lunes, 19 de agosto de 2019

Los ecos de las raíces


La literatura había dado forma a mi vida casi tanto como las condiciones políticas y económicas de mi época. Sólo que antes yo no me daba cuenta... Me fui no sólo porque no encontraba trabajo o porque la presión política era severa, sino porque el hombre que se va, que quema las naves, es alguien muy común. Como aquel que vuelve o aquel que no olvida... A mis veinticinco años, cuando me pregunté cómo viviría mi vida, la respuesta fue «yéndome». A los sesenta y siete la pregunta volvió. ¿Cómo viviría la vida que me quedaba? Y la respuesta era, cada vez con más frecuencia, «volviendo»... A veces tengo la impresión de que la vejez tiene un sentido: que alcancemos a arrepentirnos de lo que hicimos y no hicimos en la juventud”.

En estas líneas que antecede, Theodor Kallifatides (Malaoi, Grecia, 1938) recoge el sentido de su existencia y el espíritu que le impulsa a escribir su nuevo libro, publicado recientemente en nuestro país, Otra vida por vivir (Galaxia Gutenberg, 2019), traducido del griego moderno bajo el cuidado de Selma Ancira, un título acorde con la idea original de desatar la escritura en un periodo de desazón y melancolía, de remanso vital prolongado y anodino al que le confinó su sequía creativa. Nada conocido en España, Kallifatides, en cambio, es un autor muy reconocido en Suecia, donde emigró muy joven huyendo de la dictadura de los coroneles. Allí se estableció, se casó y se dedicó por entero a la literatura. Ha publicado más de cuarenta libros de ficción, ensayo y poesía, que han sido traducidos a varios idiomas.

Pese a su gran producción literaria, a los setenta y siete años su imaginación, la memoria y ese proceso indagatorio que supone la tarea persistente de escribir, entra en crisis, como él mismo revela en el libro. Todo parece que se evade, y la página en blanco le obsesiona hasta casi la ofuscación. A esta situación de vacío se une el giro dramático de los parabienes socialdemócratas extendidos por la Europa del último tercio del siglo XX, que parecen resentirse, tanto en el estado del bienestar como en los movimientos migratorios, un declive desatado con mayor virulencia en su Grecia natal.

Estas circunstancias adversas forman el origen de Otra forma de vivir, un libro emotivo que vuelve su mirada a la tierra y al idioma de su autor, un texto repleto de evocaciones, semblanzas y sentimientos reencontrados. El espíritu de Kallifatides evidencia no solo lo que refleja, sino lo que pone de sí mismo: la manera en que mira a sus paisanos por las calles de Atenas, lo que escarba en su memoria, lo que palpa en la realidad presente. Viene a decirnos que somos, en verdad, metafísicos, que no vivimos en la tierra, sino en nuestras quimeras, en las tradiciones que se pasan de una generación a otra, en las conversaciones, en las palabras. Y que todo esto está por encima de los ciclos económicos. La vida termina y al mismo tiempo sigue, transcribe el narrador. Por eso sostiene que hay que añadirle algo más a la vida cotidiana para comprenderla, incluso, cuando nos encontremos, como le ocurre a él, próximos a la muerte.

En este pequeño libro confesional, de profunda meditación y sencillez literaria, subyace la Literatura con mayúscula, no esa que nos adormece, sino la que nos despierta, la que nos moviliza y nos pone en vigilia. Aquí traspasa una lectura que es, a su vez, soledad y conversación, en la que el lector conecta con un escritor plantado frente sí mismo y ante su memoria, que mira consternado el mundo y observa, a lo largo de sus vivencias literarias y personales, ese lado humano que le exige respuestas y sentido crítico.

Para contarnos todo esto, Kallifatides encuentra el tono propicio que andaba buscando de nuevo en su quehacer literario, y va fijando su mirada en la Grecia de ahora, devastada por la crisis económica, al tiempo que también nos muestra no solo el amor por su lengua, sino igualmente por el espíritu vivo y duradero de la épica de Homero. En Otra vida por vivir se refleja la condición de un inmigrante veterano, la de un escritor de la diáspora griega que adoptó otro idioma de forma azarosa y que ahora, como una suerte de epifanía, lo lleva a volver a sus orígenes, a su lengua madre, para contarnos lo paradójico de la vida que tiene tanto que ver con la literatura.

Este es un libro hermoso y afectivo que confirma lo que se espera de todo hallazgo literario, que las palabras sean el verdadero germen que pone valor y sentido a la obra escrita. Uno, al concluir la lectura, siente ese efecto, que tiene que ver no solo con estar inmerso en su verdad literaria, sino con ser partícipe de la misma. Para no perdérselo.


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