viernes, 13 de febrero de 2026

Poética espiritual


La parcela que el lector prefiere labrar durante la lectura de un libro no es el terreno que está entre lo escrito y su autor, sino el que está entre lo leído y uno mismo. Dice Antonio Basanta en su jugoso libro, Leer contra la nada, que leer es una manera de ser y de estar en la vida, una forma de entendernos con la vida, nunca ajena a la emoción, al asombro, a la sorpresa. Para muchos de nosotros, la literatura atrae como manera de pensar, como conciencia, perplejidad y búsqueda de entendimiento. Por eso nos gustan las obras que se concentran no sólo página a página, sino renglón a renglón, como en una extensa conversación en aquello que realmente interesa al escritor y se prestan también a tenernos en cuenta.

Misterio y fe (Debate, 2025) no es una obra de ficción como nos tiene acostumbrado el escritor noruego Jon Fosse, sino una larga conversación en forma de entrevista con el teólogo Eskil Skjelda que funciona casi como una autobiografía y como una poética literaria y espiritual. Confiesa Skjelda, en la introducción del libro, que llevaba tiempo esperando que Fosse le hablara de Dios, ya que de siempre percibió el tono espiritual de su escritura: Pero en sus textos hay algo más –resalta–, algo inefable para lo que no encuentro otro término que «misticismo»”. Nos conmina a descubrir, a lo largo de sus respuestas, que esa fe que lleva consigo está muy marcada por la vida intensa que ha llevado, llena de ciertas contradicciones que lo empujaron a perder la fe en Dios y en sí mismo.

El libro es un recorrido de la biografía espiritual de Fosse, desde su alejamiento y posterior regreso a encardinar una visión religiosa del mundo, hasta su conversión al catolicismo. Estas vivencias a las que alude en el libro le enseñaron a encontrarse con el cristianismo y con la verdad que había intuido en su propio cuerpo y en su mente: “era una verdad que no tenía nada que ver con las palabras, y aún menos con la salvación y el infierno, con el haz esto y no hagas lo otro”. Mucho antes, Fosse ya hablaba en sus libros de su escritura como una especie de oración, de centralidad del silencio, de la experiencia directa de Dios y de la aceptación de las contradicciones que había detectado como núcleo, tanto de la fe como del arte, reconociendo la marca de su ascendencia familiar cuáquera, en su estilo sobrio y meditativo: “Creo que se llega más cerca de Dios en el callar que en el hablar, en el silencio que en la charla”, responde.

Él mismo abunda en esto y explica a lo largo del libro cómo pasó del ateísmo a una forma discreta de creencia, precisamente a través de la experiencia de escribir, algo que, según él, no logra explicarse solo en términos psicológicos o estéticos. Afirma que, en la misa, por ejemplo, encuentra una paz que no hallaba en otros contextos, y que la liturgia le ofrece una forma concreta de ese estado de presencia silenciosa que ya buscaba y sigue haciendo en el proceso creativo de escribir. Por eso mismo, cree que la literatura consiste en oír lo que se debe escribir, y sitúa la creación literaria como una forma de obediencia interior más que de control racional. La conversación se dinamiza destacando el papel central del silencio como forma de comunicación e introspección entre uno mismo y lo que sucede fuera.

Para muchos de los que ya leímos una buena parte de la obra de Fosse, Misterio y fe es un libro esencial para descifrar las claves del realismo místico que permean por sus textos, sobre todo, en títulos mayores como Septología, una obra monumental publicada en tres volúmenes que explora la conciencia, la identidad y la fe. Por otro lado, el libro destaca las referencias de filosóficos que han conectado con su manera de entender el mundo, como Wittgenstein,o Martin Heidegger, influencia palpable en su reflexión sobre el ser y la muerte como condición de libertad. Pero también destacan las referencias literarias de escritores, especialmente Samuel Beckett y, también, de Thomas Bernhard. Fosse reconoce su deuda con el teatro del absurdo y el minimalismo reflexivo de estos autores. No se olvida de otros autores importantes para él a los que menciona con alto grado de entusiasmo, tales como Franz Kafka, Virginia Woolf y William Faulkner, de quienes hereda esa exploración narrativa de la conciencia y la fragmentación del tiempo.

Siempre sostengo que tras leer un buen texto que nos acerca a la esencia de quien lo propicia, el mundo no parece el mismo. Creo que esa es la aspiración de todo buen escritor: que el lector así lo sienta. En este libro de Fosse el conjuro parte de esta consideración, de revertir en una larga y jugosa entrevista el significado de Dios en su obra y su relación con el lenguaje, algo que de otra forma no se pudiera decir mejor. La sociología, la filosofía o la economía pueden enseñarnos mucho del ser humano, pero todas estas ciencias no entran en el secreto de la vida y su verdadero valor, como deja ver en este libro Fosse. Para él, solo la literatura y el arte, en cierto modo, pueden hacerlo.


Misterio y fe posee ese embrujo de entrar en el secreto de la vida, un texto de calado espiritual dinámico y agudo, y de lectura ágil, que amplía muchos pormenores del pensamiento, sentido vital y cercanía con la tradición mística cristiana de su autor, de comprender cómo se conjuga todo esto en su vida de escritor y en su universo literario, desvelándonos secretos místicos que no conocíamos y que ahora nos muestra con alma, reflexión y luz ese pálpito filosófico de su escritura que a muchos nos encandila: “Escribir, poetizar, no es rezar –señala Fosse–, pero puede parecerse”.


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