miércoles, 6 de julio de 2016

Minicontiendas

No es lo mismo lo breve que lo corto –subraya Andrés Neuman–: lo breve calla a tiempo, lo corto antes de tiempo. El microrrelato es un género omnívoro, claramente breve y elíptico en el que el lector es parte activa del texto y deberá resolver el misterio que se le plantea completando lo que no está escrito.

Como decía Monterroso, “en literatura no hay nada escrito. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escriba nada con cincuenta palabras”.

Todo es susceptible de convertirse en literatura, y a la hora de plasmarlo, más allá de las indicaciones del escritor guatemalteco, no hay género ni medida que se le resista.

Javier Puche (Málaga, 1974) viene a constatar con Fuerza Menor (La isla de Siltolá, 2016) la notoriedad que va adquiriendo en los últimos años esta forma narrativa, como es el microrrelato, algo parecido al auge repentino del aforismo. Y es que el género breve tiene ahora, más que nunca, esa irrupción imparable, acorde con la nueva era tecnológica del twitter y del whatsapp, en la que la concisión y la hiperbrevedad a la hora de comunicarnos forman parte del vertiginoso trasiego de nuestras ajetreadas vidas.

En esta ocasión, al lector de este libro no le va a quedar más remedio que leer dos veces el título de cada historia, la primera antes de entrar en el cuento y, después, al salir de él. Quizás sea lo que conviene al leer cualquier libro de microrrelatos. Puche reúne una colección de cien minificciones estructurada en dos bloques: cuarenta cuentos mínimos, que requieren esa pauta de lectura señalada anteriormente, y sesenta “seísmos”, que son historias diminutas escritas en seis palabras. En la primera parte del texto encontramos relatos cortos de hechos insólitos en los que incertidumbres y fantasías se conjugan con insectos, mascotas y animales acuáticos, infiernos y obstinaciones o con la posibilidad de conseguir una formidable máquina de abrazos para sobrellevar la soledad de seres extraños. En la otra parte, consagrada al microrrelato de una sola línea, su concisión y síntesis verbal producen aún más inquietud y pasmo que sus predecesores. El autor sabe unir lo estridente con lo bello, la ironía con lo siniestro. Los textos enseñan sus huesos, unas veces nos hacen vacilar y otras nos sacan la mueca de una sonrisa:

Nació el bebé con dentadura postiza.

Sonríe el ciego ante la stripper.

No vio la hormiga el precipicio.

Llora en la celda el inmortal...

El lector de estas minicontiendas narrativas se encontrará en un campo abierto a la parodia, al humor y a la metaficción por donde transita un cazador furtivo, sin plomo, armado de un amplio arsenal de invenciones que le invitará a asistir a un espectáculo reducido, microscópico, en el cual caben pocas palabras pero trascienden para nuestra sorpresa . Fuerza menor es, por decirlo en seis palabras: un artefacto insólito, pequeño y delicioso.



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