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miércoles, 5 de junio de 2013

Acta segunda del Club de Lectura Durango


Ayer martes,por la tarde, nos reunimos los miembros del Club de lectura Durango en el Mesón Juanito, el palacio de los caracoles, justo en los aledaños de la monumental plaza de toros, donde luce un mosaico en el pasillo de la puerta principal con la inscripción de una frase memorable, atribuida a Joselito “El Gallo” que dice: Quien no ha visto toros en el Puerto, no sabe lo que es una tarde de toros, y cerca del Colegio de San Luis Gonzaga, donde desfilaron ilustres alumnos de la talla de Juan Ramón Jiménez, Pedro Muñoz Seca o Rafael Alberti. Aquí, como digo, en este enclave gastronómico celebramos el cónclave para hablar del libro escogido: Réquien por un campesino español.

Mosén Millán fue el primer título de esta novela breve, publicada por vez primera en México en 1953, país donde se exilió Ramón J. Sender ( Alcolea de Cinca, 1902, San Diego, 1982)). Y en cierta lógica obedece al peso fundamental que tiene el personaje del cura que forma el eje de la construcción narrativa de la historia, como se matizó por uno de los intervinientes. Asistimos a dos historias que se cuenta de forma intercalada por un narrador omnisciente, comentó P.: una se desarrolla en el breve espacio de tiempo que transcurre en la sacristía de la iglesia donde espera Mosén Millán a que lleguen los familiares y los amigos de Paco el del Molino para comenzar la misa de réquiem (que como sabemos, apuntó J., se celebra un año después del aniversario de la muerte), y, la otra, la historia extendida a lo largo de veinticinco años, de la vida y muerte de Paco el del Molino, una serie de escenas rememoradas por el propio cura mientras aguarda el inicio de la misa.

Los recuerdos de Mosén Millán son fragmentarios y tampoco están trazados en un discurso ordenado en el tiempo, apuntó con agudeza M. En ese deambular por su memoria, el cura presenta al lector un retrato de Paco basado en una serie de escenas significativas, que va en consonancia con la intención del autor de ofrecer una novela corta, escogiendo detalles impresionistas de la infancia, juventud y desarrollo de la personalidad de Paco. Igualmente ocurre con la presentación del resto de los personajes.

La intención que Ramón J. Sender quiere dar a la novela es ofrecer una representación simbólica de la guerra civil española, de sus causas y de sus consecuencias. En esta afirmación coincidimos todos los asistentes y reconstruimos la alegoría que el autor aragonés quiso representar: En una pequeña aldea de Aragón viven Paco el del Molino, que representa al pueblo español y Mosén Millán, que representa a la iglesia española. Ambos han estado muy unidos, pero cuando el joven Paco madura y empieza a tomar conciencia de las injusticias se va separando del cura, sobre todo cuando la solución a sus inquietudes es la resignación y aceptación de la realidad establecida. Paco decide tomar parte en la política para buscar mayor justicia, favorecer a los necesitados y repartir las propiedades entre todos. Esta actitud provoca al poder establecido, la propiedad tradicional. Don Valeriano, el rico del pueblo, es además el prepresentante de las tierras del Duque, el capitalista que nunca viene por el pueblo ni se preocupa de sus habitantes, pero que les cobra por el uso de las tierras. El Sr. Cástulo, representante de la burguesía adinerada, primero intenta congraciarse con Paco, pero cuando estalla el conflicto se vuelve contra él y se alía con los poderosos del pueblo. Mosén Millán, la iglesia, contempla con alarma y cierta desconfianza las actividades de Paco, el pueblo, y se siente atacado por éste. Decide alinearse con los propietarios tradicionales, que además le han ayudado económicamente. El conflicto estalla cuando Paco determina dejar de pagar las tierras del Duque. Esto se podría denominar como el inicio de una reforma agraria. En julio de 1936 los señoritos entran en la aldea, asesinan a la población indefensa e imponen a Don Valeriano como alcalde, deponiendo por la fuerza de las armas al legítimo gobierno establecido. Antes de aquellas fechas, Mosén Millán, Don Valeriano y Don Gumersindo se habián reunido con frecuencia para dar el golpe. A esas reuniones secretas asistió también el Sr. Cástulo que siempre jugaba a dos barajas. Bajo el mandato de Don Valeriano comienzan los días de terror. El zapatero, artesano librepensador, es ejecutado por anarquista. El médico, que representa a la peligrosa ciencia, es encarcelado. El lugar de reuniones del pueblo, el Carasol, es ametrallado y la Jerónima, antes una figura importante en la aldea, queda relegada a una vieja enloquecida por el sufrimiento. Mientras la violencia se adueña de todo el pueblo, Mosén Millán se refugia en la iglesia y no hace nada por aliviar el sufrimiento de sus feligreses. La única protesta que se atreve a plantear es que otorguen a los condenados el derecho a la confesión. Para que la victoria de Don Valeriano sea completa es preciso la derrota total del pueblo representado por Paco el del Molino, y, el personaje clave para acabar con él es Mosén Millán, que lo traiciona y lo entrega para su ejecución. Esta traición no es olvidada y por eso cuando el cura quiere vover a restablecer los lazos con los vencidos por medio de una misa de réquiem, que nadie ha pedido, se ve sólo, acompañado, paradógicamente, de Don Valeriano, Don Gumersindo y el Sr. Cástulo, los enemigos y asesinos de Paco.



