viernes, 28 de abril de 2017

Dentro y fuera de San Cayetano

El fundamento de todo escritor no es otro que contar una historia. Lo hace el poeta, el historiador, el biógrafo. Expresado con otras palabras, se puede decir que, incluso, para el ensayista, el motivo es penetrar en la parte más profunda de la conciencia. Y no creo, como diría Julio Ramón Ribeyro, que para escribir una historia sea necesario irse a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es sencillamente el foco más propicio para contar algo de lo que se fragua dentro y fuera del mundo en que vivimos.

La nueva entrega de relatos de Maite Núñez (Barcelona, 1966) tiene precisamente ese anhelo y esa determinación. La mayoría de la gente distraída no acierta a ver lo que sucede a su alrededor, pero para un escritor esta observancia conforma el laboratorio primigenio para extraer cualquier historia latente que aguarda su luz. Mantener los ojos abiertos es el modo imprescindible para que el milagro suceda y alumbre. Y en ese imaginario se encuentra San Cayetano, el escenario donde ocurre el drama de cada uno de los cuentos escritos por la autora catalana. En esta ocasión, a diferencia de Cosas que decidir mientras se hace la cena (2015), el lugar donde sucede lo que se cuenta es tan protagonista como los personajes que lo habitan. La razón fundamental es que si en el primer libro los relatos surgen todos dentro del ámbito doméstico, en Todo lo que ya no íbamos a necesitar (Editorial Base, 2017) el conflicto de cada relato tiene lugar en el exterior, fuera del hogar, aunque inevitablemente se aloje y crezca luego en su interior.

No son doce historias ante el patíbulo, no. Los relatos de Núñez deben su vitalidad enteramente a la expresión dramática de cada narración, donde el verdadero drama es el drama del alma de sus protagonistas, unos inadaptados al fin y al cabo ante la ausencia, la pérdida y la contrariedad sobrevenida. Doce historias que nos sumergen en un universo cotidiano en el que cabe todo tipo de personas, mayormente gente corriente, pero todas vulnerables ante lo imprevisto y lo malogrado. La autora incorpora con sutileza e intencionalidad el uso de los objetos en muchas de sus historias que determinarán en gran medida el devenir de las vidas de sus personajes: desde una cuna vacía en el tiempo o una lavadora averiada, hasta los acuciantes papeles contables de una empresa. Pero lo que verdaderamente se percibe entre los seres que habitan estos cuentos de Todo lo que ya no íbamos a necesitar ya es que hay madres, algunas ausentes, que desatienden a sus hijos, otras con la que es imposible contar para nada, y no pocas angustiadas por su trabajo. En otro relato encontramos a una mujer aturdida bajo la disyuntiva de ser madre o no. En No tengas miedo, el relato más breve y tierno de la colección, otra madre deplora haber mentido a su hija pequeña sobre la muerte de su gatito. En Es por tu bien un hijo se debate ante el dilema de llevar a su madre, una mujer trastornada y mayor, a un geriátrico o seguir cuidándola en casa frente a la oposición de su esposa.

Habría que comprender que hay cosas en la vida de los seres que transitan por estas historias que ponen en entredicho la validez de dichas vidas: desesperanzas, miedos, incertidumbres, dolor, conciencia y miedo. Sin embargo, están decididos a cambiar el rumbo de sus desdichas o, al menos, lo intentan. El lector percibe que lo que se entreteje en el sentido de cada una de sus vidas no consiste solo en asumir sus percances, sino en la actitud de sacrificarlas o relegarlas a un segundo plano.

Maite Núñez retrata una serie de mujeres jóvenes y no tan jóvenes de nuestro tiempo, seres solitarios y perdidos, aunque vivan en pareja. Mujeres al borde del abismo que tratan de aprender a sobreponerse de sus decepciones y pérdidas, casi siempre con la sensación de encontrarse en el lugar equivocado, de no ser las verdaderas artífices de su destino, como si la vida les hubiera escamoteado muchos de sus anhelos e ilusiones.

Se trata de doce relatos demoledores en los que la autora va alternando la voz narrativa en primera persona y la insinuante voz en tercera persona, dos miradas estilísticas que hablan mucho y bien de una autora de corta trayectoria, pero de sobrado oficio, que sabe manejarse con maestría en ese terreno del cuento, en el que la contención, la intensidad y la originalidad son tan determinantes.


La gran pregunta que subyace en Todo lo que ya no íbamos a necesitar, acudiendo a las preclaras palabras de la escritora Grace Paley, es “cómo tenemos que vivir nuestras vidas”. Desde esa convicción, desde la sinceridad aplastante con que concibe su forma de escribir y su particular visión del mundo, Maite Núñez se va haciendo un hueco en este bosque tan exigente y variado que conforma la narrativa breve. A los que nos gusta el género lo celebramos vivamente.