martes, 7 de enero de 2014

Un palíndromo policial


Leí hace dos años Campo de amapolas blancas, una novela breve y extraordinaria de Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalar, 1950), una historia conmovedora escrita en primera persona donde lo más importante es el tono tan original en que está contada. A partir de ese primer encuentro con el escritor extremeño me sumergí en Conversación, un libro de relatos repleto de confidencias y secretos.

Acabo de culminar La sed de sal, lo último de la producción narrativa de Bayal, publicado en Tusquets, el mismo sello editorial de sus anteriores obras. En esta ocasión, Hidalgo Bayal propone con este sorprendente título una novela de intriga en la que un hombre llamado Travel inicia un viaje hacia la región de Murania tan solo con una mochila sobre sus espaldas. Y en ese periplo por los alrededores de Murania es cuando surge el pasado que nunca se va y es cuando el protagonista inicia un relato que a todas luces se traduce paradógicamente en una pesadilla kafkiana, en el que Travel se ve inculpado en un crimen que no cometió. Bayal recrea con solvencia la situación desesperada de la detención de su personaje, un hombre atribulado por el pesimismo y la desdicha.

Aparece como un leit-motiv cinematográfico el sentido lingüístico característico de Gonzalo Hidalgo que gusta de la frase hecha para evocar las situaciones de soledad y desasosiego de su protagonista, incluso con tintes humorísticos: “rimes y diretes”, “nosotros, vosotros, losotros”, “etcé, eceté”, o cuando se refiere a la expresión duplicada de la conciencia con esta contundencia: “somos seres viceversos”, lo mismo que lo son otros personajes dispares que aparecen a lo largo del relato, como Zotalito o Noel León (otro palíndromo caprichoso) para dar juego a ese fingido guion de cine que supone esta novela aguda y brillante. La sed de sal tiene una envoltura de novela negra y un trasfondo existencial que transcurre en el calabozo de un pueblo y que se mantiene con fuerza entre las manos del lector gracias a su prosa elevada y a la incertidumbre de la trama. Y es esa incertidumbre reflexiva del protagonista la que urde un entramado sobre la condición humana y sus consecuencias.



Bayal refleja una prosa intensa y poética, como si tamizara las palabras buscando la concordancia del sonido, hasta que la frase suene bien. En ese culteranismo clásico es donde se encuentra la fortaleza de la escritura del cacereño y, quizás también, su punto débil. Gonzalo Hidalgo Bayal es un narrador que desarrolla su quehacer literario con una personalidad bien diferenciada, especialmente en lo relativo al cuidado de la prosa y la reflexión, pero con una tendencia especial a la paradoja.

La sed de sal es un thriller que más bien trata sobre la exculpación de un inocente. Bayal es un escritor que busca la excelencia en la escritura e invita a la lectura reflexiva, como lo hace con garra y convicción el narrador al concluir su desventura: Sólo la sed mueve al mundo. Tenemos sed y no sabemos de qué. Por eso somos infelices.