miércoles, 8 de febrero de 2017

Efímeras existencias

Al igual que sucede con el cine, una obra literaria contiene numerosos efectos especiales (recursos narrativos y estilísticos) que un lector avezado detecta y aprecia. El lector curioso que se acerca a un libro de microrrelatos se pone en la misma posición que hace un buen aficionado al cine cuando se sienta frente a una pantalla a ver unos pases de cortometrajes: la concentración y el detalle sobre la acción filmada del espectador y el libro que toma entre sus manos el lector, conformarán toda una tarea para no perderse ningún detalle del guion ni de la historia narrada y, además, ser capaz de interpretarla.

Como bien dice Juan Pedro Aparicio, veterano escritor y consumado entusiasta del género breve, el microrrelato está sujeto a leyes distintas de las que gobiernan las otras formas literarias. Se diferencia del cuento clásico no sólo en el tamaño y la concisión, sino, sobre todo, en su naturaleza elíptica, que es lo que verdaderamente conforma su esencia. En el microrrelato lo que se sugiere y presupone, lo que se calla y no se nombra, tienen mayor resonancia que lo que se dice o se muestra a los ojos del lector.

Ginés S. Cutillas (Valencia, 1973), como buen teórico del género, hace acopio en su libro Lo bueno, si breve, etc. Decálogo práctico del microrrelato (2016) de todas las particularidades que caracterizan toda la narrativa breve, un género que, en estos momentos, parece recobrar mayor auge creativo, como se aprecia en el incremento de publicaciones de autores curtidos en el cuento, así como en las nuevas voces afines al género chico que están surgiendo y que animan el panorama, en gran parte, por la amplitud de su eco en las redes sociales. Ahora, al poco tiempo de la publicación de este más que interesante manual, Cutillas presenta un segundo volumen de microrrelatos, Vosotros, los muertos (Cuadernos del Vigía, 2016), que contiene cincuenta y ocho miniaturas literarias cuyo tema central gira en torno a la paradoja de la muerte en todas sus variantes: desde la aniquilación sentimental y mundana, el fallecimiento común y la pérdida de algún familiar, hasta el crimen atroz e impredecible de seres anónimos y extraños. Si en Un koala en el armario (2010), su primer volumen, la temática era de índole variada y menos constreñida, digamos más desinhibida, en esta nueva colección de microrrelatos, el valenciano centra, fija y apura sus historias, casi al completo, sobre el lado escabroso de la muerte y sus oscuras confluencias.

Los personajes desfilan por estas ficciones, casi de perfil, como la escritura jeroglífica, se aturden, se extrañan y emprenden acciones insólitas que sobrepasan lo esperado. El lector asiste a un entorno mortuorio que capta las extrañezas de los vivos y la fantasmagoría de los muertos. La piedra sepulcral, la arrogancia de la muerte y los nombres de quienes la suscriben conforman las escalofriantes historias de las voces de estos muertos. Aquí subyacen malentendidos en los nombres, familias que se deshacen de sus miembros con asombrosa naturalidad, gente que sin conocerse de nada saben los nombres de quienes acaban de encontrarse, seres confundidos en el habla, vivos sepultados que piden amparo, soldados muertos de miedo que batallan con chaquetas color de sangre, una máscara que otorga invisibilidad, el miedo de descubrir la respuesta a una inquietante pregunta a través del buscador de internet, la parca que se refleja en el grifo del cuarto de baño, la venganza de un grupo de desalmados divorciados sobre el mítico Cupido, las voces de nuestros desaparecidos, la vida como desdoblamiento, un vecindario del que desaparecen las puertas, la escalofriante puesta de largo de una joven, la aparición insólita de unas imponentes piernas de mujer en la pared de una casa, gente, en definitiva, desubicada, que trata de sortear la muerte mientras otros se desviven en convocarla...

Vosotros, los muertos es un arsenal de pequeñas historias, intensas y lapidarias, perversas y espeluznantes, salpimentadas con un humor muy negro, de las que el lector sale sobrecogido y con una mueca inquietante y una sonrisa en los labios de carácter amargo.

Cutillas ha reunido una brillante colección de piezas narrativas engatilladas sobre la brevedad de un escalofrío. Cada título es un enigma que sumerge al lector en la incertidumbre. Algunos dan indicios de lo que viene, otros sólo equívocos, la mayoría, eso sí, ocultan su misterio.

Uno termina la lectura de estas historias con la sensación de haber asistido a una convocatoria próximo al espíritu de las narraciones extraordinarias de Poe, al espectro mortuorio de Lovecraft, a los crímenes ejemplares de Max Aub o a los relatos sobrecogedores e insólitos de Roald Dahl.


Vosotros, los muertos tiene esas resonancias y ese hormigueo propio de lo fantástico, un libro nada amable y bastante inconformista alrededor de la muerte. De lectura muy recomendable.