jueves, 18 de diciembre de 2014

Monodosis literarias


Todos sabemos que el término columna tiene varias acepciones. Cuando se refiere al ámbito de la arquitectura es un soporte vertical que sostiene el peso de una estructura. El concepto, además, se utiliza para referirse a un monumento conmemorativo. Bien distinto es la columna militar, una formación ordenada en marcha que ya se utilizaba en tiempos de las centurias romanas. En el periodismo, el término columna se ciñe al artículo de opinión. El columnista, una especie de malabarista con las ideas y las palabras, hace hincapié con su punto de vista en un tema concreto o de asunto general. Manuel Vicent (Vilavella, Castellón, 1936), un veterano soldado de estas lides y arquitecto de memorables artículos, es un referente de este oficio de ayer y hoy de indiscutible utilidad social. El columnismo de Vicent tiene que ver con la literatura de ayer de Larra, Azorín, Julio Camba... y la de sus coetáneos Umbral, Vázquez Montalbán o Juan José Millás. Pertenece a este elenco de escritores que saben que el jugo de la columna está en la forma y el fondo, un producto literario para un público amplio y que lee con prisas, con un párrafo final que quiere dejar huella.

El sello Círculo de Tiza, una editorial de reciente estreno, presenta Radical libre (Septiembre, 2014), un libro que recopila los mejores artículos publicados por el autor de El azar de la mujer rubia (2013) en la contraportada del periódico El Páis durante los últimos años. Escritor, periodista y cronista de la actualidad, Manuel Vicent compagina sus actividades literarias con la de galerista de arte, otra de sus pasiones.

Vicent, un radical libre con instinto de conservación, es un periodista que huye del apocalipsis, que cree en la supervivencia del hombre y en el rearme de la ciudadanía como condición necesaria para avanzar, le gusta subrayar que seguir vivos es la victoria, y rebatir cualquier conformismo, haciéndolo con maestría, gracias a su acerada escritura, un bisturí que disecciona el universo a base de tajos para desentrañar sus mentiras. Para él, una columna perfecta es aquella que es leída completa por el lector, que atrapa desde el inicio y que al final da un giro que hace que uno vea las cosas desde otro punto de vista.

Radical libre encierra 148 monodosis literarias de miradas y reflexiones sobre la actualidad y la vida. Leerlas es remojarse de ironía, melancolía, literatura y transcendencia. Las columnas del castellonés contienen historias estructuradas en cuarenta líneas, las suficientes para elaborar un relato o un cuento de la realidad palpitante, casi sin adjetivar, tan sólo con la musculatura y regusto del verbo y sustantivo.

Manuel Vicent lleva décadas retratando el presente con la maestría y elegancia de los grandes, aunando la calidad literaria con la rotundidad de sus opiniones, engarzando la imaginación artística con la realidad ideológica o sentimental, desde lo cotidiano a lo elevado, combinando lo racional con el sinsentido de las cosas, lo trascendente con el descreimiento del mundo. Sabe que de nada sirve la información desnuda si no se utiliza para relacionar, explicar y juzgar realidades. Y el columnista es un escritor que juzga.

Los textos reúnidos en Radical libre resumen el pensamiento de un periodista curtido en este género, un oficio que requiere temple como el toreo y tino como el arte de la cetrería para comprimir una historia en el marco de unas líneas incisivas y darnos las pistas necesarias para hacernos reflexionar sobre los acontecimientos de la vida.

Sin duda, la columna de Manuel Vicent es una cita obligada para el lector que se precie de curioso y conspicuo porque el periodista levantino ofrece momentos memorables en fragmentos que deambulan por la actualidad a base de metáforas y, en eso, es un experto, un hábil cronista de grandes sucesos y menudencias cotidianas que piden ser vistas de manera distinta, una voz que cada domingo sigue alumbrándonos como los buenos columnistas de antaño.