miércoles, 8 de mayo de 2013

Stoner, un hombre verdadero


El 18 e octubre del 2011, leí en El Pais una reseña muy elogiosa de Vila-Matas sobre Stoner, una obra de John Williams (Texas, 1922 – Arkansas, 1994). Williams era un autor desconocido para mí y seguí el camino propuesto por mi admirado Vila-Matas, hasta encontrar el libro. No sé cómo ocurrió, pero el ejemplar anduvo extraviado por mi biblioteca y su lectura quedó relegada. Afortunadamente lo recuperé, después de casi año y medio, entre un montón de libros aún no leídos.

La novela narra la historia de William Stoner, hijo de unos campesinos del estado de Misuri, nacido a finales del XIX y enviado con gran esfuerzo por sus padres a la universidad para emprender sus estudios de Agricultura. Allí Stoner escucha por primera vez a uno de los profesores hablándole acerca de las virtudes de la literatura con una frase que sería determinante para su futuro: “El señor Shakespeare le habla a través de trescientos años, señor Stoner, ¿le escucha?". Ese instante fue una iluminación para el joven y rústico Stoner, una revelación que, posteriormente, le llevaría a renunciar a la gestión de la granja de sus padres, para convertirse en profesor de la universidad de Misuri. Allí llevó una vida laboriosa, al servicio de su pasión por la literatura, pero con innumerables errores sentimentales en un período convulso con dos guerras mundiales y, en medio, el crack de 1929. Dice Vila-Matas en su artículo que Stoner “es la biografía de alguien que vistió siempre un traje equivocado”.

Es impresionante cómo el tejano John Williams despliega una narración de arrolladora fuerza en pequeños dramas cotidianos repletos de resignaciones y decepciones. La aparente sencillez de esta novela, que cuenta la transformación de un hombre rural anodino y rutinario en profesor, consigue fascinar al lector, entre otras razones porque, en el fondo, es una historia de rectitud moral y empeño, anidada en la cultura del esfuerzo y bajo el manto del amor a la literatura. Su protagonista desvela con la sencillez que le caracteriza “el poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber”.

A primera vista, lo que se cuenta es una historia muy común, simplemente una vida. Sin embargo, es un relato que va creciendo a medida que avanzan sus páginas y que lleva a empatizar con el protagonista, un hombre hecho para el trabajo y forjado en las adversidades, un antihéroe que se gana la simpatía del lector, un ser incapaz de hacer frente a las intrigas profesionales y familiares, retratado por John Williams de forma magistral, una vida bien narrada que cuenta cómo “a alguien se le concedió la sabiduría y al cabo de los años encontró la ignorancia”.

La historia está bien contada. El tono narrativo empleado por el escritor americano es el adecuado, fundamentalmente por su sencillez y su minucioso detallismo. Pero sobre todo cautiva por cómo desarrolla esos detalles a primera vista insignificantes que hacen que un hombre corriente, pero esforzado en su vocación de profesor, se convierta en un héroe de lo cotidiano. La grandeza de Stoner, el personaje, está en su resignación ante las adversidades y en su humildad y coherencia.


Williams consigue una novela abrumadora y envolvente, con unos diálogos secos y reveladores que demuestran la pericia del autor para mostrarnos cómo son y cómo piensan sus personajes. El desenlace final es arrollador y bellísimo, cargado de dramatismo y con una escena última de extraordinaria sensibilidad que agarra al lector, hasta dejarlo inmóvil y abatido.

Stoner es una perla escondida que está en las librerías y hay que encontrarla, porque es un pequeño tesoro que merece la pena leer.