martes, 19 de marzo de 2013

Una sátira de la transición y una musa


Sigo con interés la columna avispada de Manuel Vicent en El País. Del autor valenciano leí hace tiempo Tranvía a la Malvarrosa, una novela entretenida y de iniciación entre la adolescencia y juventud que realiza el protagonista hacia la playa de la Malvarrosa y últimamente Aguirre, el magnífico, una novela biografiada de la vida fantasmagórica de Jesús Aguirre. Esta última lectura me dejó un regusto que avivó mi interés literario sobre Vicent.

Ahora he caído de nuevo en sus redes y he terminado una historia ficcionada de un triángulo formado por un príncipe, un político ambicioso y una mujer rubia de ojos azules acuáticos. El azar de la mujer rubia descansa en una crónica novelada de estos tres personajes durante la Transición convulsiva española.

El 17 de julio de 2008, el rey Juan Carlos visita a Adolfo Suárez en su casa de la Florida, en las afueras de Madrid, para entregarle el collar de la insigne Orden del Toisón de Oro. De aquel encuentro queda un documento gráfico impactante donde se ve al monarca echando el brazo por el hombro al primer presidente de la democracia. Suárez había perdido la memoria. Ya no conocía ni las voces de sus allegados y conocidos. El Alzheimer le arrebató sus muchos recuerdos.

Así arranca El azar de la mujer rubia, un artefacto literario que va desde los últimos días de la vida del dictador hasta nuestros días. Manuel Vicent sabe que la literatura no copia, sino que recrea la historia. Y lo hace con la fuerza de uno de los protagonistas fundamentales, Carmen Díez de Rivera, la musa de la transición que ejerció un papel decisivo en la fulgurante carrera política de Suarez y a quien Vicent le da relevancia en la fontanería de la democracia que nacía.

Una historia amena, llena de confidencias y anécdotas. Contada con una pluma clara y acerada, donde la sátira también predomina. En suma, novela evocadora, inteligente, divertida y nostálgica a retazos. El autor concluye con una salvedad a los lectores: “...En esta historia he creado un juego literario entre la realidad y la ficción, cuyas reglas, no me cabe duda, serán comprendidas y aceptadas por cualquier lector agudo”.