016

Seres atareados

Cuenta Murakami en su famoso libro sobre correr, en el que reflexiona sobre la influencia que este deporte ha ejercido en su vida, que Somerset Maugham escribió que “todo afeitado encierra también su filosofía”. Esa teoría del británico viene a decir que llevar a cabo cualquier acto, por insignificante que sea, con el ejercicio cotidiano y su repetición, acaba por derivar en algo parecido a una contemplación reflexiva.

Dice Felipe R. Navarro (Málaga, 1969) al final de Hombres felices (Páginas de Espuma, 2016) que “los libros los escribe un hombre pero los apuntalan muchos”. Para un escritor como él, que afirma que “uno se dedica a algunas cosas, y es otras”, no puede evitar confesar que de entre esas cosas a las que nunca renuncia es a correr. Cuando Navarro habla de correr, el malagueño, igual que Murakami, habla de esas otras cosas importantes que le atañen: de emociones, de anécdotas, de filosofía de vida, de experiencias y, también, de hombres felices.

El escritor adaluz, después de quince años de silencio, tras su libro de cuentos Las esperas (Renaciemiento, 2000) vuelve con un nuevo volumen de relatos, que parece vaticinar lo feliz de este regreso en su hermoso título, habiendo dejado atrás una convalecencia dura a causa de un percance grave sufrido en un entrenamiento. Navarro se sobrepone a sí mismo, rompiendo su promesa de no volver a escribir con estas epifanías indisimuladas de vida, conciencia, orden y desorden que protagonizan seres corrientes y dispares.

Los dieciocho cuentos reunidos en Hombres felices responden a la mirada particular que sus protagonistas desvelan de sus azarosas vidas. Navarro no esquiva que los seres que aparecen procedan de los márgenes propios de la supervivencia y apunta a que de ese lado surge la verdadera felicidad, que no tiene por qué provenir de un paraíso extraño. Es, precisamente desde esa verosimilitud de lo cotidiano, esa realidad que se repite cada día, desde donde se produce el milagro de gozar la vida. En el cuento Orígenes del turismo prevalece el argumento sobre el mito de Sísifo, un enfoque cercano al existencialismo, al juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida como repuesta a la cuestión fundamental de la filosofía, tal como Camus revelaba en su obra. En el microcuento El orden lógico de las cosas, que añade una autocensura irónica sobre la adjetivación, la velocidad con que ocurren las cosas se contrapone con la parsimonia del personaje secundario femenino que se esmera en sus tareas domésticas. En otro, de título interminable, el autor refiere la historia de un hombre en paro que vuelve a trabajar y a sonreír, en el que el azar le brinda otra oportunidad más de sacar adelante a su familia, otro vislumbre más de vida y esperanza. La modificación sustancial de las condiciones de trabajo, es una historia en la que la protagonista trabaja con ardor y empeño en casa, enfundada en un camisón, preparando una ponencia sobre el artículo 141 de los Estatutos de los Trabajadores. Aquí el derecho y la literatura convergen en los matices de pactar algo y obligarse a cumplirlo, sin trampas, frente a la incertidumbre del tiempo. Es el cuento más largo y, quizás, el más trascendente por lo que retuerce a la realidad y por lo que contrapone como ficción narrativa. En otros momentos, los relatos se muestran como estampas de lo cotidiano en lo que parece que nada ocurre y, además, los seres que transitan por ellos comentan felices esas pequeñas cosas que modifican la rutina: el estado del ascensor de la vivienda, el orden y desorden de la cocina, los programas televisivos, las noticias que suceden...

Hombres felices es un reencuentro con la literatura de la vida, de la calle, unos relatos que rastrean la vida de la gente corriente en sus quehaceres, mediante una prosa intensa y ligera, a retazos lírica y casi exenta de adjetivos. Para Navarro, el sustantivo y el verbo acompasado se valen para extraer el jugo de lo que se quiere contar desde el lado recóndito de los personajes que irrumpen en cada episodio sin más aderezo que la ironía y el humor, logrando poner en entredicho al lector cuando conjuga si se encuentra ante hombres que simulan su felicidad o, más bien, hombres que se acoplan a sus vidas precarias del hogar para mirarse desde ese lado y sentirse más reconfortados y protegidos de las inclemencias del mundo exterior.


Así se teje el alma de estos Hombres felices, un estupendo libro de relatos que no se aparta de lo humano y de lo complicado e incierto del arte de vivir.