viernes, 15 de marzo de 2013

Arquitectura aforística

Toda novedad editorial que abrace el género aforístico me tiene como militante acérrimo. La editorial Tusquets, una de mis favoritas, no solo por la selección de autores acreditados que sostienen su extenso catálogo, sino por el cuidado y atractivo formato de la publicación de sus textos, agradables al tacto, a la vista y al olfato, nos sorprende con la publicación de La arquitectura del aire.

Carlos Marzal reúne en este volumen toda su producción de aforismos hasta el momento. El poeta valenciano continúa con la tradición del aforismo que, a lo largo de la historia, ha sido grande y espléndida en la literatura, con autores como Heráclito, Pascal, Lichtemberg, Nietzsche, hasta llegar a Juan Ramón Jiménez, Bergamín o jóvenes talentos actuales como Benjamín Prado o Andrés Neuman.

Dice el autor que “los aforismos musculan una parte distinta de la anatomía del pensamiento”. Amí me parece que todos los reunidos en este extraordinario  ejemplar brillan por su inteligencia, frescura y por la poesía que encierran. Este punto lírico no falta nunca en la escritura de Marzal. El aforismo aparece establecido en una especie de diario o de autobiografía del pensamiento. Hay por tanto mucha biografía en esta literatura breve. El autor afirma que “escribir aforismos no es dedicarse a un género menor”. Todos los asuntos vitales se abordan en el texto. Y como muestra, algunas perlas certeras y agudas de aperitivo para lectores curiosos e introspectivos:

Tener hijos no es necesario. Es sólo imprescindible”.
Las cicatrices son la caligrafía del dolor”.
Para burlarse de uno hacen falta al menos tres”.
Todos los pronombres posesivos tienen caducidad”.
El amor, a veces, es sólo cuestión de oportunidad, de disponibilidad para amar. Como todo”.