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sábado, 26 de diciembre de 2015

Vida de filósofo

“Si no se puede ser feliz en este mundo, habrá que procurar al menos no ser tan desdichado”. Este certero aforismo bien podía atribuirse a la observación de algún personaje de cualquiera de las novelas escritas por Tolstoi, pero no, esta afortunada sentencia procede de la cosecha de Arthur Schopenhauer (1788-1860), uno de esos raros y excepcionales filósofos que, todavía, gozan del favor y la simpatía de cierto público lector al que apenas le interesa la filosofía académica como tal. Su nombre, asociado a una visión pesimista del mundo y de la existencia del individuo, evoca también al pensador corrosivo que esgrime verdades como puños que no gustan, y al profesor convencido de que la filosofía es, además, una guía válida para adoptar decisiones vitales. Más que un filósofo para eruditos de la filosofía, es el pensador de los artistas, ese que tanto influyó en Wagner, Thomas Mann o Baroja, así como en Nietzsche, otro de su gremio, que igualmente también goza de la simpatía de los lectores cultos no especializados en materia filosófica. Los seres humanos, las cosas y el mundo entero serían, según Schopenhauer, la manifestación externa de la voluntad que reside en cada uno de nosotros.

Para retratar a este hombre genial, inconformista, rebelde y cascarrabias, que, al menos, al final de su vida alcanzó ese reconocimiento público de su obra que durante tanto tiempo se le había negado, el escritor Antonio Priante (Barcelona, 1939) solo ha necesitado poco más de cien páginas para entregarnos este primoroso y conciso artefacto donde se rememora la esencia vital de un ser excepcional y admirable, un alma apenada que no deja de hablar a solas, preguntarse e incomodarse por la actitud inexplicable de su admirado Goethe.

El silencio de Goethe es una novela que pasó desapercibida para muchos lectores cuando se publicó hace nueve años, y que viene ahora, para sorpresa de muchos, rescatada por el sello Piel de Zapa, un relato escrito en primera persona que invita a acercarnos al pensamiento y a la vida retraída de Schopenhauer, el soliloquio intenso de un hombre curtido en la observación del mundo que le rodea, en los linderos de la argumentación clásica de la filosofía, esa que consiste en preguntarse sobre el sentido de la vida y sus consecuencias metafísicas. Priante consigue embaucarnos en el meollo de las tribulaciones del personaje gracias al artificio de una voz narrativa creíble, que no se dirige a eruditos ni académicos, sino que se pone delante de su perro al que habla, como si lo hiciera con un igual, para buscar su comprensión, con un lenguaje cercano, emotivo y sentimental. El autor reconstruye la última noche del intelectual alemán como resumen y compendio de toda la vida que llevó, una apasionante y entregada tarea a la filosofía, en esa constante indagación sobre la verdad existencial que con tanto empeño buscó durante toda su vida.

Corre el año 1880 y el anciano pensador, lastrado por las dolencias de su enfermedad, recurre a sus recuerdos, vuelve su mirada a la infancia que tuvo en Danzig, su ciudad natal, una etapa de desamparo marcada por el desinterés de sus padres, revisa su juventud, su estancia en Le Havre, el periodo de formación en Hamburgo, su primer encuentro con Goethe, el gran poeta amigo y maestro suyo de por vida. Recuerda también sus enfrentamientos dialécticos con Hegel, sus contadas y decepcionantes correrías amorosas o el momento de entregar al mundo del pensamiento su obra fundamental con tan solo treinta años de edad: El mundo como voluntad y representación. La narración y los diálogos vivos que surgen por el libro van descubriendo al lector los momentos culminantes de la vida de Schopenhauer y su fuerte carácter, un personaje quisquilloso, clasista, orgulloso, misógino y harto pesimista. Sin embargo, detrás de todos estos rasgos severos de su personalidad, obstáculo casi insalvable para cualquier interlocutor, se esconde un anciano sentimental y melancólico que repasa su vida con cierto pesar y desencanto, sobre todo cuando reincide una y otra vez en ese maldito silencio que el más grande literato de su tiempo le otorgó a su obra. Soportar ese silencio de Goethe le resultó todo un suplicio, imposible de superar.

