jueves, 17 de septiembre de 2015

Nada en exceso

Aunque Solón de Atenas acuñó la máxima Nada con exceso, todo con medida para guiar el comportamiento práctico de los hombres, esta frase recobró actualidad y fama siglos más tarde por boca del poeta romano Horacio. Nihil nimis (Nada en exceso) es una expresión que repara en verdad en ese espíritu propio que encierra escribir aforismos: la mesura, la justa medida de decir lo extenso de forma escueta y de expresar lo profundo más hacia la superficie. La experiencia literaria nos demuestra que no siempre lo extenso es lo más propicio, ni lo real lo más racional y tal vez la literatura, en cualquiera de sus formas, consista justamente en explorar esa dimensión y ese territorio por donde transita el alma humana, con sus impulsos y sus contradicciones, en el intento de ayudarnos a comprender el caos en el que está inmersa nuestra existencia.

Esto es lo que parecen sugerir los aforismos reunidos en Nunca mejor dicho (Ediciones Trea, 2015), del escritor vasco Karlos Linazasoro (Tolosa, Guipuzkoa, 1962), más de mil reflexiones breves, a veces jocosas, otras graves y profundas sobre la realidad que nos rodea, una manera de arrojar luz y perplejidad sobre los asuntos que preocupan nuestro vivir. Linazasoro, que ya publicó otro libro de aforismos, Lo que no está escrito (2010), sabe que la esencia de este género está en su brevedad, y lo deja claro en el primero que recoge su nueva antología: A veces, para escribir un aforismo hay que tachar una novela. Igual que sabe que lo bueno del aforismo es que no se puede recapitular, y su eficacia y sorpresa no está en una retahíla de ocurrencias que se escribe con rapidez y se lee con igual impronta, sino que, como apuntaba el poeta Bergamín, no importa que el aforismo sea cierto o incierto: lo que importa es que sea certero, que en palabras del tolosano sería dar donde más duele.

Este libro de Linazasoro nos habla de la moral, del diablo, del sexo, de la religión, de la muerte, pero sobre todo nos habla de su gran pasión, de la literatura. Escribir es no pedir la palabra, afirma a las primeras de cambio; Cada vez escribo peor. Me voy a hacer crítico literario, subraya en otro; o incluso se jacta con humor: Normalmente, mis libros suelen ser bastante raros. Pero mucho más aún son las segundas ediciones de los mismos; y apostilla con sarcasmo: Nunca escribo un libro sin antes leerlo; hasta sentenciar sin anestesia que los libros de autoayuda solo sirven para ayudar a los demás.

Los aforismos no son juegos de palabras, y aunque parezca que Linazasoro hace encaje de bolillos con muchas de sus ocurrencias y hallazgos, más bien persigue todo lo contrario: la expresión de algo serio que, sin embargo, nos haga sonreír como, por ejemplo, estos:

Todo es relativo. Y caro.
Dios no existe pero manda mucho.
Nunca he leído un libro suyo. Por eso lo tengo en tan alta estima.
Epitafio:”Pues no estoy tranquilo, coño. Algo me corroe por dentro”.
Como bien dijo Heráclito, todo influye.
Doctores tiene la santa iglesia, pero auxiliares, pocos.

Para los que nos deleitamos con este género breve y puntilloso, tan particular y reflexivo, como es el aforismo, Nunca mejor dicho es otra cita lectora inaplazable, otra oportunidad para sumergirse en ese universo donde reina la ironía, el humor, la paradoja y también la mala leche; todo un compendio de alumbramientos para reflexionar un poco, para hacernos dudar y pasárnoslo bien un buen rato, porque a Karlos Linazasoro le va la marcha fragmentaria de lo breve para afirmar lo más duro de manera lapidaria y concisa, pero con la gracia y el humor suficiente para arrancar la sonrisa o la mueca perpleja del lector.


 Yo me lo he pasado muy bien leyendo este entretenidísimo libro y, desde luego, he encontrado entre sus 1200 aforismos suficientes líneas merecedoras del homenaje que comporta un subrayado, “nunca mejor dicho”. [Reseña núm. 239]