jueves, 22 de mayo de 2014

Diccionario voluble


De siempre me han fascinado los diccionarios: los acádemicos, para entender los significados de las palabras que juegan en la cancha del lenguaje, y los técnicos, para comprender mejor ese laboratorio de ensayo donde las cosas experimentan y reaccionan entre si haciendo de las suyas. Pero si hay alguna obra de consulta de palabras o términos que realmente me enloquece son los llamados diccionarios de autor. Sí, me refiero a esos libros personalizados que parecen surgir de la disciplina de un alquimista de las Letras y ofrecen un pequeño laberinto sentimental de palabras capaz de asombrarnos o enredarnos. Uno de los libros clásicos de este prototipo es, sin duda, el Diccionario del diablo de Ambrose Bierce, una obra reflexiva e irreverente que no dejo de releer para seguir riéndome de este mundo infame. Otro, de corte bien distinto al diccionario del americano, es El arca de las palabras, de Andrés Trapiello, un volumen ameno y originalísimo en el que el escritor leonés se destapa como un palabrista de viejo para ofrecer su hermoso museo de palabras y aforismos.

Dos buenos ejemplos que vienen a confirmar que las palabras, según en manos de quién, suenan distintas y dicen cosas diferentes.

Una nueva revelación que se cruza por este camino viene a ser Miradas nuevas por agujeros viejos, un diccionario personal de José María Pérez Zúñiga (Madrid, 1973), editado en Páginas de Espuma (2014), que explora el mundo por medio de 150 piezas breves y que se caracteriza por su intensidad y originalidad estilística.

José María Pérez Zúñiga
Pérez Zúñiga detiene el tiempo con los fogonazos y golpes que reparte por las páginas de su libro a base de nombrar palabras para hacerlas vivas y encajarlas en la realidad. Hay golpes de risa, golpes morales y golpes bajos que desvelan la necesidad que tenemos de encontrar una voz que nos hable de las cosas sabidas pero desde una visión más inquietante del mundo. En Miradas nuevas por agujeros viejos hay perlas, la primera, el título que procede de un aforismo del maestro Lichtenberg, y hay también sentencias y miniaturas literarias en un orden alfabético riguroso que, en su conjunto, se entrelazan y hablan de las incertidumbres del mundo bajo el prisma de un universo narrativo lleno de símbolos. Estas referencias simbólicas se corresponden con los temas clásicos de la literatura y la vida: la amistad, el amor, la muerte, la belleza, la razón..., pero desde una perspectiva original y una voz propia que transita por diferentes géneros literarios: microrrelatos, cuentos, aforismos, ensayos breves y algún poema.

El autor de Rompecabezas nos propone un juego literario con su diccionario que, al igual que los coches híbridos, lleva una combustión de alternancias de géneros y un GPS con una sola voz para distintos destinos. Miradas nuevas por agujeros viejos es un compendio indagatorio sobre los asuntos cotidianos del mundo, pero que tiene mucho que ver con la mirada conspicua y sutil de Pérez Zúñiga, capaz de tamizar la realidad, extraer lo cernido y llevarlo al microscopio de su laboratorio literario para explorar la palabra escogida y trazar la síntesis de su mapa.

Miradas nuevas por agujeros viejos es un libro inteligente, un diccionario voluble, con la dosis de humor apropiada para sentar al lector como espectador frente a la pantalla del mundo, con unos ingredientes literarios, desde la A a la Z, que deliberadamente generan nuevas dudas a las incertidumbres viejas de la vida.