lunes, 7 de mayo de 2018

Entre pensar y poetizar


No es fácil hablar de Antonio Machado sin hablar de nosotros mismos. A Machado muchos lo entendemos como un poeta de vida. Reconocemos sus versos aunque los leyéramos hace décadas, en el colegio, en el instituto o después más tarde, en nuestro hogar. Hemos leído al poeta porque era lectura obligada entonces, aunque después, de manera espontánea, nos hemos obligado a leerlo para nosotros mismos, buscando unas respuestas que necesitábamos. Y cada vez que hemos acudido a sus páginas, hemos sentido su presencia seria, ensimismada y elocuente, tan cerca de nosotros que notamos que el poeta jamás se ausenta de sus poemas y, aún menos, del lector al que interpela constantemente.

En una de las entradas de sus diarios, el narrador, poeta y ensayista Juan Malpartida (Málaga, 1956) sostiene, acudiendo al abrigo del poeta sevillano, que “la literatura es algo que va de mano en mano, un manoseo de lo uno por lo otro. Es cierto que toda literatura es un testimonio de la vida, lo que quiere decir que es un testigo que se pasa a otro […], un ir de lo uno a lo otro, como Antonio Machado supo ver con tanta lucidez”. Tal vez Machado siempre tuvo ese saber interior de sentirse un ser cósmico, además de humano, que nunca deja de estar presente en toda su obra. De ahí que Juan de Mairena y su maestro Abel Martín, sus otros alter ego, signifiquen una suerte de personajes filosóficos en ese comprender de la vida, entre el pensamiento analítico y literario que inciden en la forma que el poeta tiende a descifrarnos su manera de entrever el mundo. Machado cuando filosofa acaba creando poesía desde ese discurrir que le otorga la palabra. Y no solo eso, sino que cada poema suyo tiene su propia metafísica.

En Antonio Machado. Vida y pensamiento de un poeta (Fórcola, 2018), Malpartida retorna al llamado del autor de Soledades y Campos de Castilla no solo para rendirle un tributo de admiración, sino como una tentativa ensayística que aúne su vida y su obra pensada desde el lado filosófico y metafísico que el poeta siempre incrustó en sus versos. En esta ocasión, el lector se va a encontrar a un Machado más allá de lo consabido, merodeando por la esencia de su pensamiento más profundo y reflexivo, volcado en buscar argumentos y respuestas al ser que fluye en el discurrir del tiempo, al hombre que indaga en ese saber de sentirse un hombre universal y no solo íntimo.

Las obsesiones y preocupaciones del poeta fluirán por estas páginas, y, para los que lo hemos leído con devoción y entusiasmo, Juan Malpartida nos reserva un nuevo encuentro con ese compañero eterno con el que hemos congeniado en muchas ocasiones, pleno de honradez, inteligencia, bondad y sensibilidad, para seguir su estela a través de la controversia del tiempo y la madurez del razonamiento de su lenguaje y de sus epifanías. Las palabras sirven, en su versión más machadiana, para entenderlas y para entendernos. Esa es la misión indiscutible de este libro, que, en rigor, no se trata de una biografía, y que como bien dice su autor ya existen algunas muy buenas, sino que propone un estudio, como diría Octavio Paz, de la esencia del tiempo en Machado: “somos tiempo –decía el poeta mexicano– y no podemos substraernos a su dominio. Podemos transfigurarlo, no negarlo ni destruirlo”. De igual manera, el libro de Malpartida incide en la otra vertiente acuciante en la vida del poeta: el amor como respuesta, por ser tiempo y estar hecho de tiempo. Por otro lado, a la única aspiración que aboga el libro, en palabras de su autor, es “hacer vislumbrar a un Machado que aún pueda inquietarnos y enseñarnos a pensar y a sentir”.

Para Malpartida, Machado ha sido el poeta español más cercano a la filosofía y que a su vez más firmemente ha vivido la lírica desde ese rango metafísico. Esa originalidad reflexiva y personal parte de su interés por Kant y Bergson, los dos pensadores europeos que más le influyeron, a los que habría que añadir la amistad y admiración que el poeta mantuvo en vida con Ortega y Unamuno. Juan de Mairena aconsejaba a sus alumnos leer a Kant, como necesidad de reconocerse dentro de sí mismo, en las emociones, más que la importancia de estar pendientes de lo que sucede fuera de uno mismo.

Este es un libro denso y profundo sobre la esencia vital de uno de los poetas más importantes de nuestras letras, y pese a su brevedad, es un texto jugoso y ávido de verdad, que invita permanentemente al subrayado. Se puede afirmar en palabras de su biógrafo que es el poeta más coherente de su generación cuando nos dice que “pensar es afirmar el tú”.

Ninguna de estas consideraciones le queda grande a este ensayo, porque Malpartida es inteligente sin tener que apresurarse a ello para demostrarlo, es original sin acudir al rebuscamiento y dice cosas nuevas de la poética de Machado, pero haciéndolas pasar por viejas. Y ahí radica, en verdad, lo bueno de este libro.