martes, 14 de octubre de 2014

Un capricho literario


Al comienzo de la obra de Juan Ramón Jiménez, allá por el año 1902, las influencias de Becquer y el modernismo incipiente de Rubén Darío, explican la importancia que estos dos maestros ejercieron en su trayectoria literaria. Cuando Rubén Darío, que sabía ver las cosas y las gentes con gran ojo crítico, le dijo al joven poeta de Moguer: “usted va por dentro”, a los pocos días de conocerlo, estaba ya deslindando el terreno e insinuando el camino de su exitosa carrera literaria: “Usted irá por dentro, porque ese es su destino”. Ir por dentro significa, en la poesía universal, ser fiel a uno mismo y tener el buen sentido para escribir de todo lo que pasa a nuestro lado. Cuando sabes escribir todo eso, el hombre ya es más que hombre sin dejar de serlo: es el poeta, el intérprete verbal del universo.

En 1904, el joven poeta andaluz recibió una carta de Perú en la que la señorita Georgina Hübner le declaraba su admiración y le solicitaba algunos de sus libros, imposibles de conseguir en Lima, su lugar natal y de residencia.

A partir de esta anécdota real ocurrida a nuestro extraordinario intérprete de la poesía universal, el joven escritor cántabro Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) monta un artefacto divertido para relatarnos la broma literaria llevada a cabo por dos jóvenes letraheridos, con ínfulas poéticas, y empleados de oficina. Uno de ellos, José Gálvez Barrenechea, ejercía ciertamente de poeta, el otro, cómplice del engaño, Carlos Rodríguez Hübner, impulsor de la inexistente Georgina Hübner, jugaba un papel de instigador de la travesura, con el fin de conseguir los libros del bardo español autografiados. En la novela, este personaje está construido desde la inventiva del autor y es, quizá, el que más trasciende a los ojos del lector.

La novela El cielo de Lima (Salto de Página, 2014) transita por estos entresijos de la correspondencia entre la joven Giorgina y Juan Ramón Jiménez que derivará en un romance trasatlántico cada vez más íntimo. El poeta andaluz se enamora y al final dedica una de sus memorables elegías bajo el título: Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima, una musa inventada y urdida por dos admiradores peruanos que buscaban mantener una relación epistolar con el Nobel.

Juan Gómez Bárcena, un autor henchido de lozanía, se vale de esta historia para construir su obra con la maestría de escritor curtido en lecturas y con la astucia pícara de trasladar a sus dos impostores protagonistas el ardid de escribir una novela. Con este propósito, Gómez Bárcena proyecta una novela sobre los cimientos de la creación de otra que derivará en un juego ameno y metaliterario, donde los personajes se convierten a su vez en artífices del invento. Un reto que, a mi juicio, solventa con autoridad y habilidad narrativa el escritor santanderino.


Gómez Bárcena ha escrito una novela tragicómica, entre la realidad y la ficción, que lleva en volandas al lector por los linderos literarios del juego de la imaginación, gracias al tono evocador y emotivo que la trama narrativa surge desde la propia literatura, hasta el capítulo final, colofón de un poema.

El cielo de Lima es el resultado de una novela moderna, estructurada en capítulos cortos, con mucho diálogo interconectado con la voz del narrador y desde la óptica clásica de unos personajes que tratan de recrear en su esencia una musa inspiradora. Sin embargo, todo se reconduce desde el discurso y la interpretación que su creador atorga al doble juego de la ficción: la verdad de la mentira.

En definitiva, Gómez Bárcena sorprende con una novela entretenida y literariamente ambiciosa, escrita con desenfado y frescura: un capricho literario, orquestado entre la ficción y la realidad, para revivir una invención poética de principios del siglo XX.