domingo, 18 de enero de 2015

Nada que temer


No es nada baladí afirmar que para publicar cuatro libros, en poco más de tres años, encerrada en casa y pasando mucho tiempo a solas escribiendo, como una condenada a galeras y, encima, con la belleza y juventud insultante de tener tan solo veintiseís años, hay que ser, sobre todo, una escritora aplicada y apasionada de las letras. Jenn Díaz (Barcelona, 1988) es una de las promesas con más proyección literaria del panorama español de jóvenes autores que comienza a tener mayor presencia entre ese sector de público comprometido con la buena literatura.

En Mujer sin hijo (Jot Down Books, 2013), Díaz irrumpe con una novela urbana, en un escenario nada deseable, en el que se cuenta la vida de tres mujeres oprimidas, como tantas otras, por un estado que apura a la población a tener descendientes. Después de un conflicto bélico, son las mujeres las alistadas al servicio obligatorio de repoblar el país diezmado por los estragos de la guerra. Hay un problema demográfico que hay que solventar por decreto. En esta sociedad distópica, las tres jóvenes, vinculadas por un mismo destino, se enfrentarán de diferentes maneras a esa determinación que el orden establecido ha decidido por ellas de tener que ser madres. Cada una afrontará la maternidad con criterios divergentes. Esta transformación en futura mamá, derivará en el meollo de la trama y las voces de sus protagonistas, dispuestas a llegar más allá del miedo, acompañaran al lector a transitar con ellas por las incertidumbres que se avecinan en sus vidas. Para Rita, Julia y Mónica, ser madre supondrá una opción, una negación, un destino o un deseo frustrado, porque cuando una mujer decide convertirse en madre deja de ser parte de lo que era hasta entonces.

La historia que nos cuenta Jenn Díaz corresponde a mujeres que luchan contra la sociedad y el hombre que las hostigan y las predestinan, sin tener en cuenta sus voluntades, hasta el punto de estigmatizarlas y condenarlas, en caso de oponerse al plan de repoblación nacional. La maternidad es una opción lógica como la no maternidad –se oye en una reunión clandestina de mujeres–, y que solo hace falta escucharse a una misma y tomar la decisión al margen de la sociedad. Preguntarse: ¿de verdad quiero ser madre? (pág. 134). Mujeres sin hijo es una novela coral que plantea una posición política sobre la maternidad obligada y reivindica el derecho inequívoco y soberano de la mujer a decidir su embarazo, su destino como madre. Rita abandona a su marido porque no quiere tener hijos, pasando al grado de proscrita. Julia paga con la muerte el nacimiento de su hijo en un parto de alto riesgo. Y Mónica, una joven madre, incapaz de sobreponerse a la pérdida de su hijo pequeño, se desquicia ante su infortunio.

Jenn Díaz empeña su narración en una labor de situar la novela en la realidad, no solo rebelándose contra la impostura de someter la maternidad de la mujer a los designios y poder del estado, sino también postulando la importancia que tiene un hijo en la vida y destino de una mujer. Lo más importante que deja ver la joven escritora catalana en las tres partes de su libro es la posición que toman sus personajes en ese marco orquestado, cómo gestionan sus fobias, sus decisiones y sus fracasos. Pero si hay un trasunto en Mujer sin hijo que verdaderamente hace reflexionar es el significado de los lazos familiares, de los conflictos que surgen en el seno de dichas familias, de lo que cuesta desligarse de esos lazos.

A Jenn Díaz le gusta definirse como una escritora y lectora que busca en los libros una identificación literaria alejada de cercanías históricas y vivencias compartidas. Su escritura no pertenece a ninguna generación. Le interesan más el intimismo y los acontecimientos cotidianos para profundizar en lo social. Aquí, en esta entrega narrativa, una novela incrustada en un mundo inventado, donde la mujer retrocede como ser individual, está parte de su universo literario, ese en el que lo importante no es el escenario de la trama, ni el paisaje, sino el estado mental de los personajes, sus decepciones y las expectativas que tienen que afrontar.

Mujer sin hijo es un libro intenso, intimista, de prosa ágil y ritmo galopante, con un final contradictorio respecto al título, que no empaña su conjunto, escrito con sobriedad y talento por una de las voces literarias más en alza y que va a seguir dando sorpresas a propios y extraños.