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miércoles, 9 de enero de 2019

Lo que fue ya ha pasado


Muchos desconocen que Alemania quiso y apoyó la transformación de Rusia a través de la revolución bolchevique iniciada en 1917, que la hizo posible, y que en su momento celebró el triunfo de Lenin como propio. Con esta alianza de Alemania con la revolución emergente rusa empezó todo, nos dice Sebastian Haffner en su revelador libro El pacto con el diablo (1988). Solo a partir de este hecho histórico y de su extraordinaria repercusión internacional es posible recapitular las tremendas consecuencias que alcanzó ese diabólico acuerdo que ambos países firmaron, y que originó un ominoso descalabro mundial de tal magnitud, dentro y fuera de sus fronteras, que ocasionó el mayor exterminio de hombres y mujeres de toda la historia jamás conocida en el continente europeo.

Y es a partir de 1933 cuando la historia de Alemania y Rusia se convierte en la historia de un duelo entre dos hombres cortados por un mismo patrón: Hitler y Stalin, que durará doce años. Los dos eran hombres de una fuerza de voluntad descomunal, de grandes dotes políticas, audacia, enorme obstinación y crueldad sin límite; y ambos se habían vuelto todopoderosos en sus respectivos países. Nadie les pondría freno. Solo contaría lo que ellos dictaran y señalaran.

El nuevo libro del poeta, novelista y crítico literario Toni Montesinos (Barcelona, 1972) No habrá muerte (Fórcola, 2018), es un ensayo que se suma a sus trabajos más recientes escritos por el autor en el género en los que destacan obras como El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (2017), Escribir. Leer. Vivir (2017), Melancolía y suicidios literarios (2014) o Los tres dioses chinos (2015). En esta ocasión, bajo el subtítulo de Letras del Gulag y el nazismo, el ensayista repasa y comenta esa época tan demencial, opresiva y sanguinaria del siglo XX, surgida simultáneamente en territorio ruso y alemán, fijando su mirada en la vertiente persecutoria y de aniquilamiento por la que el estalinismo y el régimen nazi sojuzgaron a cientos de artistas y escritores contrarios a la línea política que ellos habían marcado.

Por aquí desfilan figuras literarias de novelistas y poetas rusos de la talla de Boris Pasternak, Aleksandr Solzhenistyn, Joseph Brodsky, Osip Mandelstam o Anna Ajmátova, así como escritores del campo de influencia alemana como Primo Levi, Imre Kertész, Ana Frank, Stefan Zweig o el propio Thomas Mann que resistieron, se exiliaron o se jugaron el pellejo tratando de salvaguardar el sentido de su obra escrita, el sentido de la verdad literaria, conscientes de que la literatura pertenece a todo el mundo y a nadie en particular, y mucho menos al partido del gobierno. Cada uno de ellos encarnó el susurro de la historia que seguirá oyéndose por encima del ruido de los tiempos. Todos evocaron esa máxima silenciosa de que el arte no existe por amor al arte: existe por el bien de la gente.

Por cada uno de sus capítulos, Montesinos va desgranando el destino de los nombres que van apareciendo en el negro escenario político. Pasternak tuvo la valentía de alzar la voz contra la línea editorial del periódico Pravda y defender a otros artistas, así como sentirse orgulloso de ser soviético y escribir una obra del calado de El Doctor Zhivago. Solzhenitsyn hizo lo propio escribiendo una obra descomunal, Archipiélago Gulag, una trilogía sobre su experiencia en la cárcel y su testimonio de incontables torturas padecidas tanto él como cientos de supervivientes confinados en un reducto siberiano bajo la lenta tortura que suponía el frío, el hambre y las calamidades que tuvieron que soportar, agravadas por los trabajos forzados.

La muerte, el gueto, la tortura, el suicidio, la persecución política y los campos de exterminio también están presentes en el lado alemán. Allí, escritores como Levi o Kertész escribirían valiosas obras literarias contando sus experiencias en las entrañas del terror nazi y sus padecimientos en el infierno de Auschwitz y Birkenau. Tanto el uno como el otro se alzaron como iconos de la dignidad y de la conciencia moral del intelectual frente a la barbarie. Dos escritores supervivientes del Holocausto, uno italiano y el otro húngaro, que afrontaron con orgullo y entereza el destino doloroso de sus vidas, estampadas en dos de sus mejores obras: Si esto es un hombre y Sin destino, respectivamente.

