miércoles, 23 de agosto de 2017

Secretos y evidencias

Vargas Llosa sostiene en su ensayo La verdad de las mentiras (1990) que la ficción es un sucedáneo transitorio de la vida. La vida de la ficción es un simulacro que necesita un narrador para contarnos ese tiempo inventado. En efecto, como dice el nobel peruano, las novelas mienten, pero esa es sólo una parte de la historia. La otra, la más importante, es que, aun mintiendo, expresan una curiosa verdad que pone en vilo el interés del lector.

En la no ficción se sobreentiende que lo que se propone está bajo el epicentro de la verdad, aunque las herramientas literarias de las que el autor se valga sintonicen con los mismos recursos utilizados en la ficción: personajes, pasajes narrativos y hasta diálogos, y todo ello orientado, mayormente, a crear expectativas, indicios que despierten la curiosidad del lector. El lector es, por definición, ese curioso entrometido que tiende a fisgonear, a poco que el escritor le ofrezca un cebo razonable o apetecible, sin considerar si lo que tiene entre sus manos es una novela o un ensayo personal. El problema viene cuando el escritor no sea consciente de que esté creando expectativas. Es, por tanto, difícil de imaginar un estadio en el que el escritor de no ficción no esté en un devenir hacia la condición de escritor y en el que la escritura no sea una herramienta de exploración de esa condición.

Cuando leemos un texto literario inteligente y seductor como este de Mostrar y decir (Alba, 2017) del poeta, crítico y ensayista Phillip Lopate (Nueva York, 1943) mucho de lo insinuado en los párrafos anteriores se vuelve, incluso, más profano, en el sentido de hacer entender la literatura más cercana al lector no erudito. La no ficción comparte también con la vida su esencia ambigua y polifacética. Las ideas expuestas en este luminoso libro parte precisamente de esa ambivalencia literaria que se corresponde entre la ficción y la no ficción: “Cuando escribo ficción, lo que intento es llegar a la verdad; cuando escribo no ficción, mi objetivo es tanto la verdad literaria como la verdad literal”, (pág. 105).

David Shields en Hambre de realidad (2010), otro libro audaz y bastante polémico, habla del futuro de la escritura de ficción y de su relación con la no ficción, enarbolando lo siguiente: “Los escritores de no ficción imaginan, mientras que los de ficción inventan”. Lo cierto es que, como subraya Lopate, la ficción no obliga ni insta al lector a creer. En todo caso, le ofrece la oportunidad de asistir a una experiencia sin tener que creer en ella. Shields se posiciona en la misma dirección que su paisano cuando afirma que la ficción nos ofrece la posibilidad de preguntarnos: “¿Y si esto pasara?” En cambio, apunta que la no ficción nos ofrece una afirmación como la que sigue, más compleja: “Puede que esto haya pasado”.

El arte de escribir no ficción es el subtítulo y el tema principal que aborda Lopate en su ensayo, una clara determinación expuesta en el prólogo del libro de lo que se propone como profesor de escritura creativa y literatura, un propósito entre cuyos destinatarios no solo incluye a los alumnos que acuden con entusiasmo a sus talleres de escritura, sino que, especialmente, se dirige a los colegas que se dedican a esta tarea de enseñar a escribir: “No solo deberíamos enseñar a los chicos a defender una tesis o a usar palabras cultas, sino también a desarrollar un pensamiento crítico, a pensar contra sí mismos”.

Mostrar y decir es un compendio de reflexiones e interrogantes sobre el ensayo literario y también sobre el ensayo personal y autobiográfico. En uno de sus capítulos más brillantes, que lleva por título: El ensayo: ¿Exploración o argumentación?, Lopate comparte lo que supone para él la necesidad de libertad que tiene el ensayo para explorar asuntos sobre los que el propio autor aún no está del todo convencido. Lo importante, dice, es seguir los pensamientos de uno, aunque lleven a la contradicción. Pero, insiste, que el escritor de no ficción, el ensayista personal, trata siempre de aproximarse a la verdad, y no solo a la verosimilitud literaria, sino a la verdad propiamente dicha.

En suma, este es un texto jugoso y preclaro, solícito y muy bien documentado, con una adenda final de lecturas sugeridas encomiable, un libro preocupado en desmontar ese tópico cliché de los talleres de escritura sustentado en que mostrar es la esencia de la escritura y decir, su fatalidad. Lopate conjuga en Mostrar y decir a estos dos verbos que dan título a su obra como importantes y complementarios para la escritura creativa, hasta el punto de que, en la no ficción, ambos forman un binomio eficaz y sostenido para su buen fin.

Pero un ensayo, como el mundo, es una forma viva. Y en su forma reside su realidad. Este libro se ocupa admirablemente de desvelarnos algunos de los secretos más significativos del arte de escribir no ficción y de su imaginario.