viernes, 27 de julio de 2018

Los afectos y sus espantos


Los seres humanos son imponderables, nos dice Paul Auster, y rara vez se los puede aprehender con palabras. Sin embargo, si uno se muestra receptivo a todos los diferentes aspectos de una persona lo normal es que quede perplejo, concluye el escritor neoyorquino. Sabemos que toda narración literaria se hace solo de palabras. Y esas palabras se encarnarán en personajes, en acciones que urdirán argumentos y tramas, en ideas acerca del mundo y en referencias a espacios y tiempos donde transcurrirá la ficción.

Cada uno de estos aspectos merece una atención particular a la hora de reflexionar sobre la composición narrativa, pero entre todos ellos hay uno que conviene resaltar y que, en gran medida, como mostraron Poe, Kafka o Cortázar, subyace en los demás, dándole su particular forma. Esa particularidad no es otra que la referida al ambiente, esa atmósfera construida que le da al relato su genuino hálito de verosimilitud. Es preciso que exista esa vinculación entre los personajes y el espacio, como insistían estos maestros, igual que se da en la vida.

Los cuentos reunidos en Pelea de gallos (Páginas de Espuma, 2018) recogen este espíritu constructivo de relatar historias urdidas bajo esta poética, pero aquí su autora se afana en que el hechizo de sus piezas se muestre bajo la desnudez de un lenguaje depurado, seco y directo, que resalta el clima hostil y acosador que transcurre por el ambiente familiar al que los personajes se ven sometidos, conscientes de que allí nada es normal y nadie repara en deshacerse de sus máscaras para mostrar sus afectos o sus espantos.

María Fernanda Ampuero (Guayaquil, Ecuador, 1976) estudió literatura y colabora con diversos medios internacionales. Ha publicado dos libros de crónicas, Lo que aprendí en la peluquería (2011) y Permiso de residencia (2013). Ahora, con estos trece relatos de Pelea de gallos, su primer libro de cuentos, acaba de dar un golpe en la mesa como una escritora a tener muy en cuenta en este género tan exigente y, al mismo tiempo, tan difícil.

Aquí hay un buen puñado de historias duras y crueles que retratan el espanto, el abuso y lo extraordinario y secreto que sucede en el espacio interno del hogar. El libro abre su andadura con dos citas que anuncian el peligro y el horror que se avecina: una que dice Todo lo que se pudre forma una familia, del poeta argentino Fabián Casas, y otra de la escritora brasileña Clarice Lispector que pregunta ¿Soy un monstruo o esto es ser una persona? Si se conjugan ambas citas podemos afirmar que Ampuero responde a las intenciones de que Pelea de Gallos es una riña, un combate al que se ven sometidos los personajes que transitan por estas historias, tocados por el lado oscuro de la vida doméstica de la que apenas les resulta difícil poder escapar, todos ellos anudados a un núcleo familiar acaparador, de fuerzas ignotas, que recorre las vertientes sociales y culturales más atávicas de Latinoamérica. En cada relato hay alguien que debe enfrentarse a sus iguales, como en una riña de gallos, tratando de no salir malparado en la contienda.

En el primero de los relatos, Subasta, uno de los mejores, una historia tremenda y brutal, una adolescente sobrevive a la intemperie de un rapto mercenario. En el siguiente, que lleva por título Monstruos, nos encontramos con otro relato demoledor, una historia que traspasa la inocencia de dos niñas gemelas y que traspasa el corazón: “Hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos”, dice la narradora, y constata que “Tener ciertos hermanos es una bendición. Tener ciertos hermanos es una condena: eso aprendimos en las películas. Y que siempre hay un hermano que salva a otro”. Otro de los más destacados es Nam, una historia familiar espeluznante bajo el hilo conductor de la pérdida de la inocencia. Luto es un cuento atroz y febril de claras resonancias bíblicas en el que un hermano sádico y maldito ejerce el dominio más absoluto sobre su hermana, una joven entregada al desamparo de su destino. En Ali, uno de los más impactantes, el trastorno de una generosa madre, abarrotada de pastillas, dará la espalda al mundo que la rodea hundida por la asfixia de su hogar...

La sequedad de cada título, bajo el epígrafe de una sola palabra traslada al lector a una historia desnuda, deliberadamente desafiante, a la que deberá asistir desprovisto de prejuicios y predispuesto al desenlace más sorprendente y audaz que no rehúye de una verdad dolorosa que ha permanecido oculta. En su conjunto, María Fernanda Ampuero explora el miedo ajeno y el propio en la vida cotidiana, y consigue reunir una pluralidad de voces asoladas entre la pobreza y el pavor, bajo el denominador común de la violencia, del abuso y del maltrato que lleva a sus personajes hasta la precariedad y la sumisión más insospechadas.

Pelea de gallos es un estupendo libro de cuentos de cuya lectura sale uno trastabillado y sobrecogido. Parafraseando a Ambrose Bierce, si estos hechos pasmosos son reales es para volverse loco; si son imaginarios, es para estarlo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario