viernes, 10 de octubre de 2014

Altura y hondura


Tres de los grandes escritores británicos de las últimas décadas, me refiero a Martin Amis, Ian McEwan y Julian Barnes, regresan a las librerías con sus nuevas propuestas. Tres ases que en España tienen un largo recorrido gracias al sello mayonesa de Anagrama que, practicamente, ha publicado todas sus obras. El libro de Amis, sin embargo, está previsto que salte a los escaparates el próximo año con el título de Zona de interés, una historia sobre el Holocausto y viene cargada de polémica porque en Francia y Alemania rechazaron su publicación. En cambio, McEwan vendrá con La ley de la infancia, un relato que arranca una tarde de domingo en la casa de una jueza que aparenta llevar una vida apacible..., pero no tengo datos de cuándo entrará en el catálogo de Herralde, de manera que estaremos al acecho. El que sí se ha estrenado ya este mes de octubre ha sido Julian Barnes (Leicester, 1946) con Niveles de vida (Anagrama, 2014).

El autor de El loro de Flaubert aterriza, nunca mejor dicho, con una obra pertrechada desde las alturas de la ficción hasta la hondura de la memoria, desde el cielo de globos aerostáticos hasta el abismo de la pérdida.

Niveles de vida es un texto ameno, con tres piezas literarias cortas que hablan de los retos de vivir, del amor que todo lo desborda y del dolor de la pérdida. En El pecado de la altura y En lo llano, Barnes traza dos crónicas sobre la conquista de los cielos por aquellos pioneros del siglo XIX que iniciaron la aventura de la navegación aerostática en las que aparecen la actriz Sarah Bernhardt, el intrépido aventurero Fred Burnaby y el fotógrafo Gaspar Féliz Tournachon, alias Nadar. “Vivimos a ras de suelo, -dice el narrador- en lo llano, y sin embargo aspiramos a elevarnos. Terrestres, a veces ascendemos tan alto como los dioses. Algunos se elevan por medio del arte, otros con la religión; la mayoría con el amor. Pero al elevarnos también podemos caer en picado. Hay pocos aterrizajes suaves”(pág. 49). Y, acto seguido, enlaza con su historia privada y afirma: “Cada historia de amor es en potencia una historia de aflicción. Si no al principio, más tarde. Si no para uno, para el otro. A veces para ambos” (pág. 50).

La pérdida de profundidad corresponde a la tercera pieza del libro y es aquí donde Barnes despliega, sorprendentemente, con una claridad literaria y sentimental poco habitual en su estilo, su ajuste de cuentas, el duelo que palpita en su pluma cuando aborda la muerte de su mujer y agente literario Pat Kavanagh, fallecida en el año 2008, al mes siguiente de que se le diagnosticara un tumor cerebral.

Viene a decirnos el creador de Arhur & George que el duelo te empuja a entrar en una geografía con mapas que marcan una nueva cartografía en tu vida, un camino nuevo por donde lastrar la pena, porque no se puede acelerar el duelo (You can't hurry grief), lleva su tiempo. Barnes confiesa que contempló el suicidio tras la pérdida irreparable de su esposa.

Julian Barnes ya tocó literariamente el tema de la muerte con El sentido de un final (Anagrama, 2012), una historia trágica y de suspense, así como en Nada que temer (Anagrama, 2010 ), un libro irónico de memoria familiar en el que reflexiona sobre la condición religiosa y mortal del hombre. En Niveles de vida, el dolor de la pérdida va más allá, hasta refractarlo en el mismo nervio de la escritura, a modo de confesión directa y sentida reflexión.

Cuando lees un buen libro no escapas de la vida, sino que te sumerges más profundamente en ella. La lectura y la vida no están separadas, son simbióticas. El libro de Barnes es una buena oportunidad para comprobralo, a pesar de que su artefacto literario pueda parecer una obra menor, pero nada desdeñable, porque Niveles de vida goza de altura y hondura.