domingo, 26 de enero de 2014

Cuaderno literario



Releer a Vila-Matas es leerlo por primera vez, al menos eso sentí al volver a su Dietario voluble: recordaba frases enteras que tenía subrayadas en el ejemplar, reflexiones y citas de autores que compartíamos, pero mientras duraba la lectura, los recuerdos ganaban precisión, la novedad de la frase recuperada, la contingencia de leer ahora, despues de cinco años, este diario literario inclasificable, recobraba vida.

Supongo algo parecido sucede siempre al releer, que por eso mismo releemos la obra de un escritor admirado, porque estos fundamentos de admiración se reformulan al regresar a sus textos y construímos recuerdos nuevos que también parecen definitivos.

Enrique Vila-Matas ocupa un lugar privilegiado en la narrativa española y se debe en gran medida por ese dominio de lo diverso y ese hacer creativo tan fértil y genuino suyo. Algunos críticos inciden en que lo extraordinario de Vila-Matas es que hace ya tiempo dejó de ser escritor a secas para convertirse en género literario. Y esto, que parece un elogio exagerado, toma cuerpo desde Bartleby y compañía, que también releí: un libro efervescente de literatura y vida. Pero es aquí, en Dietario voluble, donde el barcelonés alcanza el punto álgido de su incesante búsqueda de nuevos territorios literarios. Es en este cuaderno, que abarca de diciembre de 2005 a abril del 2008, encontramos sus anotaciones personales más entusiastas y reflexivas sobre su universo literario y sus inquietudes creativas; una reelaboración de sus artículos periodísticos publicados en El País en una nueva estructura más autobiográfica y salpicada con guiños a otros diarios de autores de la talla de Pavese, Gide o Kafka. Dietario voluble es un libro que nos revela algunas claves sobre el escritor catalán y su tarea literaria, y mucho más, porque esta bitácora es también un libro de viajes, crónica y ensayo, un coctel muy sugerente que ofrece estampas de escritores de su gusto, como Pitol, Sebald, Coetzee, Magris... Un libro sobre libros y escritores, sobre cómo un ser es capaz de transformarse en otro extraño ser, enfermo de literatura. Esa obsesión con los escritores le viene porque simpatiza con los buenos, es decir, con los verdaderos, porque conoce lo difícil que es ser un buen escritor, un escritor auténtico, que une literatura y vida, que hace de la literatura un destino, como sus admirados: Kafka, Mallarmé, Joyce, hombres para los que la vida apenas era concebible fuera de la literatura.

La escritura, como vocación, nos viene a decir Vila-Matas, no admite templanza, sino pasión: es el proceso de escribir propiamente dicho el que permite al autor descubrir lo que quiere decir, sin olvidarse de advertirnos que: ningún escritor es bueno hasta que aprende a corregir. Pero atención: tampoco corregir es tan fácil como a primera vista puede pensarse.

Enrique Vila-Matas ha dejado de ser, desde hace ya muchos años, la gran incógnita de la literatura española para convertirse en un autor de referencia obligada, que rehuye la entrevista y los flashes y que milita en el territorio de la soledad y el silencio, como apostillaba Bioy Casares: los escritores son interesantes por escrito y no por hablado.



Dietario voluble, publicado por Anagrama en 2008 es un texto fragmentario formidable. Un libro que hace gala de la esencia de un escritor único y diferente, propulsor de la cita literaria, letraherido hasta las trancas y que, desde su fuero interno, no soporta a los falsos escritores, porque para él, como para Michon y Meléndez Salmón, la literatura no es un oficio, es una enfermedad y uno escribe para intentar curarse porque está infectado.