martes, 22 de septiembre de 2015

Identidad y memoria

Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971) es un escritor que toma postura a través de la literatura. Una voz que surge y crece cuando escribe sobre su memoria y su identidad judía. Parece común a todos los judíos sobrellevar ese sentimiento de incomodidad, como si fuera un destino preconcebido, algo propio y consustancial a su estirpe, como también el cuestionar el porqué le asignó la naturaleza el hecho fastidioso de ser judío. Tanto en Israel como en el resto del mundo, la identidad judía y la cultura hebrea no son un asunto resuelto por la gran mayoría de ese pueblo errante que arrastra más de tres mil años de existencia. Todo hace indicar que esa identidad no está aún concluida, más bien es un proceso en constante formación. Hoy en día, además, existe un debate abierto sobre su significado. La sociedad judía aparenta una unidad inquebrantable de cara al exterior, pero en el plano interno cada uno interpreta y aplica sus creencias de modo diferente a las del vecino, sobre todo cuando toca definir al judaísmo, que para unos es una religión y para otros un pueblo o una etnia. La particularidad de Halfon, descendiente de abuelos judíos de origen libanés y polaco, es que ese desarraigo se corresponde con el estado normal de la esencia judía, de sus ascendientes y de sus herederos.

La búsqueda por parte del escritor guatemalteco de sus raíces es un viaje permanente al universo literario en el que se ha establecido, sin saber cómo, ni cuándo acabará este camino que ha emprendido inevitablemente. Signor Hoffman (Libros del Asteroide, 2015) es un capítulo más de esta novela en marcha, una pieza nueva sobre esa galaxia literaria que se inició con El boxeador polaco (2008), La pirueta (2010) y la novela breve Monasterio (2014). No cabe duda de que Halfon asume que su proyecto literario es una indagación en la memoria y la genealogía de sus antepasados, hasta el punto de que dicha obsesión le llevará a emprender inusitados viajes y encuentros con hombres y mujeres por distintos países y lugares relacionados con el origen y el éxodo de sus abuelos. Esa búsqueda perpetua por encontrar respuestas a su pasado le conducirá a establecer vínculos con la historia reciente, así como a relacionarse con otros personajes inciertos que recobrarán protagonismo en sus libros.

Los relatos autobiográficos reunidos en esta nueva entrega trazan un recorrido que va desde la visita del protagonista al campo de concentración de Ferramonti en la Calabria italiana, construido en 1940 por orden de Mussolini, en una comarca infecta de malaria que sirvió para aligerar el exterminio de judíos, hasta volver a Huehuetenango, en el altiplano guatemalteco, cerca de la frontera mexicana, donde una familia de ascendencia judía se dedica, a pesar de las dificultades, a explotar el cultivo del café. Después el protagonista, es decir, Halfon, nos contará las peripecias vividas en Belice, donde, previamente, tuvo que someterse al interrogatorio de la gendarmería del paso fronterizo por no llevar la documentación en regla. Más tarde abandona las playas atlánticas y llega a Nueva York, al barrio de Harlem, donde tropezará con una chica que le acompañará una noche bajo la lluvia, como una balada de jazz. De allí se trasladará a Lódz, ciudad polaca en la que los nazis apresaron y condujeron a su abuelo al campo de exterminio de Auschwitz, un lugar inmundo que supuso su salvación, gracias a un boxeador polaco que lo entrenó durante toda una noche para solventar el interrogatorio a que le someterían las SS.

Eduardo Halfon confiesa ser un judío no practicante, pero, al igual que sus ascendientes, anda errante por el mundo buscando encontrar su particular sentido a la vida a través de la autoficción, sin renunciar a sus raíces porque, de lo contrario –subraya en una reciente entrevista– “sería darnos por vencidos al no saber quiénes somos”.

Lo que el lector va a encontrar en Signor Hoffman es una mezcla de relatos y crónicas, que dejan puntos suspensivos porque, al igual que tampoco parece tener un arranque claro, es, en definitiva, una narración en marcha en pos de una existencia incompleta y siempre atareada en rememorar el pasado para pedirle respuestas. Al igual que en sus últimas creaciones, los seis cuentos reunidos en esta ocasión tienen esa misma alma y razón de ser, toda una exigencia propia de una vida nómada en busca de su memoria e identidad.


Halfon nos entrega un libro bello, sutil y nada pretencioso pero, pese a la levedad de su escritura, brilla por la utilización de una prosa emotiva, sencilla y bien cuidada, que dice mucho. [Reseña núm. 240]