sábado, 21 de julio de 2018

Aire de intemperie


Hacer una reseña de un libro puede llevarnos por los caminos trillados de caer en ciertos tópicos que pueden ser detectados fácilmente por cualquier lector avezado. No ocurre así cuando el autor de un libro tensa la cuerda de la creación y no se ajusta a los cánones establecidos de la preceptiva más generalizada y se salta los géneros literarios buscando nuevos cauces para conformar la expresión del texto.

Es entonces cuando la lectura que hace el crítico y el reseñista tiene que acomodarse a los nuevos ámbitos de la escritura que el autor de la obra exige y, salvando las distancias, hacer una lectura desde ese cauce que abrió Roland Barthes cuando decía que el escritor se basa en una serie de conocimientos que le brinda la experiencia y la sociedad para reelaborarlos hasta el punto de que este no es dueño de lo que escribe y es el lector quien da vida a dicho texto. Por lo tanto, muere el autor para que el lector reconstruya el texto.

El libro De cuna y sepultura (Ediciones El Gallo de Oro, 2018), de Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964), poeta, ensayista, escritor de aforismos, editor y librero, es una obra continuada, su sexta de Fábula, un proyecto en marcha que ambiciona alcanzar diez entregas, que debe leerse bajo las consideraciones de que su autor no ha escrito un libro de poemas, tampoco un libro de aforismos ni de ensayos en los que se basa, sino una mezcla deliberada de los tres para conseguir algo nuevo y sugerente que va llevando al lector por el camino de la meditación hasta llegar al deleite de una obra que aspira a dejarlo perplejo. Y es ahí, en la perplejidad, donde reside el interrogante que le da vida y sustancia, que nos obliga a plantearnos la correspondencia de la escritura y la vida, de la poesía y la existencia, con la lectura y su beneficio, que no es otro que acercarnos paso a paso al territorio utilitario del pensamiento al que cualquier persona inteligente aspira.

Este es un libro que obliga al subrayado y a leerlo levantando la cabeza, que advierte hasta qué punto la lógica de la lectura es diferente de las reglas de la composición. Toda su lectura se da en el interior de una estructura fragmentaria que conforma una vida entregada a la esencia poética de la palabra. Sánchez Menéndez escribe como quien busca dar significado a una experiencia poética, hacerla lenguaje y comunicación, como queriendo desentrañar lo vivido con cada palabra, delimitándola para que exista y, a su vez, completándola: “La palabra, no olvides la palabra. La única, la auténtica. La que está escrita con la ciencia del alma”.

Hay que tener un motivo muy profundo para escribir un libro así, en los límites del yo lector y del yo poético como fuente de inspiración literaria, y no parece otro que estar vivo dentro de un sueño, el sueño mismo de un poeta que sacude lo importante de la vida: “Contemplar, atender y entender. Nada más. Nada menos”. Y lo vuelve a repetir más adelante, porque para el escritor estos tres verbos son “los principios de la vida del hombre”.

De cuna y sepultura es un libro breve e intenso que invita a la relectura, un texto reflexivo y lírico, ávido de verdad, esencia y silencio, que explora la palabra y el tiempo, lo oculto y lo aparente, la poesía y la verdad. “La poesía –revela el poeta– es vida propia, es aislamiento, es un canto del centro, un sacrificio que se consigue en unión. La voluntad de ir buscando la belleza y no pararse nunca […] Aunque todos salimos de la carne, la palabra es el símbolo”.

Da igual el camino elegido por el escritor en su empeño de mostrarse con tal de emocionar al lector, y en ese sentido, esta es una obra que prueba que la literatura en cualquiera de sus géneros y formatos está ahí para ser juzgada. Aquí encontraremos viaje al pasado y al presente bajo el pálpito de otros poetas, como Novalis, Rilke, Eliot, Pound, Leopardi, Juan Ramón y Parra. Aquí hallaremos piezas escritas como crónicas, como apuntes de trayectos, como aforismos o meras convicciones.

Los libros son los tatuajes de la memoria, y este de Sánchez Menéndez dibuja emociones y huellas de una experiencia vital muy suya, de un deseo literario profundo, de un conjuro sobre el que trazar un ser dispuesto a consumarse en una poética con la parte secreta de lo que somos.

De cuna y sepultura es un libro hermoso, con mucho asiento, que explora la palabra y el tiempo, lo oculto y lo aparente, la poesía y la verdad, una obra íntimamente imbricada con la experiencia y la memoria de una vida apasionada dedicada a la literatura, eso sí, con aire de intemperie.