jueves, 3 de abril de 2014

Escribir "divinanzas"


Decía Arthur Schnitzler, neurólogo y escritor austriaco, que en el corazón de todo aforismo, por nuevo o paradójico que finja ser, late una verdad ancestral. Acabo de leer y releer Silencios escogidos (La Veleta, 2013) de José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963), un libro con vocación de profundizar en ese silencio callado que nos habla a base de aforismos, donde laten verdades ancestrales, como las que define el aforista citado. Y me he acordado del escritor vienés leyendo esta colección de divinanzas, como le gusta nombrar a sus aforismos el poeta jerezano, porque todas las enormes minucias que encierran esta pequeña obra son de una agudeza extraordinaria. El aforismo es un género que está muy de moda ahora, aunque Mateos lleva tiempo inmerso en este capítulo literario. Con La razón y otras dudas (2007) ya se estrenó con estas epifanías y dejó muestras de su dominio en este terreno con las divinanzas de Juan Espectro y divinanzas del señor Liendres. Digo que el aforismo está en boga y buena parte de su popularidad está en Twitter que casi obliga a los tuiteros a escribir aforísticamente. Pero, aunque recurrente, es un género difícil, al alcance de pocos. Brillar en esta forma literaria queda reservado para escritores capaces de esculpir el pensamiento y labrarlo con precisión y brevedad. José Mateos es uno de los que lo hacen con maestría, sin agredir, con mimo y bondad.

Los aforismos de Silencios escogidos llevan dinamita filosófica y moral. Son cápsulas de pensamientos que no pretenden explotar, sino rearmar la conciencia del lector. Si tengo que destacar algo propio de este breviario aforístico es que en este espacio íntimo no cabe el fingimiento y eso lo sabe el poeta. Mateos sobrevuela sin ataduras de ninguna clase y desvela preguntas ocultas, muchas de ellas de rabiosa actualidad: Del poder solo se disfruta si se abusa del poder; La vida es desafío, y pierde quien solo se preocupa de ganar.

José Mateos rehuye de la ocurrencia y la bagatela, como advierte al inicio en la cita que hace de Edmund Husserl : Hay que tener ocurrencias, pero no hay que publicarlas. Porque el poeta gaditano lo que intenta es buscar la trascendencia a través de la máxima que rodea a todo misterio. Y se empeña en esa labor, como orfebre, puliendo y sacando brillo a esas palabras silenciosas que aguardan el milagro de mostrar sus secretos más profundos. Como poeta de la verdad, Mateos transita por sus divinanzas mostrándose realista e idealista, impresionista y expresionista al mismo tiempo. Con todo, su ámbito de contemplación se fija en el individuo inmerso en la vida para insuflarle aliento, sin acritud, con sutileza y ternura.

Silencios escogidos es un libro inagotable y hermoso que confirma a su autor como un extraordinario escritor del género breve, que interroga al lector para que desconfíe, sobre todo, de las palabras: Nos engañan las palabras, son ellas las que nos escriben, como nos viene a decir, quizá más prosaico, Juan José Millás: El lenguaje no está en nuestra mano, sino nosotros en la suya.

Porque todo aforismo es... más de lo que es, Silencios escogidos es también un libro que dice más de lo que dice, con tan poco escrito, que a veces conmueve: Lo profundo comienza en la piel; otras veces, alerta: Las respuestas responden, pero solo las preguntas revelan; en ocasiones habla de Dios: Si no existiera el hombre, ¿Dios de qué sería Dios?; que tiene momentos para la poesía: Todos los poemas posibles están escritos dentro de cada lector, el poeta solo se los despierta; y que ahonda en la vida y la muerte: El tiempo nos va empujando a ser padres en la vida e hijos en la muerte.

José Mateos ha escrito un magnífico libro de casi 400 aforismos (contando los que dedica en el prólogo al oficio de aforista), perlas brillantes que nos hacen pensar sobre las verdades profundas de la vida: el amor, la muerte, el hombre, el destino..., con una dimensión estética propia de poeta letraherido y sentido como él. Cuando cae en tus manos un buen libro, como lo es Silencios escogidos, sabes que tuviste la suerte de tocar con los dedos un pequeño tesoro que invita a volverlo abrir más veces para comprobar, con gozo, la plusvalía de su literatura.