jueves, 10 de noviembre de 2016

Abundancia poética y meditativa

No hay dicha mayor para un lector que haber estado ocupado libremente un tiempo entre las páginas de un buen libro. Si se lee por placer hay que obedecer a las leyes del placer, la primera de las cuales, y tal vez la única, es la ley de la libertad. Cuando llega el hallazgo de ese gran momento que otorga la lectura cálida de ese buen libro, lo que ocurre es algo parecido a la sensación urgente de un rescate, de una oportunidad propicia que, aunque no certifique salvación de nada, atisba posibilidades de recompensa.

Los libros, por tanto, nunca son libros a secas: siempre son buenos o malos, o se sitúan en la extensa medianía. La literatura, en cualquiera de sus géneros y formatos, está ahí para descubrirse y ser juzgada por el lector. La buena literatura abre los ojos y abre caminos llenos de incertidumbre, y por eso es lo más parecido a la vida.

El lector que se adentre en este libro que mostramos hoy en el blog podrá entender lo dicho anteriormente e, incluso, podrá justificar el interés desplegado por su editor, Andreu Jaume, en el preámbulo. Poesía reunida. Aforismos (Lumen, 2016) conforma un volumen en el que podemos encontrar suficiente rescoldo filosófico a los asuntos candentes de la vida, expuestos en poemas indagatorios o en minúsculas breverías. Aquí se aglutina, por ende, la trayectoria poética y meditativa de Ramón Andrés (Pamplona, 1955) dispuesto en dos bloques bien complementarios: sus poemas y sus sentencias. Es un libro hermoso y sabio, editado con primor y con mucho gusto, que ofrece diálogo e introspección en abundancia.

Andrés, además de poeta y aforista, es músico, especialista en Bach y Mozart, entre otros compositores, autor del Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012), un libro revelador y curiosísimo. En este mismo género ensayístico cuenta también con incursiones en el territorio de la filosofía y el pensamiento, y también escritos sobre la literatura espiritual europea y española, como es el caso de No sufrir compañía (2010), un tratado, a su vez, sobre la mística del silencio.

El libro se divide en dos partes: la primera es un compendio de su poesía inédita y la ya publicada con anterioridad, y la segunda está dedicada íntegramente a los aforismos, con tres secciones bien diferenciadas, como expongo más adelante.

La voz que transita por su poesía concita a la reflexión y a la quietud: “Quien empieza a escribir este poema/ y el que va a terminarlo/ no son el mismo hombre./ No lo serán, ni en el tiempo,/ ni en el espacio”, escribe el navarro. Y en otro poema más existencialista si cabe, titulado Siempre Génesis, que además pone nombre a su último libro, subraya: “No haber engendrado/ también es dar./ Nadie pasa sin haber legado, nadie/ carece de sonido./ No hay yermo estéril si alguien lo mira”... En otros, la naturaleza y el origen de sus versos tienen como escenario su tierra natal y el territorio vasco, como se muestra claramente en Faro de Selokozulua, Para mirar desde el monte Larrún o Puerto de Mundaka.

La segunda parte del volumen ofrece toda su producción aforística: Puntos de fuga (2012-2015), Malas raíces (2010-2015) y Los extremos (Lumen, 2011), una amplia profusión de frases felices, verdades irónicas y burlas sublimes. Andrés se mueve por este género con audacia, sin escurrirse hacia la ocurrencia fácil, ni caer en la máxima ampulosa. El énfasis de sus hallazgos lo ponen sus vislumbres filosóficas extraídas de lo cotidiano: “El mundo no nos puede sacar de dudas, un libro tal vez sí”, alumbra en una de ellos. “La muerte no está al final de la vida; está en su centro”, apunta en otra. “Pensar significa, casi siempre, apropiarse”, subraya con mimo. Y en esta: “Los errores fundamentales del género humano son la base de nuestras verdades”, rescata otra verdad filosófica, o bien suelta una perla lapidaria como esta: “Un buen libro es siempre una impugnación”. Por otro lado, conviene destacar la singularidad de los aforismos reunidos en Malas raíces, todo un ejercicio etimológico encomiable, divertido y perspicaz. Más allá de desmenuzar el origen de las palabras sometidas a reflexión y sentencia, Ramón Andrés se acerca certeramente y con gusto a las etimologías eruditas y populares de sus hallazgos.

La poesía y los aforismos reunidos en este libro está en consonancia con ese espíritu propio mostrado por el autor en su obra ensayística, es decir, en ambos casos, el poeta se interesa en indagar lo secreto, explorar el pensamiento desde el silencio y poner razón poética en todo lo aprehendido.

En un mundo donde todo debe cumplir una función, también tenemos necesidad de lo inútil, de la literatura, como evasión y entretenimiento, como introspección y diálogo. Persistir en ello es abastecerse de buenas lecturas. Este libro precisamente va en esa dirección.