martes, 11 de abril de 2017

El mal oculto

El escritor de suspense puede mejorar su suerte y la reputación de este género, escribe Patricia Highsmith, autora de referencia de la novela negra, utilizando en sus libros las cualidades que siempre han hecho que la novelas sean buenas: intuición, carácter, y apertura de nuevos horizontes para la imaginación del lector.

Canción dulce (Cabaret Voltaire, 2017), galardonada con el Premio Goncourt de 2016, reúne esas características señaladas por la maestra norteamericana del género, un thriller psicológico muy bien construido donde lo aciago lo pervertirá todo en tragedia. Su autora, la escritora y periodista Leila Slimani (Rabat, 1981) aborda en este estupendo libro de suspense los entresijos de un hogar habitado por una pareja de jóvenes casados y con dos hijos: un bebe y una niña pequeña, que buscan denodadamente una niñera para el cuidado de sus pequeños y, así, poder dedicarse sin límite al trabajo que ambos profesan. Paul es agente y productor musical y Myriam, de origen marroquí, ejerce de ayudante de un prestigioso bufete de abogados. Después de algunas entrevistas, habiendo descartado de común acuerdo cualquier prototipo de niñera de origen africano o magrebí, la pareja decide contratar los servicios de Louise, una candidata de tez blanca, de apenas cuarenta años y aspecto juvenil, cuya aparición milagrosa les encandila totalmente a los dos. El destino parece que les ha complacido y los niños lo celebran igualmente.

Desde el primer momento Mila simpatiza con la niñera y el pequeño Adam parece aceptar con regocijo la presencia de la intrusa que sus padres han traído a casa. Louise, por su parte, no solo se dedica a los cuidados precisos de los niños, sino que atiende con diligencia y primor los menesteres propios de la casa, como la comida y la limpieza del hogar. Saca tiempo para arreglar los desperfectos domésticos e, incluso, se atreve a trastocar el orden establecido de las cosas para extrañeza y júbilo del matrimonio, sin echar cuenta del horario ni del dinero pactado. Poco a poco, la narradora irá desvelando secretos íntimos de la niñera. Nadie sospecha a qué obedece esa pena oculta que guarda dentro de sí, esa insatisfacción que la inunda. Louise recela de su entorno. Enviudó hace tiempo y su hija de veinte años anda perdida y alejada de su vida. En el apartamento donde vive, el desorden es un hecho aceptado y la desolación su misma consecuencia. El lector está preparado para todo lo que puede venir porque ya conoce desde el inicio de la novela el crimen perpetrado. Slimani juega con la intriga y la administra eficazmente para que se vaya conociendo mejor la mente criminal que encierra el alma de su personaje y, consecuentemente, Louise ya no pondrá reparos en dar rienda suelta a su lado oscuro, hasta precipitar su delirio al abismo de la fatalidad que se le aproxima.

Esta es una novela que atrapa y se lee casi sin aliento, un relato implacable que sobrecoge. Contrariamente a lo que estamos acostumbrados como lectores en el desarrollo de una novela negra, aquí no hay investigación que se lleve a cabo, porque el crimen está servido desde el principio. A partir de esa terrible presentación, la autora hábilmente utiliza como vuelta al pasado el recurso del flashback para desarrollar la trama narrativa establecida.

Canción dulce, por otra parte, es un relato poderoso y ameno, bajo una traducción primorosa a cargo de Malika Embarek, escrito con una prosa seca, desnuda y precisa en el que se describe también, con sutileza, el lado equivocado del funcionamiento sociológico de cualquier matrimonio moderno y pequeño burgués cuyos miembros andan enredados y sujetos a la dependencia y subordinación de sus carreras profesionales. En medio de un escenario parisino y de aparente normalidad, tan propio de los tiempos que corren, la novela analiza las contradicciones y prejuicios de la sociedad actual a través de una historia pavorosa protagonizada por una niñera atormentada y asesina.


Leila Slimani firma un brillante relato de intriga que da oxígeno a un subgénero literario tan prolífico en la actualidad y, a su vez, tan denostado y cuestionado por la crítica y un sector importante del público entusiasta de la novela negra, debido a la reiteración argumentativa y a la dudosa calidad artística de muchas de sus propuestas, lo que viene a confirmar que, cuando la calidad literaria se impone, no hay razón alguna para desconfiar del género, algo que siempre agradece el lector exigente, tan contrario a que le den gato por liebre.