miércoles, 1 de junio de 2016

El tiempo a trompicones

Medardo Fraile sostenía que su tarea como escritor no era más que la de contar bien una historia, sacrificando lo insólito a lo eficaz, también lo decía Borges, sin olvidarse ni un instante de una de las exigencias más genuinas y definitorias del cuento: la amenidad, el interés.

Los cuentos reunidos en Te espero dentro (Destino, 2014) escritos por Pedro Zarraluki (Barcelona, 1954) poseen ese germen de eficacia, deleite y atractivo del que hablaba el desaparecido maestro español del cuento, donde se acoplan el fondo y la forma como si fueran una misma cosa, un volumen rescatado de entre los libros pendientes apilados sobre mi escritorio, que traigo a esta bitácora después de concluir felizmente su lectura.

Tiene razón Muñoz Molina al afirmar que un libro se vuelve otro ligeramente distinto en la imaginación de cada lector, pero los relatos de Zarraluki no dan indicios a interpretaciones erróneas ni arbitrarias, como tampoco dan tregua al lector para distraerlo, sino que lo concitan hasta hacerlo sentirse atrapado por las historias del libro y por los seres que las ocupan, ávidos de sueños y escarmentados de la vida que llevan.

Los once relatos que componen la obra tienen de común denominador la vida anodina de los personajes que la habitan, dispuestos a romper el tedio cuando el azar les toca en suerte. Sus protagonistas solo aceptarán el cambio al enfrentarse a una necesidad concreta y reconocerán la dicha cuando encarnen una crisis. El autor, por lo que cuenta al final del libro en los agradecimientos, da pie a pensar que casi todo lo que cuenta lo ha vivido, presenciado o sentido de alguna manera, de tal forma que, al estudiar a sus personajes, el lector concluye una vez perfilados que estos parecen surgir desde la propia experiencia de su creador.

En el primer cuento, Con los ojos cerrados, el transcurso del tiempo hace posible que un padre divorciado encuentre el goce del cariño de su hija, en un instante crucial de su vida donde nada parece importante.

En la siguiente historia, una joven compulsiva llamada Sonia ahoga sus frustraciones tomando leche condensada a todas horas, una tarea que no cesa de comprometer a su novio y a todos los que están a su alrededor.

La historia en un rincón es un cuento estremecedor en donde la memoria del desastre de Nagasaki irrumpe entre postales en blanco y negro mezcladas con otras de artistas de Hollywood. Una anciana examina una de ellas y se sorprende al descubrir la imagen altiva de su abuela entre las personas que están en dicha postal.

El relato Yo sé que están buscando a un loco es una historia de dos gemelos de distinto sexo que se encuentran en la encrucijada de la pubertad. Tanto a él como a ella, el destino les brindará la oportunidad de sentirse mayores.

La elipsis se introduce inopinadamente en la vida de la protagonista de Teoría del saltamontes, una mujer solitaria y analfabeta que lleva una vida insulsa y menesterosa en una aldea donde apenas queda vecino alrededor.

Los dos mejores cuentos de la serie están al final: Ahora mismo estamos siempre vivos y el que cierra con el mismo título del libro, Te espero dentro. El primero de ellos, el de mayor reminiscencia literaria, encierra todo un alegato a la rebeldía como única forma de sobrevivir y el último de la colección acapara los secretos y humillaciones de la vida de dos hermanos en torno al jardín de la casa de sus ascendientes donde los reúne el padre junto a su esposa ya desmemoriada.

La intensidad del sufrimiento de los personajes que conforman el libro llega a sobrecogernos, pero a ninguno de los cuentos les faltan estas tres constantes: ternura, sencillez y humor. Sus personajes son seres desgraciados y sensibles que tratan mayormente de sobreponerse a sus destinos, que no rehúyen de propiciar situaciones humorísticas y tiernas como respuestas insólitas a sus sueños truncados. Muchos finales, después de que el cuento haya acumulado la tensión requerida, resoplan como si la tirantez sobrellevada pidiera a grito un instante de calma y remanso, algo previsto por su autor para evitar el desastre, pero no la incertidumbre del desenlace.

Te espero dentro son cuentos de la vida privada por donde transitan personajes condicionados por las muecas del destino y, al mismo tiempo, supeditados a lo que aspiran ser o de lo que pretenden resarcirse a trompicones.


Zarraluki es un cuentista solvente y eficaz, como ya dejó muestras de su buen oficio con Humor pródigo (2007), su anterior recopilación de cuentos. Al estilo del barcelonés, conciso y depurado, le sienta bien ajustado este género tan exigente, y aunque, a nuestro entender, no nos cuente nada asombroso, ni demasiado revelador, sus historias, en conjunto, emocionan y se sostienen vigorosas, gracias a su eficacia narrativa, a su elegancia y a su lustre estilístico sobresaliente.