jueves, 14 de marzo de 2013

Club de lectura Durango

La tarde del viernes pasado nos reunimos el Club de Lectura Durango para comentar la novela corta Hablar solos del escritor Andrés Neuman. Gustó esta historia a tres voces, donde el autor de El viajero del siglo teje una trama entre tres personajes, pero donde el dolor y el luto es la temática narrativa.

Desde que leí por primera vez los microrrelatos de Neuman, soy un entusiasta lector de este  prodigioso autor. Siempre es una buena noticia cualquier publicación que lleve su firma; la sorpresa la tienes garantizada.

La nueva novela de este virtuoso talento de la escritura, Hablar solos, trata de un viaje en la carretera de un padre y un hijo, de una madre que sucumbe ante la enfermedad de su marido y la liberación vital con su amante, y una propuesta narrativa: tres voces. La historia de Elena, Mario y Lito es una perturbadora narración que sumerge al lector en una lucha de supervivencia entre la muerte y el sexo, un protagonismo existencial, con las dudas y asombros de los libros leídos que desvela Elena como protagonista de este combate por la vida. Todo un desafío a sus límites morales.

Volvamos al Club Durango de nuevo. Como aquel día fue el primer encuentro del recién nacido club de lectura, todos estábamos expectantes. Gustó a todos esa mezcla de aprendizaje y debate en torno al texto escogido. El resultado albergó renovadas esperanzas para continuar con la actividad iniciada. El nuevo coordinador surgido propondrá el próximo libro y nos emplazará  al siguiente cónclave en días venideros.

Mi amigo Groucho The Tracker colgó la semana pasada en el blog La Piráfula un texto muy interesante del libro  Gabo. Cartas y recuerdos, de Plinio Apuleyo Mendoza. Yo conocía su existencia por el suplemento Babelia. El escrito es una carta que Gabriel García Márquez le envía a Plinio donde relata las exigencias de la novela emprendida: nada más y nada menos que se refiere a la celebérrima Cien años de soledad.

El libro en cuestión lo había ojeado y hojeado posteriormente en la Librería Luna Nueva y sentí curiosidad por sus entrañas. Así que con estas coincidencias lo adquirí y lo leí con devoción. Es una obra muy confidencial y amena; curiosa para quien quiera saber más del mundo de la percepción literaria del nobel colombiano. También es un ejemplar lleno de anécdotas y vivencias interesantes. Aparecen otros nombres de colegas como Cortázar, Vargas Llosa y Juan Goytisolo. Las pocas cartas que componen el texto tienen de por sí un valor testimonial del mundo interior y creativo de Gabo, así como el valor añadido histórico y literario de su publicación.

La carta que Gabo remite a Plinio Apuleyo el 22 de julio de 1967 es todo un alegato del nacimiento de una creación literaria. García Márquez dice: "Lo más difícil es el primer párrafo. Pero antes de intentarlo, hay que conocer la historia tan bien como si fuera una novela que ya uno hubiera leído y que es capaz de sintetizar en una cuartilla..., el arranque te da a ti mismo la totalidad del tono, del estilo, y hasta de la posibilidad de calcular la longitud exacta del libro".

Al final del volumen, cuando Gabo le habla de un cuento de Hemingway, La breve vida feliz de Francis Macomber, concluye que "todos somos Macomber. Todos tenemos que cazar un león. Algunos hemos llegado a hacerlo, pero temblando". Plinio dice que quizás tenga razón: "del miedo nacen los valientes; del fracaso, el triunfo; del infortunio, la dicha".