domingo, 12 de mayo de 2013

Descifrando el acto de narrar


En mi última escapada a Madrid me perdí, a propósito, en la librería La Central, en Callao. Allí anduve ensimismado entre sus anaqueles, mientras C., mi fiel acompañante, se iba de compras. Después de pasear por todas las dependencias de La Central, me demoré en una de las esquinas de la planta donde se ubican las obras de autores hispanoamericanos. Adquirí Formas breves, quizás el mejor texto crítico de Ricardo Piglia (Androgué, 1940), publicado en Anagrama. No sé qué tiene este escritor argentino que tanto me seduce, pero después de que cayera en mis manos su legendaria novela Respiración artificial, no he parado de leer todo lo suyo. Es uno de los escritores más destacados de la actualidad narrativa sudamericana. Tal vez sea su estirpe borgeana o ese perfil de académico experimentado que representa o, sobre todo, esa brutal eficacia narrativa lo que le confiere tanto fervor por parte de los lectores y críticos.

Piglia es un escritor en la órbita de Borges, Macedonio Fernández, Chéjov, Kafka y Hemingway. Es todo en sí un mundo literario dedicado a continuar entre los elegidos en contar y descifrar el acto de narrar. En Formas breves Piglia y Renzi, el autor y su personaje de ficción, opinan sobre otros autores y otros textos. Estas reflexiones son interesantísimas y hacen partícipe al lector, hasta hacerle sentir que asiste a una mesa redonda donde ambos tertulianos vuelcan sus saberes y opiniones sobre el universo literario.

En todo este ensayo literario o diario narrativo y autobiográfico de Ricardo Piglia, se tiene la buena sensación de participar en un laboratorio literario en el que el maestro argentino despliega sus dotes experimentales sobre los textos de otros escritores y aporta su visión galáctica de la literatura. Piglia desfila por el psicoanálisis al igual que por el género policial, o traza su tesis sobre el cuento, que se resume en lo siguiente: Un cuento siempre cuenta dos historias[...] El cuento es un relato que encierra un relato secreto. De igual manera, Piglia recuerda la teoría del iceberg de Hemingway, que establece que lo más importante es lo que no se ve, lo que no se cuenta. Saber narrar es el arte de presentir lo inesperado; de saber esperar lo que viene, nítido, invisible, como la silueta de una mariposa contra la tela vacía, (pág. 137).



Formas breves es un texto magistral, un libro que el lector curioso agradece por los secretos que revela sobre la composición del cuento. Recuerdo que cuando terminé de leer este pequeño y sustancioso volumen lo guardé con cuidado en la maleta. Al llegar a casa fui a colocarlo en el anaquel correspondiente de mi biblioteca, con la sorpresa mayúscula para mí, de encontrarme otro mismo libro en su lugar, leído justamente hace dos años. Sin embargo, celebré mi torpeza de haber adquirido una obra que ya tenía, incluso con idéntico subrayado en ambos ejemplares. Quizás la primera vez leí a Piglia. La segunda vez fue distinto, me encontré con las Formas breves de Emilio Renzi. ¡Toda una aventura!