Todo esto ocurre en Majareta (Seix Barral, 2026), la más reciente novela de Juan Manuel Gil (Almería, 1979), en la que las múltiples voces que se dan cita entrecruzan sus perspectivas, controversias y dimes y diretes sobre el personaje conocido como ‘El conserje’, y llevarnos en volandas por atajos contradictorios para saber lo que realmente ocurrió o dejó de ocurrir en su vida. Por eso mismo la lectura de este libro es tan divertida y emocionante, por su ritmo narrativo trepidante, pero también, y sobre todo, por la intervención de personajes tan variopintos que van conformando un mural continuado y descriptivo de las peripecias vitales y del quehacer de sus lugareños. Cada verdad expuesta por aquí parece estar apoyada en otras no dichas, sustentadas, matizadas o modificadas por otras posteriores, según su interlocutor.
Juan Manuel Gil confirma en esta obra su singularidad como narrador dejando paso a los vaivenes sin filtros de sus personajes, con humor manifiesto, humanidad, curiosidad y detallismo, mediante una prosa diáfana y aguda que hacen de su lectura una amena experiencia, sin menoscabo de deambular sobre una oscura realidad: la caída en desgracia del conserje, debido a un delito no del todo claro. Entre todos, bajo el caleidoscopio de miradas y voces que pueblan la novela, destaca la voz de ‘El amigo necesario del autor’ que trata de poner cordura a lo acaecido con Leo Aldama, el conserje, y lo que dicen de él sus paisanos: “Yo creo que la historia de ese hombre habla más de la gente del barrio que de él mismo. Y añade: “Me da la sensación de que para que todos entendamos lo ocurrido es necesario que cada uno cuente su parte. [...] Cada uno su cristal, y entre todos, una vidriera”.
Y como suele suceder con los enigmas bien narrados, casi toda la luz queda prescrita para el final. Así lo viene a decir el personaje amigo del autor que entiende que la literatura para el escritor esté concebida “para rellenar vacíos, para conectar lo disperso, para invocar lo olvidado”. El relato, por tanto, se erige en una suma de voces, prejuicios, testimonios y chismes que van de un lado a otro, deformando y, a la vez, alumbrando aspectos del personaje principal: el Majareta, o sea el conserje. En el fondo de toda la novela lo que importa no es solo lo que pasó, sino cómo se fabrica la reputación colectiva sobre alguien. Aquí en Majareta, el protagonista queda en el centro de la historia, sin controlar lo que se va dilucidando en el ambiente sobre su propia persona. Son los demás quienes hablan por él, cada uno a su aire.
Majareta es la sexta novela de Juan Manuel Gil, y a mi parecer la mejor de su repertorio narrativo, con una estructura jugosamente viva. Destaca su humor, su oralidad y su estructura, tal vez esto último sea lo que hace al libro tan chispeante, vertiginoso y audaz. Diría, para acabar, que esta novela refrenda esa idea genuina con la que nos sentimos identificados muchos lectores: los libros son personas, o no son nada. Y eso aquí se halla reflejado con nitidez y mucho oficio.


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