miércoles, 13 de julio de 2016

Olvidar es imposible

Es nuestra imaginación la que construye en gran medida el mundo que nos rodea, nuestra mirada le da vida y nuestra inventiva una determinada forma en función de las propias inquietudes y de los muchos interrogantes, aún sin respuestas, que nos acompañan. Pero qué ocurre cuando uno acude a la memoria para buscar la verdad del pasado en nuestro foco familiar cercano y, a la vez, secreto, ávido de preguntas sobre qué paso en realidad con el destino de algunos de nuestros seres queridos a los que extrañamos y a los que por algunas circunstancias trágicas tuvieron que desplazarse, proscritos, a otros confines, hasta darlos por desaparecidos. Todo lo que conservamos de su memoria no continúa invariable. El recuerdo es mutable y no sabemos si lo que contamos sobre ellos fue cierto o nos llegó modificado.

Todas las familias tienen algún miembro enigmático o extraño del que se conserva solo un puñado de noticias dispersas y al que se alude en diferentes circunstancias por algún misterioso suceso, por su peculiar oficio o sencillamente por su singular carácter, lo que los obligó a separarse del núcleo familiar y al que todos citan o silencian elocuentemente por algún motivo.

Pablo Aguayo de Hoyos (Ronda, 1964), informático, escritor y guionista, se enfrenta a esta terrible paradoja. Tiene entre sus manos una historia familiar que contarnos, un relato que recomponer para dar sentido a las piezas rotas de la vida de un viejo republicano, masón, sastre y exilado en México que permanece olvidada en el cajón del silencio.

Un traje nuevo para el abuelo (Uno Editorial, 2016) es un relato conmovedor que desvela el estigma del olvido y rescata de la memoria a esa clase de gente comprometida con unos ideales y a la que la sinrazón de una guerra fratricida la abocó a una penosa huída dejando atrás familia, amigos y profesión.

El autor desvela en su dedicatoria que le debe a su abuela, “testigo de tantas idas y venidas familiares”, el origen y posterior impulso de su manuscrito. A continuación, en una sobria introducción, reivindica la reparación de la memoria colectiva que se les debía a tantos hombres y mujeres que lucharon por la libertad, que fueron perseguidos y muchos aniquilados impunemente.

Aguayo cuenta en esta novela breve las indagaciones llevadas a cabo por Feliciano sobre la vida de su abuelo Fernando a través de un narrador omnisciente. Ambos personajes conforman el eje de la historia: de un lado, un joven inquieto e insatisfecho sobre lo poco que conoce del entorno familiar, dispuesto a arriesgarse y a sumergirse en el pasado, y de otro, la historia de un hombre olvidado, intrépido y artesano que sucumbió ante los acontecimientos de una guerra incivil, pero que, como buen masón, no renunció a trasladar sus ideales solidarios de fraternidad al exilio mejicano que lo acogió, como a tantos otros cientos de compatriotas, con los abrazos abiertos. Llegaron con el dolor y la desazón de haber abandonado a su familia y siguieron luchando desde la lejanía, desde su otra nueva patria, con la esperanza de volver algún día a reunirse con los suyos.

Un traje nuevo para el abuelo es una historia amena y emotiva por donde transita el testimonio de una voz que representa al colectivo de refugiados y exilados que siguen vivo en la memoria de muchos corazones, una novela sentimental con la pujanza de incidir en la necesidad de rescatar del olvido la historia personal y colectiva aún presente de muchos, tantos que, como dijo Max Aub, olvidarlos resulta imposible.