sábado, 31 de mayo de 2014

Una bella alegoría


Cuentan que el escritor británico David Garnett (Brighton, 1892 – Monteuq, 1981), de niño, lucía una capa de piel de conejo que le propició el apodo de Bunny, un sobrenombre que llevó durante toda su vida. Garnett fue un joven escritor integrante del prestigioso Grupo de Bloomsbury (una corriente literaria y artística aglutinada en torno al liderazgo de Virginia Woolf y su marido Leonard), que mantuvo un romance intenso con otro miembro destacado del grupo, el pintor Duncan Grant. En 1922 recibió un amplio reconocimiento literario con su primera novela Lady into Fox, una ficción alegórica que le dio mucha popularidad. Un año después se casa con Rachel Alice Marshall, ilustradora del libro que supuso su primer gran éxito. Posteriormente, Garnett vuelve a sorprender a propios y extraños casándose de nuevo, a los cuarenta y seís años de edad con Angélica, hija de Grant, su anterior amante y de Vanessa Bell, hermana de Virginia Woolf. Con la joven Angélica, de apenas veinte años, mantiene un idilio matrimonial prolongado y feliz, pero todo cambió y, al cabo de los años, Garnett, separado de su fascinante mujer, se traslada a Francia donde murió en 1981.

David Garnett, confeso bisexual, tuvo una vida disoluta y accidentada en el terreno amoroso. Su vida, trepidante y fuera de todo convencionalismo y moral victoriana, tenía que reflejarse de alguna manera en su creación literaria.

La editorial Periférica rescata La dama que se transformó en zorro, una fábula donde lo extraño y mágico se entrelazan para que surja la fantasía y el surrealismo de un suceso extraordinario. El resultado logrado por Garnett con esta novela corta es haberse ganado la consideración crítica de ser el autor de un clásico menor de la narrativa británica moderna.

David Garnett
Las historias de las transformaciones tienen un origen pagano y se refleja en esa vocación de dotar de sentido al mundo al que pertenecemos, no sólo guiados por la razón, sino también por esa imaginación transformadora de la realidad capaz de cambiar el sentido de las cosas. La dama que se transformó en zorro es un espejo de esa visión, sin embargo, es más provocadora, ya que lo que se origina en las primeras páginas dan paso a una segunda transformación y luego a una tercera. Garnett presenta un relato en el que un elegante terrateniente suspira con locura por la fascinación de la belleza de su joven esposa. Un suceso insólito ocurre y la señora Tebrick se convierte en zorro. Esto no impedirá que el enamorado esposo siga prendado del cambio experimentado en su mujer y se esmerará en sus cuidados. Pero los instintos salvajes de Sylvia afloran y el marido observa con horror cómo su esposa tritura a un indefenso conejo mientras el líquido sangrante se esparce por aquella boca delicada y famélica. Este suceso va poniendo de manifiesto su inevitable cambio que no deja de sorprender al protagonista. Esta segunda mutación trastorna al marido que se lamenta y concluye que lo mejor es ofrecerle la libertad y aceptar el devenir inevitable.

Garnett va más allá de la fábula porque logra adentrarse en el ámbito del drama, y ahí radica la modernidad de esta narración de corte psicológica. La transformación de la dama sirve para provocar en el lector la conmoción y el infortunio de un marido enamorado de su mujer que se acerca al borde del abismo.

La dama que se transformó en zorro es una pequeña obra maestra, un relato ameno y evocativo, escrito con singular maestría por un hombre que también vivió diferentes transformaciones en su vida amorosa. La obra de Garnett es una historia de amor apasionante y terrible, una bella alegoría sutil y elegante que guarda relación con la mitología clásica, como Las metamorfosis de Ovidio.

En definitiva, la historia de este drama es una turbadora alegoría de la condición humana en la que, como afirma John Burnside en el postfacio del libro, el amor realmente lo conquista todo a pesar de sus consecuencias adversas.