martes, 14 de mayo de 2013

Baroja engancha


Celebro que la editorial Taurus haya emprendido una colección de biografías con el objetivo de fomentar este género en España a la luz de la ejemplaridad de determinadas personalidades que destacaron en su época por su excelencia moral o por su humanismo y que siguen teniendo vigencia en la conciencia colectiva actual. Este propósito de reescribir nuestra historia se ha iniciado con la biografía de Pío Baroja, un escritor fundamental, a pesar de sus contradicciones ideológicas. La imaginación barojiana y su concepción del oficio de escritor son los pilares por donde deambula esta biografía que José-Carlos Mainer ha escrito con solvencia, dentro de la colección de Españoles Eminentes.


La admiración de Mainer por Pío Baroja es antigua. Forman parte de sus primeras lecturas Las inquietudes de Shanti Andía, La Busca, La feria de los discretos y Zalacaín el aventurero. Y es un reconocido experto en su obra, no en vano en 1995 dirigió y prologó la edición de las Obras Completas del vasco. Todo este conocimiento del mundo barojiano se puede apreciar en esta biografía publicada. José-Carlos Mainer, como catedrático de literatura, desarrolla a través del texto la evolución literaria y de pensamiento a lo largo de su vida del insigne vasco y destaca cómo Baroja sintió profundamente la necesidad de dialogar con sus lectores, y, en este sentido, el profesor Mainer manifiesta, tajantemente, que “la biografía de un escritor es, en rigor, su obra”, (pág. 13). Y añade, también, en el prólogo de la biografía: “La literatura revela el complicado proceso de cómo las experiencias reales pasaron a ser imaginarias y cómo, en rigor, ha sido el escritor quien se desplaza hasta ellas para revivirlas como si fueran ajenas...Porque vivir es algo autosuficiente, escribir también es verdaderamente sustancia de vida”, (pág.14). Esto es cierto, pero para Baroja escribir es un trabajo, un oficio, una forma de ganarse la vida. Escribir para él es fundamentalmente un trabajo metódico.

Una de las facetas más destacables en la obra de Baroja es resaltar la importancia del título, nos recuerda Mainer, que le sirve para anticipar de modo complementario el tono y sentido de sus creaciones literarias. Aquí se detiene el profesor aragonés y afirma que lo que más le gusta de Baroja, y en eso coincido totalmente, es que escribe a impulsos de una melodía que ya lleva en su interior arrollador. Es más, domina dos técnicas que para el lector son atrayentes: la técnica del “crescendo” dramático y la de la elipsis narrativa, (pág. 184). Otra de las características barojianas es la que su coetáneo Antonio Machado definía de esta manera: “Las novelas de Baroja son las únicas que no se nos caen de las manos”. Me gusta este aserto del poeta andaluz. Mi experiencia lectora sobre la obra de Baroja (que nunca me cansé de leer y al que tengo en un rincón especial de mi biblioteca con más de cincuenta volúmenes, todos ellos publicados en la editorial familiar del escritor Caro Raggio) es que tengo esa misma sensación que Machado afirmaba antaño. Ninguna de las novelas leídas se me han caído de las manos. Es cierto que con algunas he latido de emoción más que con otras, pero todas funcionan, y eso, es vital e imprescindible para el lector. Baroja es a veces un reportero, pero casi siempre es un folletinista atento, que toma sus notas de la realidad y siente el ansia de hacer un arte nuevo y sincero, en el que las frases sean como músculos y estén unidas por redes fuertes y finas de nervios.


La biografía de Mainer tiene de originalidad que no va de la vida del personaje a su obra, sino justamente al revés, de la obra a la vida. En el trayecto de la obra a la vida, el profesor zaragozano no evita hablar de las ideas del autor de El árbol de la ciencia, ni le exculpa ni le condena, aunque reconoce que Baroja estaba lleno de contradicciones. Así recuerda que fue antisemita y lo defiende, a pesar de que no era un escritor que confiara en la democracia, y que sentía desconfianza de las masas, para terminar afirmando que Don Pío siempre fue liberal y progresista, heredero del racionalismo de la Ilustración.

Baroja es imprescindible, con una fuerte pulsión nihilista, que casi siempre tiene razón o razones, que nos alecciona sobre la importancia de la curiosidad e incluso con la coquetería de ser arbitrario a la hora de discurrir y formularlo, que rechaza al fanático, aunque a veces él mismo lo pareciera. Leer a Baroja es vivir otras vidas interesantes, apasionadas y controvertidas que engancha.