lunes, 17 de noviembre de 2014

La palabra como soplo


Ante El idioma materno (2014) de Fabio Morábito (Alejandría, 1955), un hermoso libro que reúne ochenta y cuatro piezas breves sobre la vocación literaria, hay que empezar haciéndose una pregunta: ¿Qué relación existe entre los cuentos y la poesía de un autor y su pensamiento, entre el relato y el poema que nos da y lo que él discurre sobre el aprendizaje de la escritura y su devenir? Para Morábito, un mexicano de adopción, pero de familia italiana, el escritor se mueve entre la ficción y el pensamiento personal. Para él no hay más solución que la sencillísima y tan difícil de ser un escritor de veras, que trabaja para la ficción significativa. Sobre ésto y otros asuntos literarios viene a hablarnos el escritor nacido en Egipto, facilitándonos un índice temático al inicio del libro para vislumbrar todo su pensamiento sobre el oficio de escribir, una buena pista para advertir que el concepto más tratado es: escribir; y si le añadimos media docena de palabras afines que lo completan (escritor, relato, estilo, lectura, palabras, libros, etcétera), para no hablar de un sinfín de citas y referencias literarias esparcidas por todo el libro, concluiremos que Fabio Morábito centra El idioma materno en el quehacer del escritor.

Morábito aborda con rotundidad, desde distintos ángulos, los cómos y porqués de la vocación literaria a través de un delicioso texto que atesora mucha reflexión y humor tierno. El idioma materno es un libro lleno de lucidez e inteligencia que sorprende por su profundidad y sencillez, un cóctel de microensayos, autoficción y confesión en el que resalta la concisión y el estilo esmerado de sus páginas que van desde la invención al universo literario del autor.

Fabio Morábito logra aglutinar una singular biográfia en este libro que rebosa pasión e induce, tanto a la sonrisa, como a la meditación gracias a los lazos metafóricos que abundan por todo el texto, como éste donde el autor se afana en desmentir que hablar no consiste en encadenar palabras: ...hablar es algo parecido a saltar sobre las piedras de un torrente, donde pisamos sólo algunas piedras, aquellas que nos permiten saltar hacia las otras. Sólo gracias a esta relativa refutación de cada piedra podemos cruzar hasta la otra orilla (pág.54); en Doble vidrio, rebate con un símil marino la incompatibilidad de la escritura con el ruido: Los escritores somos submarinistas. La escritura, que es ficción aun cuando no lo parezca, ha inventado el silencio y la inmersión en profundidad (pág.140); y más adelante, en Carril de acotamiento, dice Morábito que si quieres escribir no puedes invadir el centro de la calzada, tienes que deslizarte al borde, o lo que es lo mismo, el escribidor que busca expresarse genuinamente se equivoca: al tomar la pluma uno se pone una máscara y asume que los textos no lo reflejen, ha de aceptar ese personaje creado. El escritor, subraya, es el ser que menos se conoce, con tantas palabra es imposible encontrar el alma.

El idioma materno posee resonancias de bitacora de viajes o diario de escritura por todas las cosas que encierra relacionadas con la vocación apasionada de la creación literaria, por la memoria y vestigios que los libros dejaron en el alma del escritor, una obra intencionadamente calibrada cuyos textos parecen demandar que se lean en voz alta y en compañía, su brevedad y musicalidad invitan a ello. Yo lo he probado y funciona.

La editorial Sexto Piso se anota un puntazo con la publicación de este libro híbrido y arrollador que entreteje cómo y por qué se hace uno escritor, un texto exquisito, destinado a lectores fisgones, escrito por un autor que vale la pena descubrir.

El idioma materno nos brinda la oportunidad de acercarnos al mundo literario de Fabio Morábito, un escritor que manifiesta que escribe para seguir leyendo y que postula que todos somos escritores cuando leemos, gracias al soplo mágico de la palabra.