lunes, 2 de diciembre de 2013

Leer permanentemente


No hay tarea más necesaria para poder ser escritor que leer. Esa actitud tiene que ser una constante, según Stevenson, pero, para el escocés, es fundamental que el lector sea inteligente, que sepa elegir los libros que le interesen porque nadie es capaz de leer todo, de modo que, solo en algunos de ellos, hallará lo que calme su apetito. En Escribir, un título contundente, editado por Páginas de Espuma, se recopilan los ensayos literarios de Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850 – Samoa, 1894), que, a decir verdad, son unos artículos, tan jugosos como imprescindibles, sobre el oficio de escritor, elaborados con toda el alma por uno de los grandes de la literatura universal. Si tuviera que resaltar lo más destacable de este libro diría que Stevenson logra con estos ensayos, no solo el análisis cuidado e intenso en su discurso, sino que despliega toda su perspicacia como lector: Siempre llevaba en el bolsillo dos libros: uno para leerlo; el otro, para escribir en él, (pág. 101).

Escribir está dividido en tres partes en las que los textos sobre los libros de cabecera del autor británico dan paso a los retratos de sus escritores favoritos, que se mezclan con alertas y consejos de lo que significa ese extraño artefacto que es la literatura, así como recuerdos sobre su propia producción artística. En la parte primera, La escritura, Stevenson habla de los aspectos técnicos del estilo del escritor, sin olvidarse de la moralidad que supone el ejercicio de las letras, para finalizar con el apartado referido a cómo aprendió a escribir de manera autodidacta. La parte central lleva por título Los libros; aquí transita por los libros esenciales de su formación como escritor: los Ensayos de Montaigne, el Evangelio según San Mateo, Hojas de Hierba de Whitman, La Vida de Goethe de Lewes, la poesía de Wordsworth o las Meditaciones de Marco Aurelio. Luego, en la misma sección, Stevenson explica cómo se gestó su primer libro: La isla del Tesoro. Después, en los siguientes capítulos habla con énfasis de Dumas, Allan Poe y Julio Verne. La última parte del libro nos conduce a su universo literario: Los escritores. Entre estas páginas las novelas de Victor Hugo son esbrozadas con sutileza y admiración; la semblanza que hace del poeta nacional de Escocia, Robert Burns, está llena de empatía y generosidad. A lo largo de las reflexiones expuestas, Stevenson sigue promoviendo la lectura como aprendizaje y para reforzar su empeño cita a otros autores fundamentales como Shakespeare, Scott, Molière, al igual que a Thoreau, que lo hace con encendida devoción.

Stevenson no se empacha en reiterar la importancia de leer, leer para tener la cabeza ocupada y siempre lista. No importa copiar y copiar a los grandes maestros como ejercicio básico para adquirir el propio estilo. Para el escocés el estilo es la marca indeleble de todo maestro y la verdad, incluso en literatura, debe revestirse de carne y hueso, o no conseguirá contar su historia al lector. Escribir es un libro muy literario, para leer y acudir a consultar si queremos saber las entrañas y los secretos de la escritura de algunos de los escritores admirados por Stevenson. Estamos ante un libro de largo alcance y consistente, que pertenece a la categoría de los clásicos y en esa línea, Páginas de Espuma paga su tributo con una publicación meritoria y arriesgada. Una edición extraordinaria y valiosa, gracias a la calidad de los textos y a la excelente traducción de Amelia Pérez de Villar.



Escribir es un ensayo imaginativo, con una prosa expositiva seductora y complaciente para el lector. Un obsequio impagable para quienes quieran asomarse al balcón maravilloso de la creación literaria e, incluso, sentir el vértigo de la excelencia de la escritura, bajo la tutela de Robert Louis Stevenson, un escritor colosal, capaz de transmitir a los demás esa conciencia profunda de la escritura y su idea personal de la tarea del escritor.