martes, 7 de junio de 2016

Fragilidad y arrojo

El verdadero periodismo narrativo es un oficio modesto, nos advierte la escritora y periodista argentina Leila Guerriero, hecho por alguien lo suficientemente humilde como para saber la dificultad que supone entender el mundo que habitamos, lo suficientemente porfiado como para insistir en su intento, y lo suficientemente aguerrido como para creer que su empeño le interesará a todos.

La historia contada en El campeón ha vuelto (Duomo Ediciones, 2016), el nuevo libro de J.R. Moehringer (Nueva York, 1964), bajo la traducción de Juanjo Estrella, confirma no solo que un buen periodista narrativo ha de ser un gran arquitecto de la prosa que maneja, sino que, sobre todo, tiene algo extraordinario que revelarnos.

En 1997, Los Ángeles Times Magazine, la revista donde trabajaba Moehringer le encomendó un reportaje sobre Bob Satterfield, un boxeador de la categoría de pesos pesados que peleó entre 1945 y 1957, uno de los mejores noqueadores de todos los tiempos, al que se le había perdido el rastro y nada se sabía sobre su particular existencia. Tenía así, sobre la mesa de su oficina, la posibilidad de realizar un buen trabajo de investigación periodística y aspirar a contar una buena historia para todo el mundo, una oportunidad que, de ninguna de las maneras, iba a dejar escapar.

Desde el primer momento, Moehringer supo que lo que iba a contar sería bien distinto a lo que le encargaron, sería la historia que él querría contar, se le iría el alma en ello, máxime cuando estaba convencido de que la historia de un boxeador apela, como subraya en el prólogo del libro, a la creencia de que la vida es igualmente una pelea sangrienta y descarnada. La suya, como escritor, también lo iba a ser.

Las pesquisas del reportero le llevarían a conocer a un ser estrafalario en un albergue que dice ser El Campeón, que estuvo a punto de convertirse en alguien importante en el mundo del cuadrilátero, y que combatió con nombres míticos como Rocky Marciano o Jake LaMotta. Con él mantiene diversos encuentros y no tiene duda de que es el personaje que está buscando, a pesar de que le soplen desde la redacción de la revista que podría no serlo, y a pesar de que él mismo percibe en esas conversaciones que uno de los elementos básicos de la trama del boxeo es la mentira y esa arrogancia que se da, irremisiblemente, fuera del ring.

El campeón ha vuelto es una crónica novelada intensa sobre el misterio que envuelve a todo hombre, incluso a los impostores. La vida, como decía Joyce Carol Oates en Del boxeo (1987), es una metáfora del boxeo, golpes errados, golpes recibidos y propiciados al adversario, para darte cuenta más tarde de que el verdadero adversario es uno mismo. La vida es como el boxeo, nos exhorta a luchar y, viendo cómo lo hacen los púgiles en el cuadrilátero, aprendemos a atisbar lo duro que es encajar sus golpes.

J.R. Moehringer firma una estupenda novela corta de no ficción, que examina las condiciones de lucha que conlleva toda existencia, como la de Bob Satterfield, el personaje de esta historia, un boxeador curtido en victorias y derrotas, dispuesto a luchar en la estrechez de sus días y a encajar los suficientes e inesperados golpes de la vida, para seguir aguantando el tipo, para no caer ahora en el asfalto por donde deambula.


Leer un libro como este, tan conciso, conmovedor y fascinante, que va más allá del ring e indaga en lo que hay de verdad y de impostura en la vida, de arrojo y fragilidad, proporciona ese efecto tan propio y exclusivo de la buena literatura como es el dar a nuestra fatigada inteligencia una experiencia personal gozosa y perdurable en el tiempo.