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miércoles, 9 de octubre de 2013

El poder de reinventar


Mi vinculación lectora con Ricardo Piglia (Adrogué, Buenos Aires, 1940) surgió por azar, allá por septiembre de 2005, cuando deambulaba por la mesa de novedades de la librería Fuentetaja, en Madrid, y se me vino a los ojos un título tan sugerente y significativo como El último lector. A los lectores, a veces, nos pasa que vivimos en un mundo paralelo y solemos imaginarnos que ese mundo, el de los libros, entra en nuestra realidad. Esa sensación la percibí al leer entre líneas el texto del argentino y no puse reparos a ese viaje apasionante que brindaba el libro sobre algunos modos de leer. A partir de esa experiencia, Piglia me atrapó y la lectura de sus libros se sucedieron de forma continuada. Fue un desembarco en toda regla; el botín literario merecía el abordaje. Su última novela, Blanco nocturno, una gozosa inventiva de pasiones y traiciones, me dejó tan entusiasmado que logró calmar mi reclamo de la vuelta deseada de su personaje Renzi, el otro Piglia.

De nuevo Piglia, o Renzi, regresa con El camino de Ida (editorial Anagrama), y nos conduce hasta un campus universitario. El camino de Ida es la autobiografía de Renzi cuando se va a Estados Unidos y allí vive unos episodios que lo marcan profundamente. Entonces, escribe esta novela que es el rastreo de aquella experiencia, que en algún punto se refiere a la propia vida de Ricardo Piglia. Cuenta en primera persona su llegada a la Universidad de Nueva Jersey, invitado por la bella profesora Ida Brown, para impartir un seminario sobre el escritor W.H. Hudson. Renzi llega a América recién divorciado y se verá cautivado por la atractiva y seductora Ida. La pasión lo arrastra, e inicia un romance clandestino con la controvertida profesora, hasta que sucede su trágica muerte, en un extraño accidente que parece conectado con los atentados ocurridos a otros colegas del mundo académico. Renzi, entonces, decide indagar si la brillante profesora Brown fue víctima de un atentado terrorista o si su relación con los sucesos fue de otra índole. Los dos primeros tercios de la novela relatan la laboriosa estancia de Renzi en la universidad; el resto es la historia del asesino, cuyo misterio se encarga Renzi de resolver. Munk, el asesino, es un personaje bien logrado por Piglia, inspirado en Theodore Kaczynski (1942), Unabomber (University Airline Bomber, sobrenombre que usaba el FBI para identificarlo), filósofo y doctor en matemáticas, que entre la década de los ochenta y noventa, comenzó a enviar cartas bombas a diferentes casas de estudios y compañías aéreas para alertar a la sociedad de los peligros inminentes de los avances de la tecnología. El FBI lo buscó durante 20 años y solo lo encontraron porque su hermano lo delató.
Theodore Kaczynski

Piglia consigue en esta novela una escritura hipnótica donde se van sucediendo diferentes peripecias, e incluso la intriga se hace patente en una trama que se vierte al género negro, con policías, agentes del FBI, un detective contratado por Emilio Renzi en Nueva York que le ayudará y le dará pistas sobre el significado de la violencia norteamericana... El camino de Ida es su quinta novela y toca asuntos tan controvertidos como espinosos de la sociedad actual: la problemática del lenguaje y la violencia, la crítica social al capitalismo, la austeridad como resistencia, la insurrección contra el mundo de la ciencia y la industria... Dice Piglia que le gusta empezar una novela a partir de algo que él mismo quiere averiguar. Por eso está convencido de que el género que mejor retrata el mundo de la corrupción del sistema capitalista es el policial, un género que mira a la sociedad desde el crimen. Otra de las cosas importantes que sostiene el profesor argentino en esta novela es ese halo de clandestinidad tanto sexual como política: la doble vida. Y afirma que: “la sexualidad siempre tiene algo de doble vida porque siempre te escondes un poco.”


Ricardo Piglia constata una vez más lo que tanto ha referido sobre lo que solía decir su padre: “Narrar es como jugar al póquer: el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad.” Esta es una de las claves de la dimensión literaria del autor de Plata quemada, una inventiva que debe medirse a partir de la extensa red de lecturas que generan sus libros y del estilo elegante de su escritura que nunca olvida entretener. En este sentido, no cabe duda de que Piglia regresa triunfante con El camino de Ida, un relato reflexivo y apasionado, para lograr nuevamente la complicidad de sus lectores.

domingo, 12 de mayo de 2013

Descifrando el acto de narrar


En mi última escapada a Madrid me perdí, a propósito, en la librería La Central, en Callao. Allí anduve ensimismado entre sus anaqueles, mientras C., mi fiel acompañante, se iba de compras. Después de pasear por todas las dependencias de La Central, me demoré en una de las esquinas de la planta donde se ubican las obras de autores hispanoamericanos. Adquirí Formas breves, quizás el mejor texto crítico de Ricardo Piglia (Androgué, 1940), publicado en Anagrama. No sé qué tiene este escritor argentino que tanto me seduce, pero después de que cayera en mis manos su legendaria novela Respiración artificial, no he parado de leer todo lo suyo. Es uno de los escritores más destacados de la actualidad narrativa sudamericana. Tal vez sea su estirpe borgeana o ese perfil de académico experimentado que representa o, sobre todo, esa brutal eficacia narrativa lo que le confiere tanto fervor por parte de los lectores y críticos.

Piglia es un escritor en la órbita de Borges, Macedonio Fernández, Chéjov, Kafka y Hemingway. Es todo en sí un mundo literario dedicado a continuar entre los elegidos en contar y descifrar el acto de narrar. En Formas breves Piglia y Renzi, el autor y su personaje de ficción, opinan sobre otros autores y otros textos. Estas reflexiones son interesantísimas y hacen partícipe al lector, hasta hacerle sentir que asiste a una mesa redonda donde ambos tertulianos vuelcan sus saberes y opiniones sobre el universo literario.

En todo este ensayo literario o diario narrativo y autobiográfico de Ricardo Piglia, se tiene la buena sensación de participar en un laboratorio literario en el que el maestro argentino despliega sus dotes experimentales sobre los textos de otros escritores y aporta su visión galáctica de la literatura. Piglia desfila por el psicoanálisis al igual que por el género policial, o traza su tesis sobre el cuento, que se resume en lo siguiente: Un cuento siempre cuenta dos historias[...] El cuento es un relato que encierra un relato secreto. De igual manera, Piglia recuerda la teoría del iceberg de Hemingway, que establece que lo más importante es lo que no se ve, lo que no se cuenta. Saber narrar es el arte de presentir lo inesperado; de saber esperar lo que viene, nítido, invisible, como la silueta de una mariposa contra la tela vacía, (pág. 137).



Formas breves es un texto magistral, un libro que el lector curioso agradece por los secretos que revela sobre la composición del cuento. Recuerdo que cuando terminé de leer este pequeño y sustancioso volumen lo guardé con cuidado en la maleta. Al llegar a casa fui a colocarlo en el anaquel correspondiente de mi biblioteca, con la sorpresa mayúscula para mí, de encontrarme otro mismo libro en su lugar, leído justamente hace dos años. Sin embargo, celebré mi torpeza de haber adquirido una obra que ya tenía, incluso con idéntico subrayado en ambos ejemplares. Quizás la primera vez leí a Piglia. La segunda vez fue distinto, me encontré con las Formas breves de Emilio Renzi. ¡Toda una aventura!