lunes, 28 de abril de 2014

Un vodevil gamberro


Dice la Real Academia que el vodevil es una comedia frívola, ligera y picante que contiene una historia en la que no falta la intriga y el equívoco. Con estos ingredientes significativos, el escritor vasco Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) compone Ávidas pretensiones (Seix Barral), ganadora del Premio Biblioteca Breve 2014, una novela divertida que transita por la sátira literaria y que vindica el humor como fuente y tradición de nuestras letras.

Aramburu traza una parodia del mundo literario en el que los personajes desvarían y medran entre ellos estrepitosamente, movidos por la vanidad reinante en el parnaso de sus egos. Ávidas pretensiones es una historia que tiene por escenario el convento de las Espinosas, enclavado en el pueblo de Morilla del Pinar donde se celebran las III Jornadas Poéticas durante tres días. Un encuentro que albergará a una treintena de poetas de lo más variado del panorama lírico español ávidos de gloria, que darán mucho juego humorístico y protagonizarán una comedia de enredos jugosa en rivalidades y celos, algo propio del oficio poético. Todos los personajes desfilan por el entramado narrativo afectados por graves dramas personales, que le llegan al lector, a través de la voz de un narrador saboteador que trata de desmitificar a este gremio literario a base de mordacidad. Aramburu añade picaresca al asunto valiéndose de toda clase de tretas y artimañas, utilizando a unos y a otros para que cuenten sus penas, pero con una voz que no los toma en serio, como tampoco se toma en serio ni el lenguaje ni el género narrativo. Sin embargo, la prosa irreverente exhibida es uno de los puntos fuertes de la novela, un festín estilístico por su inventiva y gracia. En algunas de las entrevistas que mantuvo el autor donostiarra con la crítica escrita, insistía éste que Ávidas pretensiones no es una novela que tiene por objeto parodiar a nadie sino que su fin es describir la naturaleza humana.

Ávidas pretensiones es una novela coral, con un narrador omnisciente que sobresale para descarnar a todos los participantes del desquiciado congreso, con una finalidad meridiana de que el lector se introduzca en los delirios y ensoñaciones de la “poetada”, como denomina la novela al elenco de artistas que asiste a estas jornadas literarias. El alcance de estos encuentros destapará las miserias de muchos de sus protagonistas y pondrá a la vista de todos los disparates de tantos esterotipos engreidos y petulantes de su gloria que se hospedan en el meritorio refugio. Un lugar que trae a la memoria pasajes equidistantes entre El Lazarillo de Tormes y Los Sueños de Quevedo. Hay de todo, como en botica, desde bellas promesas líricas a rijosos amantes, lesbianas militantes y entregadas a la causa poética, hasta viejos majaras o furtivos suicidas.


Fernando Aramburu ha escrito una novela extensa, quizá este exceso se cobre su debilitamiento en la tensión narrativa, pero que nada resta al gozo literario que ofrece su lectura, con una prosa soberbia y brillante que detenta su maestria, como pocos, en este vodevil gamberro e hilarante a chorreones.