Antonio Priante ha escrito un libro luminoso e inteligente, encajado en un género híbrido entre la novela histórica, la biografía y la crónica sentimental, un texto bien cuidado en lo formal, para que el lector no se pierda en la abstracción de todas las ideas filosóficas que discurren por sus páginas, y lo consigue gracias a la eficacia de su prosa ligera y fluida, aunque también el texto es exigente con el lector al que el narrador no cesa de implicar en sus disquisiciones existenciales.

Toda la densidad y reflexión que cabe en la vida del filósofo alemán se puede encontrar en las entrañas de esta nouvelle. El lector familiarizado con Schopenhauer se reconfortará con esta miniatura narrativa sutil y elocuente. Para un lector que sea totalmente ajeno al alemán, esta es una buena oportunidad de acceder, de un modo sencillo y breve, a las ideas del fundador del pesimismo. [Reseña núm. 259]


domingo, 31 de marzo de 2013

Una charla sustanciosa


Cada vez que se produce una novedad editorial que llega con la firma de Fernando Savater despierta en mí una curiosidad difícil de frenar. Sigo con interés sus escritos desde hace treinta años. He leído casi toda su producción narrativa y ensayística. Empecé con Sobre vivir allá en 1983 para continuar con La tarea del héroe e Invitación a la ética, hasta abrazar sus muchos artículos en prensa, en los que vierte su afán divulgador que me llevaron a la lectura de Rabelais, Spinoza, Chesterton, Cioran o Voltaire. Para mí fue todo una instrucción motivadora. 

Esta mañana dominical he leído lo último publicado por el donostiarra. Jorge Herralde, el editor de Anagrama, siempre sorprende, y en esta ocasión lo ha hecho lanzando El Traspié, una comedia filosófica que Savater estrenó en 1988 en TV en el programa de teatro A través del espejo, en la época de Pilar Miró. El texto de esta obrita de apenas noventa páginas y que lleva como subtítulo Una tarde con Schopenhauer, cuenta las conversaciones que la joven y prometedora artista Elisabeth Ney mantiene con el doctor Schopenhauer en sus sesiones de escultura sobre el busto del insigne modelo. Esta inventiva del autor de Ética para Amador nos descubre las ideas sobre el destino de los hombres y otras perplejidades valiéndose del tono magistral del filósofo alemán. Savater versiona los diálogos que la escultora mantiene con el cascarrabias  de Schopenhauer.

En esta pieza teatral el profesor vasco escenifica las minúsculas vanidades del sabio alemán, el afán del anciano de seguir despertando admiración, su gusto por la frase afilada y rotunda para impactar en el oyente. La joven Ney se deja seducir y celebra sus ocurrencias. Hay un pasaje clave en el libro, cuando Schopenhauer se interesa por Larra ante otro personaje de la obra, el español Zúñiga, donde el viejo filósofo manifiesta su rechazo radical al suicidio: “Lo considero un pecado de optimismo: lo que hay que matar en nosotros no es la vida, sino la voluntad de vivir”. Y más adelante afirma: “Cada cual no tiene más destino que los retortijones de sus tripas”.

Savater es también novelista premiado, pero sobre todo es pensador, un filósofo al que nada le es ajeno. Habría que situar al donostiarra en esa franja de escritores de éxito heridos por el teatro que siempre les resultó esquivo, como Azorín, Baroja o en la actualidad, Vargas Llosa.

El traspié ofrece un escenario que no pasa inadvertido, incluso la representación de Zúñiga, el viajero y hombre de mundo, despierta un interés histórico irresistible. Al mismo Schopenhauer le ocurre algo inusual como que la belleza y la inteligencia de la joven lo tenga seducido hasta el punto de atemperar su radical misoginia. Y entonces ocurre el milagro de una deliciosa conversación entre el viejo pensador y su admiradora artista que desemboca en un torrente de pensamientos y gustos que el filósofo alemán despliega con ironía y sentido del humor.

Este librito elocuente, sutil y ameno, que deja el regusto de haber pasado un buen rato, es una charla sustanciosa de las de antaño, pero igual de vigente para estos tiempos de zozobra.