jueves, 13 de noviembre de 2014

Indicaciones y contraindicaciones


Desde que hace algo más de veinte años me hice con mi primer ejemplar de aforismos, los volúmenes venideros de este género fragmentario no han parado de hacerse sitio en las repisas de mi biblioteca. Su origen parte del momento en que adquirí el Oráculo manual de Gracián, un exquisito autorregalo que provocó en mí un fervor entusiasta por esta obra maestra y un desvelo perpetuo por hacer acopio de esta rumia siempre perspicaz que producen los libros de aforismos.

Mi último hallazgo relacionado con este género literario viene acompañado por la lectura reciente de un libro de José Ramón González que recoge una extensa antología de la producción aforística española entre 1980 al 2012 bajo el título Pensar por lo breve, un texto sumamente interesante sobre este fenómeno literario que últimamente goza de un extraordinario momento editorial, gracias a las redes sociales de Twitter y Facebook. Dentro del inventario de autores españoles practicantes de estos pensamientos mínimos que exhibe González en su libro, descubrí el trabajo asombroso y creativo en el campo del aforismo llevado a cabo por Carlos Pujol (Barcelona, 1936-2012), poeta, traductor, editor, historiador de la literatura y novelista.

En Cuadernos de escritura (2009), la editorial Pre-Textos reúne en un solo volumen las tres entregas anteriores: Cuaderno de escritura (1988), Tarea de escribir (1998) y Memorandum. Palabras para escribir (2008), una tríada de sentencias, reflexiones y artículos que el crítico catalán había escrito en los últimos veinte años sobre el oficio de escribir, la lectura y la crítica literaria.

La lectura de Cuadernos de escritura me ha deparado momentos inolvidables y provechosos, un libro, a mi juicio, imprescindible para cualquier aficionado a escribir, a leer y, especialmente, a quien tenga inclinación a escribir sobre lo que lee (reseñista o crítico); un libro que impulsa a pensar sobre la creación literaria y ayuda a extraer la ganga de la mena escrita, una tarea exigente y nada fácil ante tanta propaganda mediática de la industria editorial. Gracias a los aforismos de Carlos Pujol tenemos soportes para entrar en la mente creadora del escritor y vislumbrar la naturaleza del acto en que éste está inmerso. Sus reflexiones son una mina de insólitos descubrimientos acerca de la lectura, la formación de estilo, las relaciones entre autor y lector y, también, sobre las actitudes y aptitudes del crítico. Pujol no se anda por las ramas y como buen aforista que es, sabe alejarse de la ambigüedad y atajar el pensamiento con claridad y precisión. Aquí dejo constancia de algunas perlas suyas:

Escribimos lo que deciden las palabras.
Se escribe para oír la música de dentro.
El verdadero escritor se juega la vida en cada palabra.
Escribir, verbo reflexivo.
No hay literatura sin misterio, ni tampoco sin la suficiente claridad.
El gusto se educa, pero la falta de gusto es incurable.
La literatura no se explica, como mucho se subraya.

Cuadernos de escritura es un libro lúcido de aforismos y breves ensayos literarios, donde no falta la ironía y el sentido del humor, concentrados en la mirada puesta en el oficio de escribir y el mundo que lo rodea. Pujol, más que dictaminar, cavila, relee, estudia y, sobre todo, expone sus pesquisas literarias para proveernos de un fascinante oráculo reflexivo sobre el arte de la escritura, la lectura y la crítica.

Parafraseando al mismo crítico barcelonés, quizá de todas las indicaciones y contraindicaciones que abundan en Cuadernos de escritura hay que resaltar la más valiosa, la única que merece la pena que aprendamos: leer y escribir, dos verbos que hay que enseñar de veras a todo el mundo para la honrosa supervivencia del ser humano. Amén.

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