Este libro de Montesinos es un viaje al abismo de una época tenebrosa y terrible de la historia aún cercana del viejo continente de la que la memoria todavía no se ha repuesto. Una época en la que la persecución y la ignominia totalitaria tenían sus maneras de destruir la vida de sus adversarios, desde los poderes del Estado, mediante la delación, el apresamiento, la tortura y la muerte.

No habrá muerte es un título esperanzador extraído de El doctor Zhivago, un ensayo debidamente documentado, ameno y bien urdido que articula la vida intelectual de los protagonistas que aparecen por sus páginas, gente señalada y perseguida por las dos grandes dictaduras que marcaron el siglo XX, que interpela profusamente sobre el valor de la dignidad humana, y que pone su acento en el testimonio de grandes escritores que lucharon por no perder la esperanza en la humanidad, con esa emoción y libertad debilitada, la que cada uno pudo sobrellevar con orgullo y valentía. Muchos de ellos aprendieron a morir, igualmente, tal como aprendieron a no servir a la barbarie y a la mentira.

martes, 25 de junio de 2013

Un muchacho en el vendaval de la historia


Hace tres meses, recien nacido este cuaderno de bitácora, comenté un libro de Heinrich Böll (Colonia, 1917 – Langenbroich, 1985), se trataba de una de sus obras más famosas, El honor perdido de Katharina Blum. Böll pertenece al grupo de escritores de la llamada literatura de los escombros” o Trümmerliteratur que surgió inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, herederos de un mundo derrumbado y marcados por un realismo insobornable. 

La fecha del 30 de enero de 1939 es la elegida por Hindenburg, el presidente de la República de Weimar, ya caduco y manipulado, para designar canciller a Hitler. Böll tenía entonces quince años. Pero, ¿qué será de este muchacho? es un testimonio de un adolescente de Colonia. Un texto escrito por el novelista de Renania en 1981, nueve años posterior a la obtención del premio Nobel de Literatura, en el que narra cómo vivió aquellos años de incipiente juventud bajo el régimen nazi. Aunque el autor de Opiniones de un payaso pone más énfasis en su vida cotidiana: su desapego a la escuela no le resta interés por el Latín y las Matemáticas. Adoraba la lengua de Juvenal. Las aventuras para conseguir cigarrillos de contrabando las compaginaba con sus primeras experiencias con chicas. Pero lo que realmente marcaría su destino fue pasión, cada vez mayor, por los libros. Así, en una mirada retrospectiva, cuando sucede la designación de Hitler al directorio de Alemania, este adolescente está en cama, afectado por una fuerte gripe. Es un compañero de clase quien le trae la noticia a la cama, mientras leía a Jack London. Posteriormente, el joven Böll se sumergió en otras lecturas de escritores europeos, como Mauriac, Bernanos, Chesterton, Dickens y Dostoievski.

Böll, en apenas cien páginas, retrocede en el tiempo para contarnos con grandes dosis de ironía, sin caer en sentimentalismos, cómo fueron sus años adolescentes, sin resquemor, poniendo, incluso, un poco de humor para contrarrestar una de las épocas más convulsas del pasado siglo. La escuela le sirve de referente y excusa para describir el contexto en el que se desarrolló su pubertad. En el hogar, el lector percibe la alergia de sus miembros a todo lo relacionado con los nazis, la familia se postula como católica convencida, hostigada por las estrecheces económicas que asola a toda Alemania, refutando el llamado milagro alemán tan en boca de sus dirigentes.



Pero ¿qué será de este muchacho? es un libro fragmentario, breve y ajustado, que da testimonio del devastador ascenso del nazismo, desde la vivencia de una familia normal de aquella Colonia burguesa, a través de la mirada de un muchacho inmerso en el vendaval de la historia, que luego llegaría a ser el escritor necesario para contárnoslo.