Esto es la alegoría que encierra esta extraordinaria novela corta, en la que Ramón J. Sender, de manera magistral y con un estilo directo y sencillo, puso gran empeño para explicar la tragedia que supuso el alzamiento nacional y sus consecuencias. Con estas conclusiones, amén de resaltar los destellos de humor que chispean por las páginas, especialmente por boca de sus personajes más populares, la Jerónima y el zapatero, concluimos la puesta en común de esta excelente obra y nos emplazamos para la próxima convocatoria que coordinará M. y nos comunicará en breve, siendo las 22 horas y cuarenta minutos del cuatro de junio del 2013 en la ciudad de El Puerto de Santa María.

jueves, 14 de marzo de 2013

Club de lectura Durango

La tarde del viernes pasado nos reunimos el Club de Lectura Durango para comentar la novela corta Hablar solos del escritor Andrés Neuman. Gustó esta historia a tres voces, donde el autor de El viajero del siglo teje una trama entre tres personajes, pero donde el dolor y el luto es la temática narrativa.

Desde que leí por primera vez los microrrelatos de Neuman, soy un entusiasta lector de este  prodigioso autor. Siempre es una buena noticia cualquier publicación que lleve su firma; la sorpresa la tienes garantizada.

La nueva novela de este virtuoso talento de la escritura, Hablar solos, trata de un viaje en la carretera de un padre y un hijo, de una madre que sucumbe ante la enfermedad de su marido y la liberación vital con su amante, y una propuesta narrativa: tres voces. La historia de Elena, Mario y Lito es una perturbadora narración que sumerge al lector en una lucha de supervivencia entre la muerte y el sexo, un protagonismo existencial, con las dudas y asombros de los libros leídos que desvela Elena como protagonista de este combate por la vida. Todo un desafío a sus límites morales.

Volvamos al Club Durango de nuevo. Como aquel día fue el primer encuentro del recién nacido club de lectura, todos estábamos expectantes. Gustó a todos esa mezcla de aprendizaje y debate en torno al texto escogido. El resultado albergó renovadas esperanzas para continuar con la actividad iniciada. El nuevo coordinador surgido propondrá el próximo libro y nos emplazará  al siguiente cónclave en días venideros.

Mi amigo Groucho The Tracker colgó la semana pasada en el blog La Piráfula un texto muy interesante del libro  Gabo. Cartas y recuerdos, de Plinio Apuleyo Mendoza. Yo conocía su existencia por el suplemento Babelia. El escrito es una carta que Gabriel García Márquez le envía a Plinio donde relata las exigencias de la novela emprendida: nada más y nada menos que se refiere a la celebérrima Cien años de soledad.

El libro en cuestión lo había ojeado y hojeado posteriormente en la Librería Luna Nueva y sentí curiosidad por sus entrañas. Así que con estas coincidencias lo adquirí y lo leí con devoción. Es una obra muy confidencial y amena; curiosa para quien quiera saber más del mundo de la percepción literaria del nobel colombiano. También es un ejemplar lleno de anécdotas y vivencias interesantes. Aparecen otros nombres de colegas como Cortázar, Vargas Llosa y Juan Goytisolo. Las pocas cartas que componen el texto tienen de por sí un valor testimonial del mundo interior y creativo de Gabo, así como el valor añadido histórico y literario de su publicación.

La carta que Gabo remite a Plinio Apuleyo el 22 de julio de 1967 es todo un alegato del nacimiento de una creación literaria. García Márquez dice: "Lo más difícil es el primer párrafo. Pero antes de intentarlo, hay que conocer la historia tan bien como si fuera una novela que ya uno hubiera leído y que es capaz de sintetizar en una cuartilla..., el arranque te da a ti mismo la totalidad del tono, del estilo, y hasta de la posibilidad de calcular la longitud exacta del libro".

Al final del volumen, cuando Gabo le habla de un cuento de Hemingway, La breve vida feliz de Francis Macomber, concluye que "todos somos Macomber. Todos tenemos que cazar un león. Algunos hemos llegado a hacerlo, pero temblando". Plinio dice que quizás tenga razón: "del miedo nacen los valientes; del fracaso, el triunfo; del infortunio, la dicha".