lunes, 26 de septiembre de 2016

Las sombras y la memoria

En una de las necrológicas, de las muchas que se sucedieron tras la muerte de Adelaida García Morales (Badajoz, 1945 – Sevilla, 2014), aparecida en Diario de Sevilla se puede leer: “En la habitación del hogar de Dos Hermanas donde pasó sus últimos años había numerosas cajas de libros apiladas, testigos de amor por la lectura de esta mujer que admiraba a las autoras anglosajonas de finales del XIX, y, entre las españolas, a Cristina Fernández Cubas, Josefina Aldecoa y Carmen Martín Gaite. Su salud se resintió y ya había renunciado a escribir. Lamentaba que los últimos libros que publicó, acuciada por los problemas económicos, tal vez no estaban a la altura de su exigencia literaria. Vivía bastante recluida y se refugió en el cine, que fue otra de sus pasiones”.

La irrupción de la escritora extremeña en el panorama narrativo español tuvo un extraño inicio, ya que su opera prima fue antes conocida a través de una adaptación cinematográfica que el texto literario que la había originado. El sur se convertiría en un mito para los cinéfilos. La película fue concebida por Victor Erice, un director tan singular y tan enigmático como la propia creadora de la novela, como una reinterpretación también muy personal de un mundo que poseía otras dimensiones, tal como se pudo comprobar tan pronto como se publicó la bellísima novela corta en la que había basado su guion. Al poco tiempo, tras la auténtica revelación de El Sur seguido de Bene (1985), obtuvo mayor resonancia literaria con su novela El silencio de las sirenas (1985), que obtuvo el galardón del Herralde, un premio que la consagró como referente narrativo de la literatura española del momento y como escritora de culto. ¿Y qué aconteció después? ¿Qué fue de ella?

Para contestar a estas dos preguntas y para desvelarnos el misterio de su desaparición física y literaria llega Los últimos días de Adelaida García Morales (Random House, 2016), una novela documental que pone luz a las sombras y a la memoria de esta artista olvidada que en los últimos días de su azarosa existencia anduvo desesperada y ajena a la realidad que el destino le deparó.

Elvira Navarro (Huelva, 1978) tiene claro qué es lo que le motivó a escribir este libro. La idea de rescatar del olvido la fatalidad de la vida de una escritora estupenda que, al final de su esplendor literario, vivió una vida convertida, más en un personaje solitario y penoso, arrastrado por sus fantasmas del pasado, y que ya de por sí contiene suficiente material narrativo para un empeño literario seductor; pero lo que más le ha interesado a la escritora andaluza ha sido precisamente subvertir estas vivencias personales de una mujer acabada y convertirlas en una reflexión moral sobre la memoria y el olvido.

Navarro recurre a un triste episodio protagonizado por Adelaida García Morales para montar su artefacto literario. El hecho se remonta a unos correos que le envía su amiga Rosario Izquierdo, a quien le dedica el libro, en los que le cuenta lo sucedido en unas dependencias de la Delegación de Cultura en el Ayuntamiento de Dos Hermanas cuando la autora de El Sur acudió para pedir cincuenta euros porque necesitaba ir a ver a su hijo que residía en Madrid. La revelación de esta penosa anécdota, según cuenta Elvira Navarro en una entrevista, derivaría en un relato que acabó convirtiéndose en una pieza literaria más ambiciosa.

Los últimos días de Adelaida García Morales no es una crónica sentimental, lo que propone su creadora es un documental narrativo ajustado a la vida de una mujer enigmática y oculta que arrastra una depresión clamorosa. La novela propone dos tramas que se entretejen: de un lado la que protagoniza en la ficción la concejala de Cultura con la desaparecida escritora, y de otro, la llevada a cabo por una emergente realizadora que proyecta un documental sobre Adelaida desde la perspectiva de diversos testigos del entorno de su vida, incluyendo al psiquiatra que la estaba tratando.

Este es un libro reivindicativo sobre el mito de una mujer, escrito desde la contención narrativa y exigente de un relato que exprime con naturalidad una versión documental ficcionada de la vida de esta escritora nada convencional y de aspecto tan lorquiano que, a su vez, posee todas las mimbres literarias para convertirse en un personaje de su propia literatura. Navarro extrae con maestría ese juego literario al que se presta la figura, sin medrar en exponer a la vista del lector la notoria singularidad de su personaje, alguien tan sufrido y receloso de la gente, así como de todo lo que la rodea: alguien tan tímido y esquivo, y autoexcluído de todo y de todos, incluso de las instituciones públicas tan atareadas y distantes de la pesadumbre del ciudadano.

Leer un libro sobre la desaparición de un artista olvidado, como este que acaba de escribir Elvira Navarro, tan conciso y conmovedor, es también otra ocasión más para corroborar la difícil tarea que supone vivir y sobreponerse a los golpes recibidos hasta fajarse como un púgil entrenado, incluso, a sabiendas de la dificultad que entraña mantenerse tan solo en pie sobre la lona de la vida.